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FESTIVAL FLAMENCO DE NÎMES 2006.
ISRAEL GALVÁN / INÉS BACÁN
El creador y la esencia
Silvia Calado. Nîmes, 26 de enero
de 2006
Primera parte: Inés Bacán:
cante. Antonio Moya: guitarra. Segunda parte: ‘La edad
de oro’. Israel Galván: baile.
Fernando Terremoto: cante. Alfredo Lagos: guitarra. Théâtre
de Nîmes. Nîmes (Francia), 26 de enero de 2006.
20.30 horas
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Israel Galván (Foto: Daniel Muñoz) |
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Nîmes es tierra taurina y, por ende, tierra flamenca.
Existen en esta ciudad del sur de Francia unas cuarenta peñas
taurinas y casi el mismo número de academias de sevillanas
y flamenco. Aunque cuando mejor se aprecia esta segunda afición
es durante el festival que cada mes de enero organiza Théâtre
de Nîmes. Arrancó en esta edición hace
tres noches, con la actuación en el ‘café
cantante’ Odéon del cantaor jerezano Luis el
Zambo, acompañado a la guitarra por Alfredo Lagos,
y del cantaor francés José la Negreta con Antonio
Moya al toque. Continuó el martes con el grupo galo
Reflejo Flamenco, para cerrar el programa de precalentamiento
la noche del miércoles con jóvenes valores del
baile, el toque y el cante premiados el pasado año
en los concursos de Jerez y La Unión: Iván Vargas,
Antonio Rey y Miguel de Tena. Y en la cuarta jornada el epicentro
del festival pasó a ser el teatro principal de la ciudad,
completas sus ochocientas localidades para degustar un intenso
doble programa. La primera parte, un recital a cargo de Inés
Bacán. La segunda, ese laboratorio en el que se
experimenta con el flamenco llamado ‘La edad de oro’
y encabezado por el Premio Nacional de Danza 2005... a la
creación.
La cantaora lebrijana ofreció un recital completo,
tenso, ancestral. Escoltada al toque por Antonio Moya, inició
su profundo periplo por tientos, tangos doblemente ralentizados
que fueron brotando de su garganta sin ninguna prisa, elevando
los brazos como para una suerte de invocación. Trajo
seguidamente las añejas cantiñas de Pinini,
paso previo a una mayúscula soleá. La hizo profunda,
desde dentro, rompiendo el aire con lamentos contenidos. Mantuvo
ese clima estremecedor en la nana. Volvió al registro
interior en las seguiriyas. Quejío quebradizo. Ya al
final quiso exteriorizar por bulerías, con la sonanta
acordándose de Diego del Gastor. Y la audiencia le
pidió más. Por respuesta, una toná en
pie sin micro, cuyo eco quedó flotando en la sala.
Quizás la proyección ayer del documental
‘Inés, hermana mía’ en el Forum
Fnac, dotó al concierto, de antemano, de una especial
complicidad entre artista y público.

Inés Bacán (Foto:
Daniel Muñoz)
La intensidad y la esencialidad del cante de Inés
Bacán, fue un excelente preámbulo para ‘La
edad de oro’. El montaje de Israel
Galván es como la cocina de Ferrán Adriá,
pura deconstrucción. Usa estrictamente flamenco tradicional,
lo fragmenta, extrae su jugo... y a partir de ahí construye
un idioma ‘sui generis’, pero con el mismo mensaje,
con la misma jondura, con el mismo sabor. Si quien canta por
malagueñas o por soleá es Fernando Terremoto,
no hay duda de que la ortodoxia está en toda regla.
Y, además, es que lo hizo brillantemente, haciendo
las delicias de la audiencia cada vez que su pulmón
entró en erupción. La guitarra de Alfredo
Lagos, se presta más a la innovación, acompañando
cada fracción de movimiento del bailaor sevillano.
Y es que contemplar a Israel Galván en acción
es una experiencia impactante. Al principio, descoloca, provoca
hasta nerviosismo, hay quien no sabe si reír o si salirse
de la sala. Pero no se sabe de qué manera, poco a poco
la audiencia va asimilándolo hasta vibrar de emoción.
Anoche en Nîmes, una ciudad que ha visto su baile evolucionar
desde que era un niño, el resultado fue auténtica
euforia, ovación tras ovación, dos bises. No
debe ser casualidad que le hayan otorgado el máximo
galardón español de la danza... y encima en
la modalidad de creación, hasta hace poco vedada para
el flamenco.
revista@flamenco-world.com
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