NOCHE BLANCA DEL FLAMENCO DE CÓRDOBA 2009
LEBRIJANO & FAIÇAL, ARCÁNGEL, JOSÉ
MERCÉ…
Cuando el flamenco dejó
en vela
a la ciudad omeya
Silvia Calado. Córdoba, 21 de junio de 2009
Fotos: Daniel Muñoz
Arcángel
y Miguel Ángel Cortés frente al
alminar de la Mezquita de Córdoba (Foto
Daniel Muñoz) |
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Tienen costumbre los andaluces de salir
de paseo con la fresca. A eso de las nueve de la noche,
abandonan el refugio de puertas adentro y andan por las
calles de sus pueblos o ciudades en busca de algún
rincón donde, con el devenir de la noche, la temperatura
dé una leve tregua hasta el siguiente mediodía.
Aunque a veces sucede que dan las nueve de la noche y los
termómetros siguen marcando 38º centígrados.
Eso fue justo lo que pasó la madrugada del 20 al
21 de junio 2009 en Córdoba, la Noche Blanca del
Flamenco... y pasará muchas más veces de aquí
a septiembre. Así es el estío por estas latitudes.
Y si a la diaria esperanza del fresco se
le suma un motivo tan irresistible como el de poder presenciar
gratuitamente un buen puñado de recitales flamencos
en los enclaves más idóneos de la ciudad,
no es de extrañar que los cordobeses y muchísimos
forasteros tomaran, literalmente, calles, patios y plazas.
Según el Instituto de Estadística de Andalucía,
la ciudad de los omeyas sumaba el pasado año 325.453
habitantes. Y según el Ayuntamiento, en la primera
edición de la Noche Blanca participaron 200.000 cordobeses.
La previsión para este año era duplicar lo
cual, evidentemente, era una exageración… pero
se superó la cifra en cincuenta mil personas. Todo
un éxito para esta ciudad que no deja de sumarse
atractivos y, sobre todo, para el flamenco que, en estos
tiempos de crisis (unas reales y otras mediáticas),
demuestra su poder de convocatoria, sus múltiples
atractivos artísticos y su capacidad como agente
dinamizador de la vida cultural.
Prueba de sonido con público
y paseo fotográfico
Exposición
de fotos al aire libre y set 'Pa flamenco yo'
en la fachada del Conservatorio Rafael Orozco
(Foto Daniel Muñoz) |
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El público estaba entregado desde
bien temprano. Aunque la actuación de Juan
Peña ‘El Lebrijano’ & Faiçal
no iba a ser hasta las 10:30 de la noche, hora y media antes
ya se había llenado medio aforo de la Plaza de las
Tendillas. Prueba de sonido con público, ole. Por
el Paseo Gran Capitán iban y venían las familias
entre las blanquinegras fotografías de Ruvén
Afanador, sorprendiendo todavía en el improvisado
vestuario a las marionetas de ‘Cuentos por seguiriyas’.
Unos a otros iban popularizando el saludo de la noche: “¿Qué?
¿De flamenqueo?”. Por las callejuelas que se
adentran en la Judería se iba notando el ir y venir,
ambientado por el inmenso eco del “Truena”,
es decir, ‘En el soto’.
Unos se hacían fotos en los divertidos
sets “Pa flamenco yo” dispersos por la ciudad,
de esos de verbena en los que asomas la cabeza por un agujero
y ¡click!, ya soy cantaor… de cómic.
Otros cogían ya sitio en las terrazas de las tabernas,
totalmente implicadas con la noche. Vamos, que había
hasta tapa especial, como el reparador “Potaje Noche
Blanca” que prometía milagros por cinco euros
en la plaza del Museo Arqueológico. Aunque era temprano
para tamaña delicia cuando el guitarrista del espectáculo
‘De Córdoba a La Habana’ probaba sonido,
aún con la luz del día alumbrando la cal y
las buganvillas. Un par de salmorejos después, la
Noche Blanca del Flamenco comenzaba a hervir. En la Plaza
de las Tendillas no cabía un alfiler. Las sillas
estaban tan repletas como las terrazas y hasta los poyetes
de las jardineras. La televisión retransmitiendo,
las casetas de los vinos cordobeses que no daban abasto…
Y Juan Peña entregadito a la causa en compañía
de los músicos andalusíes con los que tan
bien se entiende. Juntos refrendaban por bulerías
la hermandad intercultural que rezuman todos los poros de
esta ciudad.
