JUEVES FLAMENCOS 2010. RAFAEL ESTÉVEZ & FUENSANTA
LA MONETA
Simbiosis
Silvia Calado. Sevilla, 28 de enero de 2010
Galería de fotos. Rafael
Estévez & Fuensanta la Moneta, por Daniel Muñoz
Rafael Estévez &
Fuensanta la Moneta: baile, coreografía.
Miguel Iglesias, Paco Iglesias: guitarras, música.
Miguel Lavis, El Galli: cante. Patricia Guerrero, Eduardo
Leal: palmas, compás. Jueves Flamencos Cajasol 2010.
Sala Joaquín Turina. Sevilla, 28 de enero de 2010.
21:00 horas
Dice el diccionario que la simbiosis es
la “asociación de individuos animales o vegetales
de diferentes especies, sobre todo si los simbiontes sacan
provecho de la vida en común”. Así que
pongamos que Rafael Estévez y Fuensanta la Moneta
son simbiontes y que de la asociación que ambos bailaores
sellaron el pasado verano en el granadino Corral del Carbón
se están nutriendo recíprocamente. Ella se
lleva de él, como ya hicieron algunos y algunas,
la valentía de imaginar alternativas y de desestructurar
el molde partiendo de un hondo conocimiento y de un oído
nervioso. Él se lleva de ella la seguridad de que
aún queda una gota más de fuerza, ese saber
estar al límite sin descomponerse, ese darse sin
restricciones.
Verlos juntos en la sevillana Sala Joaquín
Turina fue apreciar ese trasvase de dones y, por supuesto,
degustar lo que cada uno es por sí mismo y en relación
con la escena, con el cante y con el toque. De eso va este
sencillo montaje que, sin embargo, da una vuelta de tuerca
al espectáculo de baile de pequeño formato
con doble protagonista. Lejos de ser el típico una-tú-una-yo-y-luego-los-dos,
aquí no hay miedo a romper los turnos, ni a hacerle
compás al compañero, ni a hilar unas piezas
con las otras, ni a pasar el tiempo que haga falta en escena.
No hay miedo, en general. Y eso es sólo positivo
para este arte que, parafraseando a Belén Maya, es
tan de islas.
Todo ello quedó plasmado en un continuo
bien atento a la curva de intensidades. El primer pico fue
el inicio mismo, unas alegrías a dos ligadas con
tonás, en el que se combinaron la fuerza y el matiz,
la velocidad y la quietud, el movimiento curvo y el cortante,
el gesto y el global corporal, diálogo y monólogos.
Y, al final, ella meció su drama por seguiriyas.
Otro punto álgido lo alcanzó Estévez
-que, recordemos, es la mitad de Dospormedio- en un originalísimo
solo por granaína-malagueñas, en el que forzó
a la guitarra de un inspiradísimo Iglesias a autoexplorarse
gota a gota, como poseída por las plásticas
ondas de sus manos y brazos. Después, fueron sus
pies los que se dejaron poseer por los caminos de las seis
cuerdas, haciendo música… sentado, de pie o
dentro de la caja de resonancia.
De aquellos ecos extrajo La Moneta los
impulsos para mover del derecho y del revés su bata
de cola, negra como todos sus vestidos de la noche. Danza
de ojos, de potencia fiera y de un personal escorzo que
cabe entre el estirarse hasta el cielo y el casi rozar el
suelo con las peinas. Y, al poco, volvió la curva
a ponerse de punta con unos tangos a dos de altísimo
voltaje. En el centro se encuentran bailaor y bailaora de
nuevo con bravura, que si un guiño a lo añejo,
que si un silencio meditado, golpes secos, caderas densas.
El gesto de unir bellamente las cabezas fue más que
simbólico. Podía haber acabado aquí
el espectáculo, pero aún quedaba respirar
por colombianas y, sobre todo, retarse a improvisar una
soleá… y acabar el uno en la silla del otro
con un fundido a negro.