FESTIVAL FLAMENCO MONT
DE MARSAN 2007. JOSÉ MERCÉ,
‘LO QUE NO SE DA’
Y Francia no cantó ‘Aire’
S.C. Mont de Marsan, 4 de julio de 2007
‘Lo que no se da’. José
Mercé: cante. Moraíto: guitarra.
Keko Baldomero: segunda guitarra. Juan Parrilla: flauta.
Manolo Nieto: bajo. Marcelino Fernández: cajón,
coros. O’Hara Soto: coros, palmas. 19º Festival
Flamenco Mont de Marsan. Espace François Mitterrand.
Mont de Marsan (Francia), 4 de julio de 2007. 21 horas

José Mercé (Foto
Daniel Muñoz)
Aunque parezca mentira, José
Mercé anoche debutó. El cantaor tuvo
ante sí el reto de convencer a un auditorio plagado
de neófitos. Y se dio cuenta cuando pidió
que el público coreara ‘Al alba’...
y nadie se inmutó. Quizás nunca antes había
recibido ese silencio por respuesta al invitar a participar
al público. Si hubiera estado en territorio español,
apenas se le habría oído a él frente
a cerca de dos mil personas a coro. Allí es una
estrella, el cantaor que consiguió el imposible
de ser superventas con éxitos como ‘Aire’
o ‘Del amanecer’. Pero la industria discográfica
comete estos fallos. Y a José Mercé no lo
ha hecho internacional -ni siquiera europeo- como a Diego
el Cigala, que en esta misma plaza levantó al público
de sus asientos con ‘Lágrimas negras’
hace dos años. Así que el cantaor jerezano
tuvo que jugarlo todo a una carta, a la del cante por
derecho. Y aquí es lo que realmente hace palpitar
al aficionado cuando acude al festival. Cuanto más
por derecho, mejor. Por tanto, toda esa primera parte
de cante con guitarra fue la que en esta difícil
plaza de Mont de Marsan convenció a la audiencia
y consagró al artista.
José Mercé templó
la garganta por malagueñas. Atisbó el respetable
ya entonces la maravilla vocal que tenía ante sí.
Trae consigo el cantaor jerezano un algo ancestral, que
engrandece con su poder musical y escénico. Y Moraíto,
fiel escudero, alimentaba el prólogo invocando
lo que de telúrico tiene su toque. El cantaor se
despojó de la chaqueta, se secó el sudor,
se remangó. Algo grande se acercaba. “Debía
de haberme muerto, porque no supe sentir, y a mi corto
entendimiento, le agradezco yo el vivir”. Soleá.
El cante abre los poros. El cante penetra. El drama de
la existencia misma. Mercé lo asume. Y la guitarra...
sencilla, justa, dentro. Moraíto sabe el cómo,
el cuándo, el dónde. Entonces, la retahíla
de lecciones vitales... Una de fandangos. Los tercios
le hacen envalentonarse, romper la voz, apretar los puños.
Ya está listo para el momento culminante, para
la seguiriya. La sonanta recorre la dermis del auditorio.
Desde el delicado cosquilleo al punzante pellizco. El
cantaor lo espera mirando al cielo. Y entonces rompe a
cantar. La garganta se le ensancha. Arrastra el cante.
Se duele. El público apenas respira. Ha de esperar
a la falseta... La falseta. Y entonces respira.

Moraíto (Foto Daniel
Muñoz)
Comienza el asomo al pop, a la fórmula
de “flamenco legible” que a tantos ha enamorado...
al otro lado de los Pirineos. Entran el bajo eléctrico,
la flauta, el cajón, las palmas, los coros, la
segunda guitarra. Los focos de colores iluminan la escena
a la manera de los macro conciertos. Escoge el single
del último disco, ‘Lo que no se da’,
un temita sobre compás de alegrías. Pero
tan radical cambio necesita transición. Y deja
a Moraíto tocando la monumental rumba ‘Rocayisa’,
que dedica a los cantaores Pansequito y Aurora
Vargas. Qué tensión, qué intensidad...
en un solo toque, en una composición que es himno
de la historia reciente de la guitarra flamenca. Volvió
Mercé con brillante camisa. Y propuso interacción
con ‘Al alba’, la versión por bulerías
de la canción del cantautor español Luis
Eduardo Aute. No la hubo, pero él supo transmitir
y mostrar más tesituras. Moraíto toma las
riendas de la banda. “Un. dos”. Y el concierto
se va por tangos, con otro tema del nuevo disco. “Yo
seré siempre del sur, aunque no esté en
mi tierra”, dice la canción. ‘Aire’
tampoco tiene respuesta. Así que hay que volver
tras los pasos andados y llegar a ese punto en el que
se acabó el cante por seguiriyas. A la palabra
“bulerías” el público sí
reacciona. A la esencia, al compás, a la fiesta.
Ahora sí. El auditorio está vibrando, patea
el suelo, pide bis. Y José Mercé, el cantaor
jerezano, el pariente de Paco la Luz y de Sordera, insiste
por bulerías, insiste en la fiesta. Y abandona
el micro. Y hace que la gente baje corriendo de las gradas
altas para escucharlo. Y canta el “alianda”
de La
Paquera, tan querida aquí como en su tierra.
Y baila. Y goza. Francia no se sabe el ‘Aire’,
pero conoce a la perfección la esencia del flamenco.