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MORENTE - LORCA : UNA ENTENTE GRANADINA.
(Sobre las relaciones del cantaor con el poeta de Fuentevaqueros)
Juan Vergillos
1. Morente y la poesía.
2. Lorca y el flamenco.
3. Antecedentes de Lorca (1998) : Enrique Morente
en la Casa Museo Federico García Lorca de Fuentevaqueros (1990).
4. Omega (1996) : la visión de Morente
de Poeta en Nueva York.
5. Antecedentes de Enrique Morente en la Casa
Museo Federico García Lorca de Fuentevaqueros
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1. Morente y la poesía.
Con Homenaje flamenco a Miguel Hernández (1971) Enrique Morente
inauguró una tendencia, de la que es sin duda el más destacado representante,
consistente en adaptar textos de la llamada poesía culta a los ritmos
y estilos del flamenco. Una tendencia frecuente en aquel momento en el ámbito
de la canción popular (Paco Ibáñez, Serrat), pero que en
el caso del flamenco resultaba casi inédita (hubo algunas experiencias
previas pero apenas merecen ser consideradas) y, desde luego, bastante arriesgada.
Tan arriesgada que, a pesar de los valores intrínsecos y de su carácter
pionero, no podemos contar los tres poemas de Miguel Hernández musicados
por Morente (Sentado sobre los muertos, El niño yuntero, Nanas de la
cebolla, a ritmo de romance, malagueña y nana, respectivamente) entre
lo mejor de la producción del cantaor granadino.
Los resultados fueron más satisfactorios seis años más
tarde, en Despegando. El disco incluye fragmentos de la Elegía
a Ramón Sijé del propio Hernández, en forma de canción
atarantada que se encuentra, con Recuerdo infantil de Antonio Machado por
bulerías entre lo mejor del disco. Atrás quedan dos versiones de
Andaluces de Jaén, también de Hernández, incluidas
en discos piratas o colectivos, y otras adaptaciones, alguna lorquiana que consideraremos
más abajo.
El año 1983 y el disco Cruz y luna marcan otro hito en esta
carrera de adaptaciones poéticas al flamenco puesto que da paso, no sólo
al siglo de oro (tres textos de San Juan de la Cruz), también a la Edad
Media de Al Andalus (Al Mutamid), otro siglo de oro de la lírica peninsular,
en ambos casos con excelentes resultados.
Dejando para más adelante el análisis del primer disco lorquiano
Enrique Morente en la Casa Museo Federico García Lorca de Fuentevaqueros
(1990), corresponde ahora
hablar de la Misa flamenca (1991), otro de los grandes discos morentianos
en que al margen de los textos de la liturgia latina de la misa, se atreve con
Juan del Encina, San Juan de la Cruz, Fray Luis de León, Lope de Vega,
que entremezcla con Pedro Garfias y textos tradicionales del flamenco, renovando
una fórmula, la de la misa flamenca, que parecía agotada desde los
años sesenta.
A estos nombres de grandes líricos hispanos sumará en los años
siguientes ( con Negra si tu supieras de 1992 y Alegro-soleá
y fantasía del cante jondo en 1995) los de Alberti, Bergamín,
Nicolás Guillén o Luis García Montero.
2. Lorca y el flamenco.
La atracción del flamenco por los textos de Lorca, que data de los
años 30 o 40 del siglo pasado (así La Niña de los Peines
por bamberas ; tal vez el primer poeta culto musicado en el flamenco, si
exceptuamos a Manuel Machado por sus especiales condiciones en este sentido) es
una consecuencia directa del interés demostrado por el poeta granadino
hacia las formas poéticas populares, de lo cual dio fe en buena parte de
sus libros, pero ante todo en el Romancero gitano (1928), un intento de
estilizar hacia lo culto un género popular, como en su tiempo hiciera Lope
de Vega o el propio Góngora, poeta culterano por excelencia del barroco
español. Así vemos cómo muchos de los romances lorquianos
están inspirados en temas porpulares, que tienen en ocasiones formas romanceadas
tradicionales (por ejemplo el de Thamar y Amnón). Y es también consecuencia
de la atención que Lorca dispensó al propio arte flamenco, plasmado
en estudios y conferencias y en su Poema del cante jondo (1931). Esta relación
ha sido suficientemente estudiada (por Félix Grande, Mercedes García
Plata, etc.) en sus aspectos técnicos y sociológicos. Aquí
nos limitamos a dar testimonio de este proceso de aflamencamiento de los poemas
lorquianos, que, según podemos suponer contó con algunos pioneros
entre los intérpretes granadinos (así lo atestiguan los ejemplos
de Pepe y Curro Albaicín), pero cuyas manifestaciones más populares
fueron las de Camarón. En La leyenda del tiempo (1979) este intérprete
adapta hasta cuatro textos del poeta, tendencia que continúa en Calle
Real (1981, un tema, el Romance de la luna) y en Soy gitano
(1989, tres temas), alcanzando algunos de ellos notable repercusión.
