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FESTIVAL FLAMENCO NÎMES 2006. LOS
JUNCALES
Diego Carrasco. Moraíto. Manuel Molina. Tomasito
Guerreros épicos
Silvia Calado. Nîmes, 27 de enero
de 2006
‘Los Juncales’. Diego Carrasco:
guitarra y cante. Tomasito: cante y baile. Moraíto:
guitarra. Manuel Molina: guitarra y cante. Bo, Maloko, Juan
Grande: compás. Théâtre de Nîmes.
‘Juan Diego en concierto’. Juan
Diego: guitarra. Marcelino Fernández: cante. Dr. Kelly:
percusión. Hôtel Atria. Nîmes (Francia),
27 de enero de 2006
La peña flamenca del barrio jerezano de Santiago se
traslada a Nîmes. Por una noche. Por un ratito. Y para
la ocasión, Los Juncales ha seleccionado a una confluencia
inédita de épicos guerreros de lo jondo. No
es habitual ni que a Tomasito le toque la guitarra Moraíto
Chico, ni que a Manuel Molina le haga compás Diego
Carrasco. No es que no sea habitual... es que nunca antes
había sucedido. No era de extrañar que la gala
ofreciera momentos de inconmensurable sabor siendo, además,
los cuatro en cuestión artistas de lo más personal
y creativo.
Diego Carrasco
(Foto: Daniel Muñoz) |
Tomasito
(Foto: Daniel Muñoz) |
Tomasito
asoma. Ráfaga de simpatía al baile, al dicho
a compás y a la broma. El duendecillo se va, pero la
bulería queda. Moraíto blande la guitarra. Saca
con naturalidad un rotundo sonido al instrumento. Pasajes
de distintos tactos, desde la la tradición jerezana
a la idiosincrasia personal, resumida en magnas composiciones
como ‘Rocayisa’ del disco ‘Morao,
morao’. Otra ráfaga de Tomasito hace de transición.
Hace aparición Diego Carrasco. La guitarra volando.
Oda al toreo para una afición taurina. “Silencio
y oro. Adivina, ¿quién llegó primero:
la coleta, el toro o el torero?”. Una pincelada apenas.
Se cruza con otro trovador flamenco. Cante, guitarra y verso.
Manuel
Molina ocupa el asiento central para lanzar su lamento
al cielo. No está en su punto la garganta, pero el
estremecimiento es el mismo. Recuerdos del mítico ‘Nuevo
día’. Lole Montoya no está, pero está.
Poeta jondo que sentencia: “Hay que cantar de verdad...
ni bien, ni mal”.

Fin de fiesta (Foto: Daniel Muñoz)
Toma el relevo Diego
Carrasco, equipado con la guitarra de Tate y una exquisita
selección de sus canciones. El Cachorro me dijo...
Debajo de la hoja de la lechuga... Cristales de luz negra...
Sueña con el vuelo del pájaro... La voz rota,
honda. El compás por delante. Los acordes justos. Y
a eso que entra otro ‘juncal’. Moraíto
se suma a la fiesta. Por Lebrija. La música crece.
Y el trovador puede volar libremente por la escena. Ssssssshhhhh.
“Ante todo, prefiero el silencio”. Tomasito viene
ahora para quedarse. Regala unos cuantos de sus temas en acústico.
Desde la ‘Soleá punk’ al ‘Torrotrón’.
La intervención del ‘niño robot’
surte un mágico efecto en el patio de butacas. El ambiente
llama ya al fin de fiesta. La química de los cuatro
‘juncales’ confluye. El que toca, baila. El que
baila, toca. Los guerreros, a una: al flamenco. Y Santiago
en Nîmes.
Juan Diego, música para el alma
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Juan Diego
(Foto: Daniel Muñoz) |
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Festival Flamenco de Nîmes puso a prueba un nuevo formato.
Eligió el auditorio del Hôtel Atria para programar
su primer concierto de medianoche. Y abrió el escenario
Juan
Diego. El guitarrista jerezano aprovechó la ocasión
para estrenar en directo algunos de los nuevos temas que está
grabando en Estados Unidos para el que será su segundo
trabajo discográfico. Sonaron estas piezas con calma,
con dimensión. Su música se define más
y más como un bálsamo para el alma. El trabajo
de armonía que desarrolla este flamenco sin prisas,
mano a mano con Musiquita, va dando como fruto composiciones
de largo alcance y de innovación dentro del panorama
del toque actual. Ya se hace larga la espera hasta la edición
del álbum. Las novedades se intercalaron entre el repertorio
de ‘Luminaria’, pura arcilla que va modelando
con suavidad, que le resbala entre los dedos y escapa con
vida propia. Acompañándole estuvo el cantaor
Marcelino Fernández, cordobés afincado en Jerez
de acaramelado quejío. Con los mínimos elementos,
aprentemente al menos, hiló un concierto que huyó
a cada paso de la exhibición, requiriendo un esfuerzo
de complicidad con un público que busca más
allá de lo fácil, de lo superficial. Recital
emotivo y redondo, intimista y expresivo, que coloca a Juan
Diego un paso más allá de la guitarra flamenca.
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