ESPECIAL. ENRIQUE MORENTE, CANTAOR FLAMENCO. OBITUARIO
Más allá del cante
y del cantaor
Silvia Calado. Madrid, 13 de diciembre de 2010

Enrique Morente en el
Festival Suma Flamenca 2010 (Foto Daniel
Muñoz) |
|
Tengo aquí junto a la pantalla una
invitación con membrete dorado del embajador de Francia
en España, Bruno Delaye, para asistir a la recepción
que se iba a celebrar el viernes 17 de diciembre con motivo
de la entrega de las insignias de caballero de la Orden
Nacional de la Legión de Honor a “Monsieur”
Enrique
Morente. Condecorado con honores de caballero y viendo
reconocidos internacionalmente sus méritos extraordinarios
en el ámbito civil, iba a despedir el cantaor granadino
un intensísimo año profesional de 2010, poco
antes de cumplir los 68 años de edad.
Con esa condecoración se unía
a una nómina de caballeros en la que ya figuraban
Jean Cocteau, Clint Eastwood, Céline Dion o Ralph
Laurent. Y también estaba Brassaï, el fotógrafo
de Picasso. Como él, Enrique Morente estuvo ante
sus cuadros. Y los miró no con una lente, sino con
la garganta. La última vez, pocos días antes
de ingresar en el hospital, cantando a solas ante el imponente
‘Guernica’ en el Museo Reina Sofía de
Madrid, que le abrió las puertas de noche, una vez
terminado el horario de visitas. La escena la grabó
Emilio Ruiz Barrachina, director del documental ‘El
barbero de Picasso’ en el que ha estado trabajando
con el cantaor durante el último año. Así
era cómo había bautizado el cantaor granadino
el concierto que, hecho a partir de los textos del pintor
ya tratados musicalmente en su último disco de estudio
‘Pablo
de Málaga’, había ofrecido este
año en foros como los Teatros del Canal de Madrid
y el Liceu de Barcelona, rindiendo homenaje no sólo
a Picasso, sino a la amistad que lo unía a su barbero,
Eugenio Arias, dueño de una de las mejores colecciones
privadas del malagueño, ubicada en Buitrago de Lozoya.
Flamenco-world.com estuvo presente cuando
ese recital se puso en pie en los Teatros del Canal de Madrid,
en el marco del Festival
Suma Flamenca 2010. “Empezó lanzando un
quejío por África y por Nelson Mandela, y
terminó criticando el saqueo que nos andan disfrazando
de crisis en el teatrillo de la barbería. Enrique
Morente es de los artistas que se mojan, de los que no se
repiten, de los sorpresivos. Quizás, el único
en su género”. Eso fue lo que escribimos para
empezar aquella crónica.