Junto a Camarón los años ochenta y noventa nos ofrecen otras
adaptaciones lorquianas muy populares como las de Manzanita (Romance sonámbulo),
Lole y Manuel (El balcón), Pata Negra (Baladilla de los tres
ríos, Bodas de sangre), Diego Carrasco (Canción del
mariquita), La Barbería (El poeta llega a La Habana), Esperanza
Fernández o Remedios Amaya. Mención aparte merece el último
disco hasta la fecha de Manolo Sanlúcar Locura de brisa y trino
que adapta textos procedentes de algunos libros menos populares que los citados
como los Sonetos del amor oscuro.
Como consecuencia de esta atención excepcional que el mundo flamenco
ha mostrado hacia la obra lorquiana, basada en evidentes afinidades temáticas
y hasta métricas, se ha llegado a cierto nivel de saturación, de
manera que algunos textos han sufrido hasta dos y tres versiones diferentes, pues
a las flamencas hemos de sumar otras procedentes del mundo de la canción
popular (Amancio Prada, Carlos Cano) o ligera (Ana Belén), aprovechando
muchas de ellas la resonancia de los actos oficiales llevados a cabo con motivo
del centenario del nacimiento del poeta en 1998.
3. Antecedentes de Lorca (1998) : Enrique Morente en la Casa Museo Federico
García Lorca de Fuentevaqueros (1990).
La publicación en 1990 de un disco producido por la Diputación
Provincial de Granada, de circulación restringida, titulado Enrique
Morente en la Casa Museo Federico García Lorca de Fuentevaqueros, marca
el inicio discográfico de la relación que ha motivado este trabajo.
Sin embargo hemos de decir que este disco no es otra consecuencia más de
la tendencia de los años ochenta y noventa de cantar a Lorca que afectó
a muchos de los cantaores flamencos del periodo, como hemos visto. Por contra,
el interés de Morente por la lírica culta es muy anterior, y, de
hecho pronto, a principios de los años setenta, desembocó en la
relación Morente-Lorca. En Granada, en Andalucía, la de Lorca es
una presencia constante (en la escuela, en casa, en la calle, se lee o se representa
al poeta : una identificación que apenas tiene parangón en el mundo
occidental contemporáneo -a no ser el Whitman de Hojas de hierba
en EEUU, en la segunda mitad del siglo XIX-) y es de suponer que, a pesar de la
censura franquista, Morente conoce la obra lorquiana desde muy joven. De 1972
data El lenguaje de las flores, una canción por tangos hecha con
fragmentos del drama Doña Rosita la soltera, que abre el disco citado
y que Enrique Morente utilizó durante años para iniciar sus recitales.
Así buena parte del material incluido en el disco procede de trabajos
anteriores ; las Canciones de la romería de Yerma, es un trabajo
para la escena, en concreto para el Centro Andaluz de Teatro, que Morente hace
a ritmo de tangos, fandangos, bamberas y bulerías.
Trabajar un material durante años es un recurso habitual de los grandes
creadores y de hecho este disco incluye, como hemos dicho, temas muy antiguos,
contrastados en el escenario y pulidos por la experiencia y el tiempo. Morente
utiliza ideas musicales anticipadas en discos previos, o que volverá a
utilizar más tarde : el estribillo de La esposa triste (de las Canciones
de la romería) procede de una canción de Despegando,
y otros dos temas del Poema de la saeta serán más tarde utilizados
en la Misa flamenca y en Omega. Por otra parte el Poema del tiempo
del drama Así que pasen cinco años (que había sido
adaptado con mucho éxito por Camarón por bamberas) será incluido
con títulos diferentes en otros dos discos a lo largo de la década
de los noventa : en uno acompañando a La Barbería y en Lorca
(1998) del propio Morente.
