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FESTIVAL DE ARTE FLAMENCO
DE MONT DE MARSAN 2003
Lebrija, Utrera, Alcalá y el mundo
Candela Olivo. Mont de Marsan (Francia), 3 de julio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
'Notas al pie': Javier Barón con Juan José
Amador y Pepe de Pura al cante, Javier Patino y Canito a la guitarra, Antonio
Coronel al cajón, Alexis al violín. 'Entre Lebrija y Utrera': Pepa
de Benito, Gaspar de Utrera e Inés Bacán con Antonio Moya a
la guitarra, Javier Vargas y Vicente Peña al compás. Café
Cantante Place Saint Roch. Mont de Marsan (Francia), 3 de julio de 2003. 19:30
horas.

Gaspar de Utrera, Inés Bacán y Pepa
de Benito
Utrera tomó asiento bien temprano en la ciudad landaise. Tomás
de Perrate, cantaor y guitarrista hijo de Perrate de Utrera, dio una charla sobre
el cante de su pueblo que se quedó más en lo autobiográfico
que en lo divulgativo. Una pregunta se quedaba en el aire: ¿qué
es lo que hace diferente al cante de Utrera? La respuesta vendría un rato
después contenida en la propia praxis, cuando Pepa de Benito, Gaspar
de Utrera e Inés Bacán tomaran el escenario de la Place Saint Roch.
El modo de dividir el compás para marcar los acentos (tatá tatá
tatá...), la parsimonia con la que el cante es dicho o la variada gama
de tonalidades con la que las melodías se dibujan son algunas de las pistas
que, magias y misterios aparte, dan cuerpo al marchamo del cante de las tierras
del bajo Guadalquivir sevillano. A ello se suma, entre otros rasgos, lo secundario
del profesionalismo, de ahí el doble valor del triple mano a mano.
Las dos mujeres se adelantaron para cantar una nana. La lentitud erizante,
el quejío hondo, el lamento primigenio. Y tras el prólogo, toma
las riendas Gaspar de Utrera. Con clavijero de palo y Morón en el pulgar,
Antonio Moya lo secundaba ceñido a los requerimientos de este modo de cantar.
Tientos, seguiriyas y ese aire de minas que enlaza con bulerías que hablan
de minas. La pena, lenta. El güisqui, "pa la humedá". A
la hermana de Pedro Bacán le pesa más si cabe el cante... denso,
espeso, meticulosamente masticado. Casi tan difícil de digerir, como inocente.
El ay de dolorosa le sale lentamente por los brazos. La guitarra, mínima.
Pepa de Benito, generosa de cariño, dice la flema del cante con una pizca
más de bravura... y de edad. La filosofía popular para la vida y
para el amor, en las coplas. "Tú te la das de saber y el saber no
te ha valío". La fiesta por bulerías junta al triunvirato justo
cuando sobrevuela la ciudad un caza de la cercana base aérea. Turno para
cada uno. Las nubes crujen, también las gargantas. Aire de corral. La pataíta
también gota a gota. Y la letrita improvisada de la de Benito: "Ahora
sí que estoy a gusto porque he venido este año aquí a Mont
de Marsan con personas de mi gusto".

Pepa de Benito
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Inés Bacán
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De Lebrija a Utrera... pasando por Alcalá. El triángulo estaba
trazado en la ciudad de los tres ríos y las muchas tormentas. Un viaje
espacial, pero también temporal y estilístico. Si el cante habría
de ser de atrás, el baile -sin perder el centro- había apuntado
hacia la contemporaneidad. Javier Barón presentaba en este festival en
el que nunca antes había actuado 'Notas al pie', un montaje de mediano
formato y elevada calidad en el que el baile (de creación) se muestra con
nitidez. Con los cantaores y el cajón a la izquierda, las tres cuerdas
a la derecha y Manuel
Soler arriba, el alcalareño comenzó el baile desde el no baile.
El desconcierto en el café cantante se masca. Pepe de Pura y Juan José
Amador se alternan en el cante, cada uno con su peculiar y bello metal. La bulería
se remete hasta transmutarse en soleá. Y entonces es cuando Javier
Barón retorna. El baile eminentemente estético, un tanto libre,
un mucho musical. Sin costuras visibles, irrumpe la seguiriya. Las notas salen
del pie, de las manos, del cuerpo... como un instrumento más. Las guitarras
armonizando delicadamente y el violín cortando a cuchillo. Luchando contra
el irrespetuoso murmullo de la audiencia, la música deriva hacia tangos.
Amador dice la letra con autoridad, alto, roto, y no poco esfuerzo. Espacio para
las caricias sonoras de Coronel que, de paso por tierras lebrijanas, aparece ya
en el mar, por alegrías. El baile no lineal, ocupando todos los espacios
y alguno más, personalísimo, cero efectista. Y todo con él
va in crescendo. El hacerse con el público es, pues, un constante
pedaleo... hasta que la comunicación cae por su propio peso. Un detalle:
las letras del último disco de Guadiana son ya parte del acervo colectivo.
El violín que coge la palabra, la guitarra que toma el testigo, Javier
Barón que viene a dar el máximo por bulerías. El regusto
de lo no previsible, de lo asimétrico. Explosión de sabor como sin
querer. El alarde virtuoso, para el que lo pueda ver. Ovación y levantá.
De menos a más. Menos es más. De atrás a alante. De alante
a arriba. De lo local a lo universal.

Javier Barón
revista@flamenco-world.com
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