Enrique Morente en la
presentación de 'Pablo de Málaga'
en el Museo Reina Sofía (Foto Daniel
Muñoz) |
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Y lo del teatrillo fue una genialidad.
Al segundo bis, después de la conmovedora versión
del ‘Ángel caído’ de Antonio Vega
(también registrada para el documental con Federico
Lechner al piano), se puso la bata de barbero, cogió
la escoba de barrer los pelos y… “Como nos decía
su biógrafo
Balbino Gutiérrez, ya en 1988 había experimentado
con el teatro cómico en Santa Fe “y tenía
ganas de retomarlo”. Así que aquí vino
a inventarse una barbería disparatada, cogió
la escoba de barrer, disfrazó a sus compañeros
de pintores y barberos y, con aire chirigotero, lanzó
verdades como puños. Quédense con esta letra:
“Anda chorizo que vives como un obispo y el dinero
del fisco te lo quedas pa ti”. Y luego lean las secciones
de Política y Economía de cualquier periódico”.
Quizás hoy invitaríamos a visitar la web de
Wikileaks… si los poderes nos dejaran.
Miren qué pasa cuando uno se pone
a hablar de Morente, que es imposible hablar sólo
de cante. Quizás por esas cualidades, aquí
nunca lo bajamos del pedestal… pero es que nunca nos
dejó. Siempre había algo nuevo, algo sorpresivo,
algo propio. Y es absolutamente verdad que nunca una actuación
suya fue igual a la anterior. Al echar la vista atrás,
se me vienen a la cabeza tantas…. y tan diferentes.
La primera fue en el Teatro Central de Sevilla, con la sala
diáfana y las butacas plegadas. Presentaba en directo
el ‘Omega’
que yo, aún adolescente, había descubierto
en el programa ‘Flamencos y pelícanos’
de Teo Sánchez en Radio 3, sintonizada un sábado
en el multibanda que mis padres conservan en la casita del
pueblo de la emigración alemana. Apunté el
título del disco en una caja de lápices de
colores, con los que subrayaba los apuntes al estudiar,
lo compré en Sevilla Rock y nunca más me abandonó.
Enrique
Morente con Israel Galván en la Plaza de Toros
de la Maestranza de Sevilla
(Foto Daniel
Muñoz) |
Varios años después, ya como
profesional del periodismo, y previo buceo en discos pasados,
fui cronista de otras tantas actuaciones memorables, como
aquel brillantísimo recital en la Bienal 2002 que
le hizo decir que nunca más actuaría en Sevilla.
Pero volvió a hacerlo en la edición de 2008,
que clausuró con el concierto retrospectivo 'Flashback',
que incluyó un 'Aleluya' a su recién muerto
compañero Mario Maya que aún da escalofríos.
Al venirme a vivir a Madrid, fueron muchos más los
directos para el recuerdo. En un pequeño plató
por Argüelles, dirigió un ensayo del proyecto
inédito 'África
Cuba Cai' para unos pocos invitados. Aquí al
lado, en La Casa Encendida vistió de largo ante la
prensa el disco 'El pequeño reloj' (hoy descatalogado)
con el bailaor Israel
Galván como invitado. No hacía mucho,
Morente y Galván me regalaron una inolvidable vivencia,
en la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, donde
grabó los audiovisuales del espectáculo 'Arena',
cantando como público taurino, versos taurinos de
Bergamín. Aún me río cuando recuerdo
cómo Pedro G. Romero le decía que tenía
que cantarlo como la tarde anterior y Enrique le replicaba
que eso no era posible. Al final, acabaron poniéndole
la grabación previa en un radiocasette antes de cada
toma y pegando en la espalda del vecino de la grada de abajo
un folio con las letras. Nunca se me olvidan. "Cuando
se está toreando no se está engañando
al toro, que se le está desengañando".
Y a eso unía un lelelelele intrasferible, puro Morente.
Aquella anécdota tiene mucho de
la verdad de Enrique Morente como artista. En la última
entrevista que le hice cuando publicó el primer
recopilatorio de directos inéditos (sacados, según
él, de una caja que tenía Aurora en lo alto
de un armario), no dudé con el titular: "Yo
me la tengo que jugar en cada tercio, si no, prefiero el
desastre". Y es verdad que se la jugaba, hasta el punto
de hacernos sufrir... para, al final, llevarnos al puro
gozo. El factor riesgo que incluía en cada uno de
sus cantes es lo que le hacía grande, lo que le conducía
a los hallazgos.
Siempre hablaba de sus discos como bocetos.
Eso dijo de 'El
pequeño reloj' y también de 'Pablo de
Málaga', él que amaba más los bosquejos
preliminares que Picasso hizo para el 'Guernica', que el
cuadro mismo. El riesgo lo aplicaba al cante clásico,
del que era un absoluto conocedor por mor de su maestro
Pepe
el de la Matrona, a quien se apegó en el duro
Madrid al que llegó con 20 años, llegándose
a convertir en redescubridor y dignificador de una figura
tan clave del cante como fue Antonio
Chacón. A él dedicó aquel disco
que grabara con Pepe
Habichuela, su compañero de batallas también
en aquel premonitorio 'Despegando' y parte de esa saga granadina
de tocaores, la de los Habichuela, que le abrió las
puertas de lo hondo. Y aunque siempre fue fiel a ellos,
a Pepe y a su hermano Juan, muchas fueron las guitarras
que acompañaron su voz: Enrique de Melchor, Rafael
Riqueni, Tomatito, Niño Josele, Alfredo Lagos, Cañizares,
Manuel Parrilla, David Cerreduela, Vicente Amigo, Montoyita,
Miguel Ángel Cortés, Juan Carlos Romero, Paquete...
y el mítico Sabicas,
con quien grabó 'Nueva York/ Granada'.
Aunque, quizás, la más relevante
aportación de Enrique Morente fue el modo en que
adaptó la poesía culta española, tanto
del Siglo de Oro, como del siglo XX, al cante flamenco.
Y, de hecho, es quizás esa una de las vías
por las que logra revolucionar musicalmente el género.
Tan dentro tuvo esos versos que hoy no soy capaz de leer
la rima LIX de Bécquer sin modularla a lo Morente,
lo mismo que tantos y tantos poemas de Lorca. Esa capacidad
fue la que le llevó a proezas como cantar la carta
de Cervantes al Conde de Lemos la víspera de su muerte
o a cantar los textos abstractos de Picasso. Otra de las
vías de renovación fue el encuentro desacomplejado
y valiente con otras músicas. Y no me refiero sólo
a lo "natural". Sí que dialogó con
los músicos gnawa del Norte de África, con
griots senegaleses, con soneros cubanos... pero también
buscó la mística de las voces búlgaras,
la música rock en el grupo Lagartija Nick, la electrónica
en Carlos Jean y en Maxi de Primavera Sound, y hasta el
noise de Sonic Youth.

Enrique Morente con Sonic
Youth en la Heineken Greenspace Valencia (Foto
Daniel
Muñoz) |
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Cuando me enteré de que Morente
y el grupo neoyorquino iban a encontrarse sobre el escenario
del Heineken
Greenspace de Valencia no dudé en hacer la mochila,
coger el tren y plantarme, siempre con mi compañero
Daniel Muñoz -que atesora decenas de fotos que ilustran
todo lo que aquí cuento- en aquella nave de la industria
portuaria reconvertida en espacio indie. Los recuerdos
son confusos hoy, como manchas y ruidos, vibraciones, densidades,
sensaciones lejanas de aquellos diez minutos de 'Martinete',
de un trance vivido por tres mil almas que quizás
nunca supieron de cante flamenco, porque nunca les hizo
falta para sentirlo... como a tantos adictos a 'Omega'.
A ver ahora quién nos consuela.