El disco se cierra con el Poema del joven también procedente
de Así que pasen cinco años, canción a ritmo de bolero
emparentada con el Poema del tiempo, y que finaliza con una superposición
de voces del propio cantaor en que se puede escuchar una emocionada versión
del fandango de Frasquito Yerbabuena.
4. Omega (1996) : la visión de Morente de Poeta en Nueva
York.
Mientras que Enrique Morente en la Casa Museo
Federico García Lorca de
Fuentevaqueros se iba convirtiendo en una grabación
mítica, por inencontrable, Morente publica en 1996 Omega, disco
temático sobre uno de los libros más importantes de la literatura
española del pasado siglo : Poeta en Nueva York. Para su particular
visión de esta obra Morente se sirve de elementos tan atípicos en
el mundo del flamenco como una banda de hard rock o las canciones del cantautor
norteamericano Leonard Cohen, al margen de contar con la colaboración de
algunos de los músicos flamencos más innovadores del momento como
Vicente Amigo, Cañizares, Tomatito o Isidro Muñoz.
El uso de las canciones de Cohen está plenamente justificado porque
el libro lorquiano es la fuente de inspiración directa o indirecta de Take
this waltz, First we take Manhattan, Priest y Hallelujah
nº2, que marcan una visión de la gran urbe norteamericana apuntada
en Lorca : el poeta-músico Cohen aporta su visión musical sobre
el poemario lorquiano, de que se sirve el músico Morente para su propia
visión del libro. Más justificada si cabe está la presencia
de la banda de rock puesto que Morente utiliza la fría contundencia de
los instrumentos eléctricos para subrayar el maquinismo deshumanizado de
la sociedad norteamericana denunciado por Lorca en 1929.
Para redondear el conjunto de influencias que se acumulan en Omega,
más o menos peregrinas pero siempre justificadas, nunca extravagantes,
por más que así se lo pareciera a algunos, Morente utiliza otro
recurso técnico propio de la música pop del periodo, el sampler,
para incorporar en el tema que abre el disco las voces de Chacón, La Niña
de los Peines, Vallejo, Caracol, etc..
Omega contiene algunos de los clásicos morentianos, como Manhattan,
brillante y sentimental, en que el cantaor cede parte del protagonismo a la incipiente
voz de su hija Estrella, o La aurora de Nueva York, sin duda la pieza más
redonda del disco, en que el texto lorquiano, de inusitada claridad en el conjunto
del libro, fluye suavemente al ritmo de tango lento impuesto por Vicente Amigo.
Es uno de esos temas imperecederos que a veces surgen en la historia de la música,
en que la voz de Morente nos suena como nueva, más libre y emocionante
que nunca.
Puede que Omega sea el mejor disco de una carrera musical, la de Morente,
cuajada de obras maestras. Su publicación fue saludada por los críticos
como un acontecimiento flamenco de primera magnitud y, en efecto, ha sido uno
de los discos más influyentes en la historia de este arte. El flamenco,
un arte de origen popular, bizarro, en cierta forma pastoril, dio un gran paso
de madurez con Omega ; nunca volverá a ser el mismo después
de su inmersión en los filos más hirientes de la gran metrópoli
contemporánea.
Y sin embargo es, acaso, el disco de su autor que peor ha resistido el paso
del tiempo. En sólo cinco años buena parte de su contenido muestra
los primeros síntomas de envejecimiento. La razón es sin duda el
uso, nada oportunista, plenamente justificado como hemos dicho, de algunos elementos
técnicos y rítmicos propios de la cultura pop-rock del momento.
Puesto que ya sabemos lo vertiginosamente efímeras que son las estéticas
dentro del mundo del pop. Más cada vez. Ésta es su esencia, precisamente.
