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CD: Diego Amador
"Piano jondo"


Diego Amador
Biografía, discografía, RealAudio y comentarios de los lectores



 

FESTIVAL FLAMENCO MONT DE MARSAN 2007
DIEGO AMADOR/ ÁNGELES GABALDÓN

De lo jondo a la orilla

S.C. Mont de Marsan, 3 de julio de 2007

Las 24. Marco Vargas & Chloé Dauphin. Reseña, fotos y vídeo

Primera parte. ‘Piano jondo’. Diego Amador: piano. Antonio Coronel: batería. Chechu: contrabajo. Bobote, Torombo: compás/ Segunda parte. ‘Volantes de jondura’. Ángeles Gabaldón: baile. Juan de los Reyes: baile. Juan Reina, Miguel Rosendo: cante. Rafael Rodríguez: guitarra. 19º Festival Flamenco de Mont de Marsan. Café Cantante de la Place Saint Roch. Mont de Marsan (Francia), 3 de julio de 2007. 19:30 horas


Diego Amador (Foto Daniel Muñoz)
 
   

El Café Cantante innova. Hasta ahora, su apuesta había sido clásica: binomios de cante, baile o toque en formato tradicional. Sin embargo, en su primera propuesta de esta decimonovena edición, abre las puertas al piano y, encima, en formación de trío, a la manera del jazz. Diego Amador, que el año pasado estuvo en este mismo escenario pero rodeado de sus hermanos y primos, quiso compartir el repertorio de su álbum ‘Piano jondo’ con el contrabajo de Chechu, con la batería de Antonio Coronel, con “el arte” de Bobote y Torombo... y con un público totalmente abierto al cambio. Aunque lo curioso es que es difícil encontrar tanta jondura incluso en un cuadro flamenco de toda la vida.

Diego Amador encontró hace años la piedra filosofal: la manera de rasguear con el piano, el modo de trasladar toda la esencia del toque a las blancas y negras. Y no necesita imitar, sino que además se expresa por medio de composiciones propias directas y próximas, riquísimas en ritmo y en sentir. Y la formación de trío no hace sino acrecentarlo. La sustitución del limitado cajón por la batería aporta amplitud, consistencia y diversidad tímbrica al acompañamiento. El contrabajo condensa el fondo, lo justo para que las melodías tracen a sus anchas. A lo que se suma el aporte del compás de las palmas de Bobote y Torombo cuando la bulería lanza su llamada. Sin olvidar, por supuesto, al cantaor... que es también el pianista que se esconde tras la brillante melena y tiene la maravillosa capacidad de acompañarse sus propios quejíos, clavándolos por partida doble. A veces, asoma Camarón, otras Tomatito, quizás algún viejo maestro de jazz, el espíritu de la descarga latina, el de la música abstracta... pero siempre, esa cosa indefinible que en flamenco se llama jondura.

 

Ángeles Gabladón (Foto Daniel Muñoz)
   

Juego de contrastes. Tras el cimbronazo energético de ‘Piano jondo’, las aguas se calmaron. Ángeles Gabaldón tiró de los referentes de la escuela sevillana para brindar un recital de baile en el que la templanza y la huida de la estridencia fueron protagonistas. Eso en lo referente a su parte, pues la pareja de baile que la acompañaba, Juan de los Reyes, se decantó por el polo opuesto. La bailaora, tanto en el taranto como en la guajira con abanico y, sobre todo, en las cantiñas con bata de cola jugó con el braceo, las manos y la estampa, todo hilado con delicadeza, con pausa, sin prisas. El ornamento, la estética... lo que es bálsamo, lo que no es espíritu. En el atrás, se quedó con lo mínimo, dos cantaores y la guitarra añejísima de Rafael Rodríguez, sobre la que recayó todo el peso musical de la actuación. Quizás demasiado poco para que la propuesta latiera. El pálpito casi que se reservó para la fiesta final por bulerías, en la que el guitarrista se metió en el bolsillo al respetable... Incluso a los aficionados que estaban fuera, en lo que se ha venido a llamar ‘Video cantante’, una carpa donde se retransmite en pantalla gigante el concierto por el módico precio de tres euros. Eso sí, tienen acceso directo al ambigú y a sus delicias españolas. Que si gazpacho, que si sangría, que si manzanilla... Esto sí que es pasión.

Espectáculo de calle: ‘Las 24. Cuando uno quiere y el otro no’
Marcos Vargas & Chloé Brule Dauphin. Place Saint Roch (18:30 horas)

Decenas de aficionados que aguardaban pacientemente la apertura de puertas del Café Cantante se vieron sorprendidos por el espectáculo de calle ‘Las 24. Cuando uno quiere y el otro no’. Luz natural, espacio público, cercanía casi táctil con la audiencia. Los bailaores Marco Vargas y Chloé Brule Dauphin, con un mínimo equipo (mesa-tablao, dos sillas, tablao y sonido para la música grabada), se libran del encorsetamiento del teatro para llevar su propuesta artística a pie de calle. En este caso, a la cubierta de láminas de madera que cada mañana es mercado de frutas y verduras. Y lo que logran transmitir, valiéndose de un riguroso trabajo con la danza, es la universal tormenta de sentimientos que recorre toda relación de pareja. La expresión de ambos bailaores -formados profesionalmente en compañías como La Cuadra de Sevilla o Compañía Javier Latorre- funde sin fisuras lo flamenco con lo contemporáneo, logrando extraer a su complejo diseño coreográfico toda la viveza y la energía precisa para ser comunicada. Atención que mañana y pasado repiten.


Las 24 (Foto Daniel Muñoz)

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