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ANTONIO REY / MERCEDES
RUIZ. FESTIVAL DE MONT DE MARSAN 2004
Frutos que maduran
Silvia Calado. Mont de Marsan, 6 de julio
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
Primera parte. ‘La guitarra’.
Guitarra: Antonio
Rey. Cante: José Álvarez. Cante
y baile: Mara Rey. Piano: Pablo Suárez. Segunda guitarra:
Daniel Jurado. Palmas: Toni Rey. Percusión: Diego el
Negro. Segunda parte. ‘Dibujos en el aire’. Baile:
Mercedes Ruiz. Cante: Londro, El Pulga, Mercedes
Cortés. Guitarra: Santiago Lara, Daniel Méndez.
Percusión: Paco González. Café Cantante
Place St Roch. Mont de Marsan (Francia), 6 de julio de 2004.
19:30 horas.
Antonio Rey |
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Mont de Marsan tenía una segunda cita con el flamenco
en su lugar “intimista”, el Café Cantante
de la Place St Roch. Por este espacio, que de día es
mercado de abastos, han pasado figuras consolidadas y veteranas
del cante, del baile y del toque, pero esta vez el escenario
estaba a disposición de dos jóvenes valores:
el guitarrista Antonio Rey y la bailaora Mercedes Ruiz, cada
uno con sus respectivas propuestas debutantes. Con ‘La
guitarra’, Rey puso en escena un espectáculo
basado en la guitarra de concierto, la cual enmarca en instrumentación
y adorna con pinceladas de cante y baile. A solas, inició
el recital con una taranta, estilo que concede libertad para
el alarde técnico. Su guitarra es entendible, estudiada,
aún demasiado expansiva. Y prosiguió tocando
aires de ida y vuelta, antes de llamar al cajón y las
voces para el fandango acancionado. Guitarra, piano y cajón
se asomaron a territorios latinos, para continuar con unos
tanguillos de talante paisajista que cerraron un primer bloque
del recital. La rondeña trajo otro momento de recogimiento,
bálsamo antes de la tempestad. El grupo acometió
seguidamente unas bulerías que bailó salvajemente
la también cantaora Mara Rey. Sin perder el tono festivo,
el grupo se marcó una rumba y, para cerrar, una bulería
balada. Con ilusión y -según reconoció-
miedo, Antonio Rey mostraba al público galo que una
nueva generación viene empujando con mucha fuerza,
mucha calidad y mucho aún por ofrecer.
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Mercedes Ruiz

Londro y Daniel Méndez
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Tortilla española, paella, gazpacho, serranito...
Las especialidades gastronómicas españolas llenaron
de sabor el descanso, manteniendo la temperatura en una audiencia
que se notaba ya entregada a la joven artista jerezana. Mercedes
Ruiz venía a ofrecer su primer montaje en solitario
‘Dibujos en el aire’, que ha pasado por foros
como el Festival de Jerez 2003. Recia, seria, compuesta y
con pantalón arrancó con el zapateado que dedica
a Antonio
Gades. Aún estaba fría. El grupo se encargó
de rellenar el tiempo de cambio de vestuario con unos tangos
en los que dos de los tres vocalistas hallaron lucimiento.
Envuelta en una bata de cola blanca con estampado negro, volvió
a tomar la escena Mercedes Ruiz, esta vez por alegrías.
La bailaora se mostró femenina, curva, conocedora de
la medida y de las enseñanzas de una de sus maestras,
Eva Yerbabuena, que la miraba desde las primeras filas. Las
manos, el escorzo, el silencio, el juego... y la mirada desafiante,
directa a un público al que, sin duda, tenía
encandilado. El mejor momento le llegó, sin embargo,
con la seguiriya, un número que fue preludiado con
la vidalita que cantó divinamente Londro, acompañado
a la guitarra de Daniel
Méndez, otras dos firmes bazas del flamenco que
ahora brota. La bailaora salió vestida de negro, con
falda entallada y camisa, muy madura, muy segura. Convenció
con la contundencia, la limpieza y la música de sus
pies, con su capacidad para callar y para dosificar, con la
estética de su movimiento corporal. Hizo contener la
respiración y, al tiempo, hizo vibrar. El café
cantante se puso a aplaudir en pie como dándole su
placet. Y ella y los suyos lo agradecieron con una fiestecita
por bulerías.
La jornada había dado, para entonces, bastante de
sí. Desde por la mañana, las aulas de la Ecole
de Musique et de Danse están rebosantes de alumnos
dispuestos a capturar las enseñanzas de los maestros
aquí convocados por Taller
Flamenco, entre ellos, las bailaoras Pepa Montes, Mercedes
Ruiz, Manuela Vargas y Lidia Chamero y el bailaor Juan Paredes.
Pero si hay un profesor que está dando que hablar es
Gamba de Jerez, con un curso de compás y palmas que
está haciendo las delicias de los asistentes. Y es
que hay que empezar por el principio... En ese mismo sitio
donde se enseña y se aprende, situado junto a la plaza
de toros, también hubo lugar por la tarde para la palabra.
Carlos Lencero, uno de los letristas fundamentales del flamenco,
vino a adelantar el contenido del libro que publicará
el próximo septiembre: ‘Camarón:
la leyenda del cantaor solitario’. El escritor extremeño
dibujó un retrato muy personal del cantaor de la Isla,
un hombre de su tiempo “con el que compartí generación,
gustos, aficiones y alguna verdura”, un cantaor gitano
que “marcó el flamenco de la última parte
del siglo pasado y que permanecerá”. Del libro,
fue entresacando pasajes; de sí mismo, reflexiones
y un buen poco de acidez, dejando entre los allí presentes
muchas ganas de tener entre las manos ese nuevo título
que engrosará la lista bibliográfica camaronera.
Hasta entonces, nos dejó con “la única
soleá de Camarón que vale un duro” y con
un poema de Bukowski: “Y cuando llegue el tiempo de
morir...”.
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