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FESTIVAL FLAMENCO DE NÎMES 2006.
CURSO DE COMPÁS DE DIEGO CARRASCO
Caminar volando...
por bulerías
Silvia Calado. Nîmes, 29 de enero
de 2006
Festival
Flamenco de Nîmes 2006. Seguimiento diario completo
“El flamenco nos mueve a todos”. A esta
sencilla pero compleja conclusión ha llegado Diego
Carrasco después de una semana de festival en Nîmes.
Sin embargo, ha notado que no todos saben participar de la
ceremonia del flamenco, de la fiesta en familia que tantas
noches se ha montado en el Hôtel Atria, auténtico
centro de operaciones de esta cita jonda del sur francés.
Y a solucionar tal ‘problema’ estuvo orientada
su clase maestra sobre el compás de Jerez impartida
durante el mediodía del sábado en la sala Odéon.
Ante una treintena de alumnos, entre estudiantes de baile
y guitarra, músicos y hasta periodistas, el maestro
del compás ofreció una clase ‘in crescendo’,
que empezó por unas nociones teóricas y acabó
con todos los alumnos bailando por bulerías y sabiendo
compartir un mismo sentimiento de arte, disfrute y respeto.

Curso de Diego Carrasco
en Nîmes (Foto: Daniel Muñoz)
Todos están ya presentados y sentados formando un
amplio arco frente al escenario. El maestro está de
pie en el centro. Comienza la clase. “No se pueden pegar
palmetazos. Hay que ir entrando en el clima con dulzura, de
forma sutil. Me gusta la forma en que nos respetamos en el
flamenco aunque estemos de fiesta”. La primera máxima
a tener en cuenta. La segunda, flexibilidad, pues “la
bulería de Jerez está en el aire”. Ahora
le toca a los pupilos demostrar que están entendiendo
la lección. “¿Sabéis tocar las
palmas por bulerías?”. Clap. Clop. Clip. Clap.
Al principio, todo suena caótico, hasta que una alumna
toma las riendas. Mandando, reconduce a todos los compañeros.
Diego Carrasco detecta la seña de identidad de Lebrija
en la forma de marcar el compás, lo que le da pie a
explicar las diferencias de la bulería entre unos territorios
flamencos y otros. Entre tanto, lanza otro consejo: “Es
importante tener el concepto de la velocidad, saber mantenerla,
no pegar tirones ni hacia arriba ni hacia abajo. Sé
que es difícil, pero hay que trabajarlo”. Continúa
la explicación mostrando otra forma de hacer compás
por bulerías, que deriva de las seguiriyas. Y allá
que van todos los pupilos a dejarse enseñar... tocando
las palmas, esta vez con orden y concierto.

Guitarras a compás (Foto:
Daniel Muñoz)
Ya van todos entrando en ese clima del que hablaba el profesor
al comenzar el taller. Por tanto, llega el momento del ejercicio
práctico. Tra-tra-tra-tra-tra-tra-tra-tra-pum.
Tra-tra-pum. Tra-tra-pum-pum-pum. Aaaaaaaa. Tico-
tatá. Más o menos, esta sería la trascripción
del ejercicio. Cántelo por bulerías sin dejar
de tocar las palmas a compás... eleve los brazos mientras
respira en el ‘aaaaaa’ y remate con los
pies. Verá que no es nada, nada, nada fácil.
Pero con el maestro todo llega a ser posible. Con Juan Grande
haciendo base al cajón y Diego Carrasco dirigiendo
la orquesta en el semicírculo que forman los alumnos.
Por supuesto, no faltó a clase el sentido del humor.
“¡Si no sale con ‘tran’, que sé
que en francés es difícil de pronunciar, probamos
con ‘foie’!”. No hizo falta. Poco a poco,
salió el ‘tran’ y todo el ejercicio, con
guitarras y saxo incluidos. Menuda timba.
Pero aún el profesor quería sacar más
provecho de la lección. A una alumna, estudiante de
baile, le preguntó por su estilo preferido. Era la
soleá. Y la puso a hacer compás por soleá.
¿Quieres bailar? Y bailó. Al tercer o cuarto
compás, pidió a todos que subieran la velocidad
y la condujéramos (sí, en primera persona del
plural) a bulerías. Ya metidos en faena, quiso redondear
la lección con un pasito por bulerías ‘robado’
al maestro del baile Manuel
Soler. Una especie de caminar... con soniquete. “Vamos
a volar”. Y todos volaron, realmente, volaron alrededor
del maestro, en una especie de guateque por bulerías
tan didáctico como terapéutico. Una alumna sentenció:
“Después de esta clase, ya nunca volveremos a
caminar igual”. Tenía razón.

Y al final, la fiesta (Foto: Daniel
Muñoz)
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