5. Antecedentes de Enrique Morente en la Casa Museo Federico García
Lorca de Fuentevaqueros
No cabe duda de que Enrique Morente en la Casa Museo ... es uno de
los mejores discos de su autor, fruto de un momento creativo excepcional que en
pocos años alumbró grandes obras como, además de la mencionada,
Morente-Sabicas, Misa flamenca y Negra si tú supieras, cuatro
discos centrales en la producción morentiana, los cuatro editados en el
plazo de tres años, y cada uno de ellos orientados por una estética
distinta, que resumen las diferentes tendencias del cantaor, en sus treinta y
tantos años de carrera artística.
Enrique Morente en la Casa Museo ... se editó en 1990, pero
las características de esta primera edición hacen que la mayoría
de los aficionados no conozca por completo el contenido de la obra sino en 2001
en que se edita en formato C.D.. Hasta ese momento para el público mayoritario
es Lorca, de 1998, el año del centenario, el disco lorquiano por
excelencia de Morente (dejando al margen la experiencia, parcial aunque muy intensa,
de Omega).
Ambas obras están estrechamente emparentadas : como hemos dicho buena
parte del material del primero, cualquiera que éste sea, será utilizado
en el otro disco. Un material que, también se ha apuntado, había
sido ya contrastado y manipulado en directo, y que, sin embargo, seguirá
evolucionando, tal y como se refleja en sendas grabaciones. Se impone, sin duda,
una comparación que nos dará fe de la evolución del artista
en tan sólo ocho años, y lo central en su trayectoria de la experiencia
de Omega, no sólo para su visión de la obra de Lorca, sino
también en relación a su propia actividad artística. Y, llevando
un poco más lejos la argumentación, el cambio que se da en el mundo
flamenco a lo largo de ese tiempo.
Así las Canciones de la romería que abren la nueva grabación
se nos aparecen ahora arropadas, no por guitarras y bandurrias como en Enrique
Morente en la Casa Museo ..., sino con bajos y baterías funk, bailables.
El resultado es sin duda menos directo, menos primitivo ... y seguramente, en
el caso de este tema, menos hermoso. Pero muy consecuente con la intención
del nuevo disco : una visión de la poesía de Lorca desde un flamenco
estilizado, adulto, multicultural, que convive con otras músicas de las
que utiliza los instrumentos y procedimientos que estima oportuno. Otra vuelta
de tuerca sobre la poesía popular de Lorca, más sutil y formal,
que ha pasado por el infierno deshumanizado del siglo XX, de Poeta en Nueva
York, de Omega, y perdiendo la ingenuidad y la fuerza viril de Enrique
Morente en la Casa Museo ..., es más intelectual, más distante
y fría, menos barroca y con una emoción más cerebral, más
conceptual. El flamenco asume en este disco la mejor tradición del arte
del siglo XX : el interés por la idea, por la forma, su carácter
abstracto (y en ocasiones abstruso) y autorreferencial. Así lo vemos en
la bambera de las Canciones de la romería en que el acompañamiento
esquemático de Cañizares convierte el tema en una parodia de la
versión primitiva.
Procedimiento similar encontramos en el Cantar del alma, una canción
de repertorio del año 83 (en que se titulaba Aunque es de noche)
con letra de San Juan de la Cruz y acompañamiento de una formación
coral tradicional búlgara. El lenguaje de las flores sigue la misma
línea, con un ropaje muy ligero de bajo eléctrico, percusión
y violín bellísimo. Como el resto del disco, ambos temas poseen
un aire íntimo, menor, de cámara, un sentimiento muy contemporáneo.
Tierra y luna es quizá un descarte, por exceso de minutación,
de Omega, puesto que se trata de un texto perteneciente a Poeta en Nueva
York y el arreglo, con aire de taranta a cargo de Juan Carlos Romero, está
en la onda de ese disco. Por lo que se refiere a la tercera versión de
La leyenda del tiempo hemos de decir que en Lorca el tema suena más
afligido y melancólico que nunca.
El disco se cierra con un largo collage vocal, en que Morente, acompañado
por las Voces Búlgaras y su hija Estrella, que en algunos momentos del
disco se erige en coprotagonista vocal del mismo, canta el Kirie de la
misa en honor al poeta, con un fondo de campanas de San Nicolás del Albaicín
granadino.
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