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Sara Baras
'Sueños'
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Sara Baras
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FESTIVAL FLAMENCO MONT DE MARSAN 2005. SARA BARAS

‘L’étoile du flamenco’

Silvia Calado. Mont de Marsan, 4 de julio de 2005

‘Sueños’. Sara Baras: baile, dirección y coreografía. José Serrano: artista invitado. Auxi Fernández, Raúl Fernández, Cecilia Gómez, Ana González, Charo Pedraja, Raúl Prieto, María Vega. José María Bandera, Mario Montoya: guitarras. Miguel de la Tolea, Saúl Quirós: cante. Antonio Suárez: percusión. José Amador: violín. Espace François Mitterrand. Mont de Marsan (Francia), 4 de julio de 2005. 21 horas


Sara Baras (Foto: Daniel Muñoz)
 

 

 

 

El epicentro flamenco se ha trasladado por unos días a un rinconcito del suroeste francés. La región de Las Landas tiene totalmente interiorizadas manifestaciones culturales españolas como el toreo y, cada vez más, también el flamenco. Ya han pasado diecisiete años desde la primera edición del Festival de Mont de Marsan, una cita que atrae a aficionados de media Francia y parte del país vecino. Y sin escatimar en grandeza. La inauguración de esta nueva cita, que Flamenco-world.com va a seguir diariamente hasta el domingo 10 de julio, corrió a cargo de Sara Baras. Ella, la estrella, la diva del baile. Hace poquitos días que dimos cuenta del terremoto que provocó la gaditana en el Festival Flamenco Pa Tos, batallando con un arma de doble filo: la intimidad, la cercanía con la audiencia. Dejando ‘Sueños’ en la misma médula logró salir más que airosa. En Mont de Marsan le tocaba hacer frente a todo lo contrario, a un inmenso espacio escénico lleno hasta la bandera. El espectáculo, recuperado seis años después de su estreno después de las dos obras argumentales ‘Juana la Loca’ y ‘Mariana Pineda’, había que traerlo completo y con toda la compañía en acción.

Azuzada por el titular del periódico de la región (‘L’étoile du flamenco’, ‘La estrella del flamenco’), la inquietud se palpaba ante la audiencia, que fue tomando posiciones en el auditorio, con sus mejores galas, desde casi una hora antes de que diera comienzo la función. Y, abierto ya el telón, aún tendría que esperar media hora más para ver en escena a Sara Baras. ‘Sueños’ tiene un largo preludio en el que primero preparan el terreno los músicos, con una entrada por bulerías de guitarra, cante, violín y percusión. Después, cinco bailaoras y dos bailaores brindan un segundo preludio por martinete, ayudados por la percusión de bastones. Todo a tierra, todo contundencia. Una tercera pieza introductoria viste a la sección femenina con batas de cola y mantones de manila negros para interpretar, más con el cuerpo que con los pies, unos jaleos con aires de balada. Cuando todo queda en silencio y se van recogiendo por la izquierda dejando oír el medido arrastre de los zapatos y el roce de los trajes sobre el suelo, entra por la izquierda Sara Baras vestida de blanco. Aparición. Quieta, se pone a bracear... que no se diga que es sólo una virtuosa del zapateo. Aunque también lo es y lo demuestra. Pero lo que viene ahora es un paso a dos con José Serrano como pareja. La soleá por bulerías da amplitud suficiente para el alterne entre solos y dúos, entre música y sólo compás, entre la miel y la sal. Un amplio abanico de fandangos, entre los que se citan las sevillanas (esas de Isidro Muñoz interpretadas en su día por Camarón), propicia un amable respiro.


Sara Baras (Foto: Daniel Muñoz)

Farruca y valentía

Es que las guitarras se van a volver rabiosamente melancólicas, el violín comenzará a llorar y Sara Baras saldrá con pantalón y chalequillo a bailar su ya famosa farruca. La acomete como el torero que sale a la plaza, con tiempos de espera en los que no se oye ni una respiración -sólo un breve repiquetear de pies... o nada-, con lances de matador, con hechuras de mujer valiente. La belleza de la artista se triplica. Y el público la aclama con ovación de palmas y pateo del suelo. El invitado la suple con un solo por seguiriyas, en el que despliega todos sus recursos. Una llamada de cajón vuelve a sacar a escena a Sara Baras. Viene vestida de rojo, envuelta en un mantón bordado. Despliega las alas y echa a volar en un número que pronto deviene en bulerías, un marco perfecto para la Sara más flamenca, la que remata con un arqueo de hombros. Lo más cerquita que puede del público, se muestra dadivosa en este baile suyo que combina su estética finura con los pellizquitos de un patio de vecinos. Generosa, no ve el momento de acabar. Ya llueven los aplausos. El público pide más y se le da más. Todos los efectos tienen respuesta. Los fotógrafos no dejan de disparar. Seguro que no faltará una foto suya en la próxima exposición del diario ‘Sud-Ouest’, como la inaugurada esa tarde en La Minoterie con los mejores momentos en la historia del festival. Y en el escenario sigue la fiesta por bulerías. Un letrita va para ella: “Como baila Sara Baras, no se la puede aguantar”. Vueltecita de un cantaor, del otro cantaor, del cajonero, del invitado... y, dos horas después de que el telón se abriera, da tregua el seísmo Sara Baras. Pero no el del flamenco, que ya entrada la madrugada seguía zamarreando a unos cuantos en el Bistro de Marcel con Leo de Aurora tocando la guitarra y cantando unas letritas, jaleado por una curiosa pareja de palmeros, la formada por Blanca del Rey y el bailaor japonés Shoji Kojima.

revista@flamenco-world.com

 

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