Quienes no encontraban ya sitio aquí,
optaron por ir bajando hasta la Mezquita a coger sitio para
la siguiente actuación o quizás por irse al
Teatro de la Axerquía a ver el espectáculo
‘Cálida hondura’ del bailaor Daniel
Navarro. En el Patio de los Naranjos estaba previsto
que tocara Paco Serrano y que cantara Arcángel media
horas después de la medianoche. Aunque a pesar de
la riadas de gente que recorrían la calle Jesús
María, había que tener en cuenta que -según
contaba al día siguiente la prensa local- otras 50.000
personas estaban en ese momento en República Argentina
viendo en directo al mítico grupo de rock andaluz
Medina Azahara y a la cantante Rosario Flores. Suma y sigue.
Paseo jondo por la Judería
El paseo hasta el templo de los omeyas,
se podía hacer aún con tiempo para refrescarse
la garganta en algún patio perfumado de jazmines
y naranjas. Los cordobeses vivían la noche como una
fiesta que hubieran hecho suya hace muchos años,
cuando en realidad acaba de nacer. Y vuelve a sorprender
la cantidad de público que estaba ya entrando al
Patio de los Naranjos… y mucho más el que ya
estaba dentro. Las sillas ya llenas, y familias enteras
sentadas en cualquier escalón del fascinante monumento,
previa recogida de claveles rojos que promocionan la candidatura
de Córdoba como Capital Europea de la Cultura 2016
y previo paso por la fuente que siglo tras siglo ofrece
su agua clara.
Conmovía cómo el pueblo tomaba
para fines laicos un lugar pensado para el rezo; antaño
musulmán, hoy católico. Lo único de
santo esta noche, la paciencia del respetable. Allí
aguardó con quejas mínimas y una banda sonora
que mezclaba a Vicente
Amigo enlatado, pandas de verdiales en vivo y el bullicio
de la charla. Superado el retraso, abrió el cartel
doble la guitarra solista del cordobés Paco Serrano
y lo remató el esperado Arcángel
con su recital de cante clásico. Menuda ovación
que le dedicó el público al onubense cuando
salió por bulerías rodeado de corro de palmas
y voces. Ya sentado y flanqueado al toque por Miguel
Ángel Cortés, se quedó cantando
al alminar por soleá…
Marea humana en la plaza mayor
Y, precisamente, fue ese cante el que José
Mercé estaba defendiendo con Moraíto
al toque cuando logramos acceder a la Corredera. Menos mal
que seguimos a los paisanos por las laberínticas
calles, dejando pasar otros escenarios chiquititos en recoletas
plazuelas, y entramos por el lado de la Plaza de las Cañas.
Por el otro extremo la policía hacía tiempo
que había tenido que cortar el paso. Auparse para
ver la marea humana escuchando fandangos y jaleándolos
dejaba estupefacto. Aquí la audiencia era más
joven que familiar, y le vino de lujo que el cantaor jerezano
enseguida llamara “a mi gente” y empezara a
interpretar sus conocidos ‘hits’, a compases
tan de moverse como el de las alegrías. Los más
afortunados, los vecinos de esta grandiosa plaza mayor del
siglo XVII que aunque apretujados en los balcones, gozaban
de privilegiados palcos. Abajo, realmente, era difícil
moverse… y hasta respirar.
Y aún quedaba mucha noche por delante.
Que si ‘Puro y jondo’, un homenaje al Concurso
Nacional de Córdoba en la Sala Orive, que si la performance
‘Jondura’ en el Museo Julio Romero de Torres,
que si el espectáculo de toreo de salón con
cante ‘Taurojondo’ en la Plaza de Conde de Priego,
que si las voces de mujer, que si las voces jóvenes…
Así hasta un total de cincuenta actuaciones protagonizadas
por seiscientos artistas. En fin, que otra vez a echar mano
del plano-programa, uno de los cien mil que se habían
repartido tan eficientemente entre propios y extraños,
y que se plegaron y desplegaron sin descanso en esta exitosa
segunda edición de la Noche Blanca del Flamenco de
Córdoba. Sin duda, una cita para marcar con fluorescente
en el calendario. Son las 3 de la mañana. El termómetro
marca 30º centígrados…