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FESTIVAL DE ARTE FLAMENCO
DE MONT DE MARSAN 2003
Contra toda inclemencia
Candela Olivo. Mont de Marsan (Francia), 5 de julio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Caseta de Feria. 'Por lo bajini': Marchena al cante;
Jaime de los Santos a la guitarra; Patricia Baeza, Rocío Baeza, Marcos
Jiménez y Jesús Ortega al baile; con la colaboración del
Ballet Giralda. Fiesta en Triana. Familia Fernández. Curro Fernández,
Pepa Vargas, Bolita al cante; Antonio Moya y Eugenio Iglesias a la guitarra; Joselito
Fernández al baile. Cena de clausura. Hall de Nahuques. Mont de Marsan
(Francia), 5 de julio de 2003. 19:30 horas.

Familia Fernández
Cada una de las actuaciones del décimo quinto festival de Mont de Marsan
ha estado siendo precedida por una voz en off que recordaba que sin el trabajo
de iluminadores, técnicos de sonido, tramoyistas, decoradores, regidores...
(así como del público), la pervivencia de la cultura sería
inviable. La repetición de este mensaje tenía un por qué.
El gremio está de huelga en todo el país galo, reclamando una mejora
de sus condiciones laborales. Y ello ha provocado que festivales como el de Marsella,
en el que estaban programadas las actuaciones de María
Pagés y Dorantes, hayan sido suspendidos.
Que el Festival de Arte Flamenco de Mont de Marsan 2003 haya seguido adelante,
ha sido una loable deferencia de estos profesionales, que han querido respetar
la importancia que para toda la región de Las Landas -y más allá-
tiene esta cita con el género jondo. Tan sólo se reservaron la cena
fiesta de clausura para expresar su reivindicación. Y gracias tanto al
talante generoso y colaborador de los artistas llamados a poner el broche a estas
seis jornadas flamencas, como a la templanza y solidaridad de la organización,
las actuaciones previstas hubieron de ser acometidas sin sonido y sin iluminación.
Teniendo en cuenta la frialdad y las enormes dimensiones del espacio -tipo hangar-,
fue de quitarse el sombrero.
Cuando aún estaban por servir los postres, el grupo sevillano 'Por lo
bajini', acompañado por el ballet Giralda, trajo el espíritu de
la Feria de Sevilla al abarrotado Hall de Nahuques. El modo de contrarrestar las
inclemencias fue crear una suerte de caseta ambulante, que llevó rumbas
y sevillanas a distintos puntos del salón. Si Mahoma no va a la montaña...
La complicidad entre audiencia y artistas estaba ya servida. El director artístico
del festival, Javier Puga, se desgañitó en uno y otro extremo de
la nave para invitar a todo el mundo a que tomara su silla y su vaso y se acercara
cuanto quisiera al escenario. Y así, con el ambiente templado hasta lo
posible, fue recibida la familia Fernández. Consciente de la situación,
Curro Fernández -padre de Esperanza Fernández- tomó las riendas
cuan perfecto anfitrión (incluso pidiendo a los suyos un aplauso para los
presentes) y regaló amabilidad en forma de cante y baile. Con las soleares
regadas por el caramelo de la voz del retoño Bolita, las bulerías
de sabor lebrijano, las alegrías que bailó Joselito
Fernández y la despedida por tangos con el grupo feriante, los Fernández
lograron lo imposible: hacer que, sin intermediación técnica, su
expresión artística más sincera llegara a cada rincón.
Y, de paso, la inclemencia se tornó en hito, pues pocas ocasiones se dan
en las que, en este siglo veintiuno que camina, el flamenco pueda paladearse con
la cercanía de antaño. Ocurrió en Mont de Marsan en el año
2003, una ciudad donde el respeto y el amor hacia el arte andaluz supera lo imaginable.

El grupo 'Por lo bajini' por sevillanas
revista@flamenco-world.com
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