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Entrevista a Victoria
Abril, actriz
Victoria
Abril amadrina el Festival Flamenco de Mont de Marsan
“Yo debo ser
de alma libre, como los flamencos”
Silvia Calado. Mont de Marsan, julio de
2004
Fotos: Daniel Muñoz
Refulgía una estrella en la primera fila del
Café Cantante. Mont de Marsan invitó a la actriz
española Victoria Abril, afincada en la capital gala,
a amadrinar su festival flamenco. Y ella accedió gustosa.
Recorrió con sus hijos un montón de kilómetros
para disfrutar de ser espectadora, algo que -con su profesión-
es poco frecuente. Además de reavivarle la llama flamenca
que le prendieron en su Málaga natal, Matilde
Coral, Chano Lobato y Parrilla de Jerez le regalaron una
enseñanza: “La gente mayor te muestra los atajos.
Como no tienen energía para tonterías, para
paja ni para historias, no hay más remedio que concentrarse
en lo esencial”. Y eso se resume en una flor...

Matilde Coral y Victoria Abril
¿Eres aficionada al flamenco?
Yo soy aficionada al arte en general. El flamenco lo mamé
en casa en Málaga con la familia. Yo hartita de flamenco
me puse a estudiar ballet clásico, Chopin, nada de
palmas ni de ordinarieces. A los 22 me fui para París
y a los 25 me di cuenta de que un día estaba llorando
porque sonaba en la radio del taxi Manolo Escobar. Ahí
dije, uy, bonita, algo pasa. Y a partir de ahí cada
vez que vengo a España... pero bueno, mira dónde
estamos, en Mont de Marsan. Esto es muy difícil, hay
o que haberlo mamado o haber nacido antes de entrar y comprender.
Y eso no le ocurre a más de la mitad de los españoles,
no lo siente ni lo resienten ni lo echan de menos, ni se dan
cuenta de la inmensidad del océano. Bastante es que
haya aquí desde hace dieciséis años un
festival por el que ha pasado Camarón. La verdad es
que los franceses lo han intentado y los españoles
han respondido. Y mientras haya sistemas de transporte y los
Pirineos estén abiertos es cojonudo, tronco.
¿Qué te llama la atención de
este arte?
Yo, evidentemente, de raza no, pero de alma debo serlo...
gitana y libre como ellos. Yo debo tener algo. Se supone que
mis padres, por el lado de mi madre venían de irlandeses
católicos huidos de Irlanda a principios de siglo,
de los que muchos llegaron a Málaga. Así que
debo de salir del lado de mi padre, que es de Zamora. No sé,
pero hay cosas en la vida... el blues me vuelve loca, el jazz
me vuelve loca, pasen los años. Hay prendas que no
sueltas. Y hay cositas que te pones este año: pelos,
pantalones más anchos de pata, moda... Pero hay cosas
que no sólo no se van, sino que cada vez te gustan
más. Te haces hasta una ‘jartá’
de kilómetros para venir un día.
¿Y qué te ha parecido ‘Historias
de arte’?
Yo le tengo mucho respeto a esta gente. Como ellos decían,
son doscientos años. Las patas no seguirán,
pero lo demás todo está aquí dentro.
La gente mayor te enseña los atajos. Como no tienen
energía para tonterías, para paja ni para historias,
no hay más remedio que concentrarse en lo esencial.
Y si es Matilde quien baila, como no tiene energía
suficiente, se concentra marcando en tiempo y en hora. Eso
es lo importante, no la edad que tengas, ni la cantidad de
calorías. Es lo que das y lo que tienes, esa relación.
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