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Gaspar de Utrera
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FESTIVAL FLAMENCO MONT DE MARSAN 2005. ‘UTRERA VIVA’

Flamenco natural

Silvia Calado. Mont de Marsan, 8 de julio de 2005

‘Utrera Viva’. Cante: Pepa de Benito. Gaspar de Utrera. El Cuchara. Tomás de Perrate. María Peña. José de la Buena. Jesús de la Frasquita. Manuel Amaya. Diego el Cabrillero. Baile: Manuela Reyes. Jairo Barrul. Guitarra: Antonio Moya (director artístico). Eugenio Iglesias. Niño José Manuel. Palmas y baile: Joselito del Águila. Esperanza Peña. Fernanda Peña. Vicente Peña. Juana Suárez. Gaspar de Perrate. Javier Vargas. José Vargas. Espace François Mitterrand. Mont de Marsan (Francia), 8 de julio de 2005. 21 horas.


Foto: Daniel Muñoz

Utrera recorre más de mil kilómetros para reivindicar su flamenco. Después de ser rechazado por la Bienal de Sevilla, el espectáculo ‘Utrera Viva’ ve al fin la luz... en Mont de Marsan. El festival francés cumplía así con su compromiso anual con el flamenco tradicional, con el flamenco de base, poniendo el broche de oro a la programación principal de su décimo séptima edición. Y por esta ‘acción’ recibió el agradecimiento hasta del ayuntamiento de la localidad sevillana, que el propio alcalde trajo en persona en forma de estatuílla: Fernanda y Bernarda de Utrera, en bronce. Veintitantos artistas de tres generaciones llenaron a rebosar el enorme escenario del Espace François Mitterrand, brindando al riguroso aficionado de estas latitudes una noche memorable. No sólo por la mera presencia de maestros en escena, sino por la intención declarada de dar paso a otra generación más de herederos de Pinini. Y es que, como dijo Pepa de Benito en el camerino, “yo ya he venido de figura muchas veces; ahora es el turno de los jóvenes”.

La primera parte del espectáculo fue para el oído. A la izquierda, la mesa de los jóvenes. A la derecha, la de los mayores. Arrancaron los primeros. Tomás de Perrate por soleá. Eco viejo. Tempo lento. Jairo Barrul baila parado. Otro turno de voz. El cante que emprende camino. Toma el turno la veteranía. A golpe de soleá, una ronda de fandangos. Cante lánguido, parsimonioso, quebradizo. Voces que vienen de atrás. El Cuchara. Gaspar de Utrera. Pepa de Benito. Las tres guitarras, al servicio de ese cante histórico. Toná de El Cuchara. “Caminito de La Algaba, grandes fatigas pasé”. Y vienen recuerdos de otros tiempos vividos por quienes ahora (aún) cantan. Gaspar de Utrera ha hecho grandes esfuerzos por estar esta noche en escena. La edad y la salud no perdonan. Y aún así estremece a la audiencia con unos tientos tan imperfectos como sobrecogedores. Diego el Cabrillero y su voz rota cierran la ronda por seguiriyas. Antonio Moya, director artístico del multitudinario recital, abrillanta su toque para la soleá de Pepa de Benito. “Se la quiero dedicar a mi prima Fernanda (de Utrera), que es la que tenía que estar aquí”. Para ella va ese cante de melodía única, ese cante lamento. Las cantiñas cierran bloque. Las canta de pie María Peña y las baila Manuela Reyes. Los demás, surtidos de vino por un camarero, hacen ambiente, un clima casero y familiar que se va contagiando de escenario para fuera. “¡Que pague Gaspar!”.


El Cuchara, Gaspar de Utrera y Pepa de Benito (Foto: Daniel Muñoz)

La segunda parte, fue para todos los sentidos. La presentación resultó espectacular. Manuel Amaya entró por el pasillo emulando a Bambino, con sus excesivas maneras copleras. Al alzar el brazo al pie ya del escenario, el telón se abrió y apareció una hilera de veintitantas personas a compás por bulerías. Impresionante. Lo que siguió fue hora y media de ruedas de cante y baile, de las que destilaban gotitas de supremo arte. Algunas de ellas las ofrecieron bailaoras de casa, con ese arte natural, intuitivo, que ni se aprende ni se fuerza. La energía contenida del flamenco utrerano es digna de estudio. Con qué lentitud se baila y se canta, cómo se paladean los movimientos y los tercios. También hay hueco para esa modalidad que tanto gusta en la tierra, el cuplé. Y para ese compás de campiña, que se deja caer con espesura. Hasta el camarero canta. El arranque de Gaspar de Utrera es jaleado con efusividad por los artistas que están en el papel de espectador; hoy son del barrio sevillano de Las Tres Mil. Atajó el peligro de monotonía, al igual que Pepa de Benito, que se despachó a gusto “con la gente de mi gusto” cantando en pie, rebosando figura, inspirando a su hijo Javier Vargas en su primorosa vuelta por bulerías. Pero serían los bailaores invitados los encargados del cierre, dando la versión pulida de la danza autóctona mientras le cantaban el ‘A tu vera’ por... bulerías, claro. Utrera de fiesta. Utrera viva. Hay que venir a Mont de Marsan.


Utrera Viva (Foto: Daniel Muñoz)

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