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FESTIVAL DE ARTE FLAMENCO
DE MONT DE MARSAN 2003
¡Que comience el espectáculo!
Candela Olivo. Mont de Marsan (Francia), 30 de junio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
'Las mil y una noches': Compañía Tito Losada.
Guitarra: Tito Losada, Diego Losada, Vaky Losada, Iván Losada y Pino Losada.
Percusión: Luky Losada, Antón Suárez y Peluche. Laúd
y mandolina: Vaky Losada. Violín: José Gutiérrez. Contrabajo:
Antonio García. Kanú: Abdesselam Naeie. Celo: Sacha Crisán.
Cante: Ángel Gabárrez, Guadiana, Macarena Giráldez. Baile:
Gala Vivancos, Marta Fernández, Rosana Romero, Eva Bouvherite, Estefanía
Palacios, Tamara González, Belén de la Quincana, Estefanía
Lucena, Rafael Estévez, Nani Paños, Rafael Martos, Saulo Garrido,
Francisco Pozo. Espace François Mitterrand. Mont de Marsan (Francia), 30
de junio de 2003. 21 horas.
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Las mil y una noches
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El trajín de artistas comenzó a agitar el tranquilo curso del
Midou desde primeras horas de la tarde. Como avisó en el acto inaugural
el presidente del Consejo General de Las Landas, Henri Emmanueli, "el festival
está abierto". Y, a partir de ese momento, sus puertas fueron siendo
atravesadas. Los primeros en pasar fueron más de cuarenta de una vez, los
integrantes de la compañía de Tito Losada. Entre todos ellos logran
componer una versión aflamencada del clásico de la literatura oriental
'Las mil y una noches'. Con ella dio comienzo la décimo quinta edición
del Festival de Arte Flamenco de Mont de Marsan en su escenario central, el Espace
François Mitterrand.
Espectacular. Si un calificativo puede definir el montaje que dirigen los hermanos
Losada es, sin duda, espectacular. Y es que no es, estrictamente, ni flamenco,
ni oriental, ni danza, ni teatro... Quizás todo unido conforme un musical
pleno de recursos humanos y técnicos que logra, con simpleza narrativa,
extraer unos pocos de esos cuentos con los que Sherezade salvaba cada noche su
vida. Un narrador en off -traducido al francés para la ocasión-
apoyaba la narrativa, al igual que el vestuario, y la escenografía física
y audiovisual, que representaba ora el palacio, ora el harén, ora la cueva,
ora el mar... ora la noche con luna. A pesar de toda la apoyatura, el ritmo tenía
sus ratos de debilidad, quizás por previsible, a pesar de lo hilado del
conjunto.
Respecto al baile, las numerosas coreografías colectivas que pueblan
el montaje ejercen una función meramente ambiental, con un forzado híbrido
entre los movimientos de la danza oriental y la flamenca como elemento característico.
De los números individuales destacan algunas pinceladas flamencas, algunos
momentos como la farruca y las rumbas de la 'Historia del mercader y su esclava',
que incluye un intenso duelo masculino a tres; las bulerías de Aladino;
o los solos de Alí Babá por fandangos y seguidillas. La música
cumple el papel de banda sonora, fiel a los esquemas de la música flamenca
hecha, ex profeso, para obras teatrales. Con el protagonismo indiscutible de la
guitarra -a veces confluyen hasta cinco- y de la soleá por bulerías
como estructura recurrente, se crea ambiente y se respalda el argumento, con sus
momentos de tensión (en los que la percusión sale alante), sus pasajes
de transición, sus espacios para hacer lecho al amor... porque, eso sí,
salvo en los cuentos de Alí Babá y Aladino, el amor y su compañero
el desamor son el principal hilo conductor de la obra. Y el cante... Que Guadiana
estuviera entre las filas de esta inmensa troupe fue de agradecer, sobre todo,
a la hora de los tangos y las alegrías. Mención también para
Macarena Giráldez, esa Sherezade que, entre cantante, cantaora y narradora,
lubricaba la lectura. "Existía un rico mercader que un día
entró en un mercado...". El resumen concluye con la respuesta del
público... La obra fue largamente aplaudida y a ello se respondió
con doble bis. También hubo quien, aún no siendo flamenco, la aprobó
por lo que de espectacular tiene. Y hubo quien, justo por no ser flamenco, expresó
su sorpresa por que hubiera sido incluida en el festival. El desquite está
próximo.

Fin de fiesta
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