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ADN JEREZ. FESTIVAL
DE MONT DE MARSAN 2004
Genética
Silvia Calado. Mont de Marsan, 9 de julio
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘ADN Jerez’.
Cante y guitarra: Diego Carrasco. Cante: El Torta, Fernando
de la Morena. Baile: Antonio el Pipa (artista invitado). Guitarras:
Moraíto Chico y Diego de Morao. Baile y jaleos: Tía
Yoya y Tía Curra. Cante y baile: Felipa del Moreno
y Rosario la Melchora. Palmas: El Bo, Manuel Tañé.
Percusión: Juan Grande. Idea y dirección artística:
Diego Carrasco. Espace François Mitterrand. Mont de
Marsan (Francia), 9 de julio de 2004. 21 horas.
Aunque todos los días ha habido un jerezano sobre
el escenario, no fue hasta la quinta jornada del festival
cuando Jerez mostró toda su doble hélice genética.
Ante más de dos mil personas, trece artistas expusieron
toda la variedad flamenca que bombea el corazón del
barrio de Santiago, sangre que porta desde la tristeza más
profunda a la alegría más incontenible. Y fue
por el pozo por donde se empezó, veinte minutos después
de lo previsto, con un cante de trilla interpretado por Fernando
de la Morena, un son primitivo que habla de las labores del
campo. Fundido a negro. Moraíto
Chico sale a solas con su guitarra recorriendo las ‘duquelas’
de la seguiriya. Esa guitarra de palo recoge toda la historia
del toque, con entereza, con potencia, con poso. Bajo luz
cenital, Antonio
el Pipa se baila sin más música que la de
sus latidos, sus pitos, sus pies. Silencio, detenimiento.
Prologa el martinete que viene a cantar El
Torta. Y lo hizo de manera impresionante. Todos sus registros
se encadenaban en su boca como por suerte de una mágica
alquimia, exhalando hasta la última reserva de oxígeno.
Si hubiera que subrayar un momento del espectáculo,
no habría duda: el martinete de El Torta.

Antonio el Pipa en 'ADN Jerez'
La soleá hizo recuperar el aliento a la audiencia,
tan inquieta y expectante esa noche. La escena se volvió
concurrida, con un cuadro estelar formado por Tía Yoya,
Tía Curra, El Bo, Fernando de la Morena, El Torta,
Moraíto Chico y su hijo Diego de Morao. Antonio el
Pipa salió vestido de radiante blanco a bailarles con
ese saber escénico suyo que lo hace irresistible, con
su plumaje desplegado, sus flirteos con el público,
sus poses, desplantes... Canta uno, canta el otro. Baile de
arte. El ritmo se airea y llega la bulería. Saca a
Tía Yoya con sus pololos. Saca a Tía Curra a
darse una vueltecita. Baile de patio de vecinos. Crescendo.
Los dos cantaores salen a cantarle en pie al sobrino de Tía
Juana. Y con ellos del hombro deja la escena.
La segunda parte quiso comenzar mostrando otra faceta: la
creadora. Diego Carrasco -ideólogo de este espectáculo-
estaba a solas sentado con su guitarra. Versionó esa
peculiar ‘saeta’ suya tan tremenda dedicada a
El Cachorro, el cristo sevillano que expira. Canturrea su
‘lele’ bronco y lo lleva a terrenos de bulería
recogida. “Debajo de la hoja de la lechuga”...
La canción popular que recopilaran Lorca y La Argentinita
toma otro tono bajo su barba. Fundido a negro. Estamos en
un tabanco. Hay dos mesas. A la izquierda, Moraíto
Chico, Fernando de la Morena y Bo. A la derecha, El Torta,
Diego de Morao y Juan Grande. Mano a mano de cante, de una
mesa a otra, de una garganta a otra. Uno por soleá
con los brazos al aire, el otro por mineras saliéndole
la garganta por los pies. Y después, por turnos, a
los fandangos.

El Torta
Después de tanto tiempo en el tabanco, se agradeció
otro soplo de aire fresco de Diego Carrasco. El ritmo del
espectáculo se había venido abajo y había
que recuperar el pulso. Con Diego de Morao dialogando con
la guitarra y Juan Grande esbozando el compás en el
cajón, cantó la nana del “duérmete
Diego mío”. A continuación, presentó
a la ‘banda’, rindió pleitesía a
las autoridades y abrió las puertas del patio en el
que los trece vecinos se iban a dar a la fiesta. Canta por
tangos Rosario la Melchora, descalza, bailando, acordándose
de Remedios Amaya. “Hazme una falsetita, que me ahogo”,
implora al guitarrista. Ahora canta por bulerías Fernando
de la Morena y sale a bailar Tía Yoya, con su meneo
de vieja, de ese sabroso. Felipa la del Moreno sale también
delante, cantándose por tangos con su preciosa voz
de cristal, medio bailándose. Mece el compás
El Torta por bulerías, despacito. “El agua es
un ser vivo, contempla y calla”. Está de pie,
libre por la escena... tan libre que se le desmonta el micro
de telefonista. Resuelto y con la ayuda de Dr. Kelly, se lo
quita y prosigue sin megafonía; ni falta que hace.
“¡Viva el directo, Juan!”. La rueda sigue
y sigue, prolongándose las cantaoras quizás
algo más de la cuenta. Ya van para dos horas y media,
con los altibajos y desequilibrios propios de espectáculos
colectivos con tanto gran nombre. A salvar la papeleta vuelve
a salir ‘el inquilino’, que le canta a El Pipa.
“Adivina: ¿quién llegó primero,
la coleta, el toro o el torero?”. A su chufla se suman
las titas, las mujeres cantaoras, los palmeros. La fiesta
toca a su fin. Los aplausos no se prolongan demasiado ni se
pide bis. Tanto de todo parece haber ya colmado los sentidos
del respetable.
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