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NIÑA PASTORI.
‘NO HAY QUINTO MALO’
Algo de su vida
Silvia Calado. Madrid, 11 de noviembre
de 2004
Fotos: Daniel Muñoz
‘No hay quinto malo’.
Niña Pastori: cante. Chaboli: cajón. Diego
de Morao: guitarra. José María Cortina: teclados.
Antonio Ramos ‘Maca’: bajo. Loli, Anabel, Toñi:
coros. Ciclo Encuentros en Casa de América. Madrid,
11 de noviembre de 2004. 21 horas.
Niña Pastori dice que ‘No hay quinto malo’.
Y todo apunta a que tiene razón. Ya se ha colocado
directamente en el primer puesto de las listas de venta españolas
y ha recibido el entusiasta plácet del público.
La reacción de los asistentes a la presentación
del quinto trabajo discográfico de la cantaora gaditana
fue más que elocuente. La puesta de largo tuvo lugar
en el recogido anfiteatro de la Casa de América de
Madrid, que esta temporada ha convocado un ciclo de encuentros
musicales.
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Niña Pastori |
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Alrededor del escenario en semicírculo, la audiencia
está expectante. Los músicos toman posiciones.
La protagonista entra con paso firme. La sala estalla en un
cálido aplauso. Se sienta, toma el micro y... “Este
es un día muy especial por muchas razones. Hace un
año y dos meses que no me subo a un escenario, tiempo
durante el que he estado trabajando para conseguir un buen
disco. A mí me importa el principio y el ambiente en
la calle es de entusiasmo. Estoy muy feliz. Todos las canciones
de este disco son muy especiales, pues todas cuentan algo
de mi vida”.
Y para empezar escogió, de entre la decena de cortes
del disco, ‘Santo romero’. Como la mayoría
de los temas, una canción por tangos, con estribillo
pegadizo pero no agresivo, musicalizada con gusto y con suficiente
espacio para dar alas a la voz de Niña Pastori. A propósito
de su voz, la cantaora ha ganado en madurez, en serenidad
y, si cabía, en dominio de los matices de todo su espectro.
Sabe reservarse, sabe recogerse y casi apenas susurrar. Sabe
volar alto, quebrarse y quejarse con toda la garganta... Y
el sentimiento. No sólo se cree lo que canta, sino
que lo siente. Ya está. Ya cantó la primera.
Ya respira. La siguiente canción es ‘La tata’.
“Creo que la gente se va a sentir identificada porque
todos hemos tenido a una persona mayor que nos ha cuidado”.
Mientras pronuncia estas palabras se levanta, micro en mano.
Chaboli
marca el compás con la escobilla sobre su pierna. Y
ella canta bajito paseándose por toda la escena. El
estribillo, que lo hay, lo hacen con extrema suavidad las
niñas del coro. Todo está medido. Aunque se
da por supuesta, sorprende la profesionalidad siendo, como
era, una puesta de largo. “¡Qué bonito,
por dios!”, le gritan.
El recital continúa con ‘Imposible’, una
canción que se anuncia con una sencilla melodía
de órgano que se convierte en seña de identidad
de la composición. Aquí canta María como
con dolor, totalmente entregada. Hay hueco para la diestra
guitarra de Diego del Morao, que no sólo luce escuela
sino también un personal entendimiento musical... tan
flamenco. María cierra los puños, canta con
fuerza. Y el público se emociona. “Un poquito
por bulerías”. Y por bulerías, de verdad.
Empleando como marco la canción ‘La cuna’,
la cantaora se templa y tira de la ortodoxia flamenca, escoltada
por el toque cien por cien jerezano. Oles tras cada tercio.
El clímax del concierto llega con el single ‘Puede
ser’. “Este es otro tema muy especial. He querido
hacer un trabajo en el que disfrutara luego en los conciertos,
pues es fundamental defenderlo durante un año con entusiasmo
y con ganas”. El tema conjuga la profundidad interpretativa
de Niña Pastori con las coordenadas fundamentales de
la canción pegadiza y con tirón, más
el añadido de cierta elaboración en lo musical.
Convence. Suena grande, como si ya viniera rodado. Y es que,
como dijo María, “este disco es distinto a los
demás porque canto cosas que realmente las siento”.
Ocurre con la canción ‘Tres minutos’ que,
como ya toda la prensa sabe, “la sacó Chaboli
la noche antes de nuestra boda”. Amor, toda amor. El
público acaba en pie. Y pide bis, que es atendido por
bulerías, a lo tradicional otra vez, con Anabel echándose
un bailecito. Pero la audiencia quiere más. Y son sinceros.
“Lo que pasa es que no tenemos nada más preparado.
Desde luego que ensayamos lo justito, somos más flojos”.
Y al público le da igual. Piden ‘Cai’.
Y tienen ‘Cai’. María canta el tema del
disco ‘Cañaílla’
que tanto marcó a solas con el piano de José
María Cortina. Pero aún no está saciado
el público. “¡Pues repite!”. A Niña
Pastori no le gusta mucho la idea -“está feo,
¿no?”-, pero asiente. Y vuelta al ruedo con el
“puede ser, que nos veamos otra vez, con otros ojos
no lo sé y tú no digas nada...”.
Niña Pastori
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