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LOS VERANOS DE LA VILLA 2003
ENRIQUE MORENTE: EL PEQUEÑO RELOJ
Dulce, in extremis
Candela Olivo. Madrid, julio de 2003
Fotos: Daniel Muñoz
Enrique Morente: El pequeño reloj. Niño
Josele y Miguel Ochando, a la guitarra. Bandolero, a la percusión. Alain
Pérez, al bajo. Pepe Habichuela y Estrella Morente, artistas invitados.
Patio del Cuartel del Conde Duque. Madrid, 13 de julio de 2003. 22 horas.

Enrique Morente y Niño Josele
El austero y magno edificio fue erigido por Pedro de Ribera para las Reales
Guardias de Corps en el siglo XVIII. Trescientos años después, el
Cuartel del Conde Duque se defiende, como única pero certera arma, con
manifestaciones culturales de toda índole. El municipio de Madrid ofrece
durante el crudo estío capitalino un jugoso cartel de conciertos, dentro
del programa Veranos de la Villa, en el que están teniendo cabida propuestas
tan variadas como Ibrahim Ferrer, El Tiempo de los Gitanos, Cesaria Évora,
Michael Nyman... Y flamenco. Intercalado entre unos y otros, está el arte
jondo -en su más heterodoxa acepción-, con actuaciones estelares
como las ya ofrecidas por Niña Pastori o José Mercé. La siguiente
fue la de Enrique Morente, que llegaba al anciano edificio militar para dar vida
a 'El pequeño reloj', la décimo octava entrega discográfica
del cantaor granadino.
Poniendo los esquemas patas arriba, el recital comenzó por el cierre,
con un corrillo por bulerías, al que poco caso hizo la audiencia... aún
ocupada en el menester de encontrar butaca. La última luz del día
alumbró las alegrías que sirvieron de precalentamiento a las manecillas
del reloj. Morente cantando bajito, el grupo arropándolo, con Niño
Josele y Bandolero -guitarra y percusión- como doble viga maestra. "Hasta
el reloj de la audiencia, tiene venganza conmigo". El verso apuntalaba los
tientos, cante en el que granadino ya fue disparando sus personales ecos, cada
vez más tendentes a la abstracción. Susurra y vuela. Asomos de Lorca
entre la voz popular. La guitarra empieza a llorar, con un gemido entrecortado,
de apostillar el otro llanto, el del cante. En "la canción del bongó",
el cantaor ha de hacer piruetas para encajar las letras de métrica (flamencamente)
imposible. Bulerías un tanto a cuplé. Cadencia de canción.
Primeros coros.
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Bandolero
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Estrella Morente
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Ramón Montoya resucita en play back. Morente ayea bajito encima de la
grabación. Laura de los laureles. Niño Josele recoge el toque anciano
sin fisuras y el grupo prosigue con 'El pequeño reloj', tema central del
disco. Morente juguetea con el tictac. "Y también contamos el tiempo
con el mar". El acompañamiento, comedido. El cante, ¿como atonal?
El joven cajonero sale a bailar... cosilla de mero aficionado. Menosprecio a Israel
Galván, que brindó su baile cósmico a la misma canción
cuando el trabajo fue presentado semanas antes a los medios. Y menosprecio a la
audiencia. El invento de la grabación de guitarra antigua se retoma con
Manolo de Huelva, por soleares. Silencio sepulcral entre la banda al sonar de
las vetustas falsetas. Al recoger el toque el de Almería, el quejío
morentiano se eleva hasta el infinito. Arriesga. Sale airoso de la gesta vocal.
Y le es reconocido. La caña de Tío José el Granaíno
la ventila a placer, dándose entero, con rescate de sonanta vieja de nuevo.
Del pasado al presente. El grupo vira hacia la 'Policaña'. La pincelada
de baile, otro despropósito, al igual que en algún que otro momento
lo fueron los coros, participados por, entre otros, el cantaor asturiano El Falo
y el cantante Antonio Carbonell -que en 1996 representó a España
en Eurovisión-.
Al grito de "¡Viva Graná!" es recibido en escena Pepe
Habichuela, guitarra invitada. Junto a la bajañí madura, con poso
y reposo, Enrique Morente hila de forma bellísima los tercios por alegrías.
Liberados de la cortapisa coral, Morente y Habichuela vuelan jondo por seguiriyas.
La garganta se crece catapultada por las seis cuerdas, recogida, rozada, sentida.
La subida final, sublime. La guinda está puesta. Sin estar muy justificado
por qué el 'Claro de luna' no se toca en directo, el concierto prosigue.
Sobre la pieza enlatada de Beethoven, canta el 'Alegato contra las armas', solo,
en pie. La poesía, forzada con calzador, pero el lamento duele. La banda
vuelve a por los tangos titulados en el álbum 'Vendiendo flores', letra
a la que nunca escapa el de Granada. Niño Josele aprovecha para entremeter
ese rítmico homenaje al Paco de Lucía de 'Sólo quiero caminar'
sobre el que gira su debut discográfico. A estas alturas, el bajista cansa...
música del más es menos, del desatinado exceso. "Las tuyas
son amarillas, las mías de tos colores". Con una abstracción
cantada morentiana arranca un final por bulerías acancionado que picotea
de acá y de allá, que si 'Dos gardenias', que si 'Summertime' por
lo bajini... La incipiente petición de bis es contestada con la invitación
a cantar a Estrella Morente que, en un principio, rehúsa cantar tras su
padre: "Prefiero homenajearle con mi silencio". Pero, al final, obedece,
atacando a lo Niña de los Peines y rematando, ya desmelenada y abarcando
toda la tabla, con la copla 'Madrina' de Quintero, León y Quiroga. Tonadillera,
taurina. La audiencia no se da por satisfecha... y es atendida por Enrique Morente
con unos fandangos a tres guitarras. Si se obvian detalles como el desajuste final
de los coros y se subraya tanto el sabio tacto del toque de Habichuela, el respeto
de los contertulios guitarristas y la esforzada labor del cantaor por buscar y
encontrar belleza, el gusto quedó colmado, con la balanza del lado de lo
dulce... por poco.
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