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Flamenco: tradición e innovación
Norberto Torres Cortés
Al igual que el tango, el flamenco es a la vez un género histórico
y un universo estilístico que sobrepasa ampliamente sus fronteras originarias.
Con motivo del ciclo de flamenco oraganizado por la Cité de la Musique
de Paris en marzo de 2002, con las actuaciones de Manolo Sanlúcar, Isidro
Sanlúcar, Carmen Linares y Tino di Gerardo en 'Locura de Brisa y Trino',
Esperanza Fernández y Miguel Angel Cortés, Gerardo Nuñez
y Carmen Cortés, Marina Heredia y grupo, Montse Cortés y el Viejín,
Chano Lobato y Antonio Soto, y Carmen Ledesma, elaboramos el presente dossier
sobre tradición e innovación en el flamenco, publicado en francés
en el número treinta y siete de la la revista del mencionado organismo.

La Niña de los Peines
La multiplicidad de las corrientes que conoce hoy el flamenco nos obliga a
reconsiderar su propia definición, así como a tener en cuenta la
parte de nostalgia que encarnan algunos de sus representantes, mientras otros
le atribuyen al contrario realidades musicales cada vez más variadas.
Hace apenas algunos años un solo modelo prevalecía, forjado en
un mismo ímpetu de recuperación, mantenimiento, divulgación
y dignidad de formas y expresiones artísticas que fueron consideradas como
"auténticas" o cercanas a un pasado más bien idealizado.
El flamenco se resumía entonces a lo que la mayoría de los aficionados,
artistas, críticos e investigadores entendían entonces por flamenco.
Algunos debates tenían lugar, pero no iban más allá de peleas
locales entre especialistas... En este contexto, el artista tenía un sino
predestinado: debía haber nacido en Andalucía (o en el seno de una
familia perteneciente a la tradición flamenca), perpetuar esta tradición
para ser luego profesional, después de haber conseguido el reconocimiento
oficial en concursos de prestigio. Después de pasar por estas etapas, el
artista debía engrosar la lista de Pulpón, empresario sevillano
imprescindible para ser programado en verano en los festivales, en invierno en
las peñas, o durante el resto del año en los tablaos. Pocos artistas
escaparon a este sino. Incluso Camarón de la Isla, considerado hoy como
paradigma de artista flamenco "rebelde" y "revolucionario"
no salió de las normas y fue la estrella de los festivales, ídolo
de esta forma andaluza de cultura de masa.
Otro valor prevalecía cuando se hablaba de flamenco: la experiencia.
Cuantos más años tenía un artista y experiencia acumulada,
más se entendía su interpretación como "tesoro a conservar".
Las cosas cambian hoy con el arrollador hambre consumista de la sociedad española.
El valor de la conservación -hoy entendido como repetición negativa
y aburrida de las mismas formas- ha dejado sitio a una fuerte corriente de creación.
También la atracción por lo antiguo -fuente de riqueza y de sabiduría-
está menos de moda que la exaltación de la juventud, capaz de innovar.
¿Cómo definir hoy a un artista flamenco? ¿Por las referencias
clásicas, la sed de innovación, la madurez de la experiencia o el
riesgo creador de la juventud?
Porque ésta es otra. La confusión actual de los mensajes emitidos
por los que ayudan a uno a forjarse un juicio crítico, inteligente, la
llamada crítica flamenca. Y aquí sí que podemos notar la
irrupción de una generación de periodistas formados en otras claves
culturales, que tratan ahora el flamenco en claves de cultura musical de masa,
como el rock, el pop o la música ligera. A lo que hay que añadir
la influencia determinante que desempeña la comunicación vía
Internet, es decir, la que se establece entre aficionados de todos los horizontes
en foros y "chats" para debatir sobre flamenco y hacer evolucionar el
significado que se atribuye a esta música. Paralelamente, observamos que
los públicos tienden a fragmentarse y a "des-asociar" el flamenco
con las mismas músicas. Algunos podrían llevarse las manos a la
cabeza con este nuevo fenómeno; pero creo que esta incógnita resulta
fascinante: ¿Cómo respirarán mañana los miles de aficionados
apasionados, disgregados por el planeta y cuyo perfil cambia sin parar? ¿Influirán
sus gustos y demandas en el género?
¿Clásico o contemporáneo?
Ante la dificultad de lectura del presente, intentemos primero establecer categorías,
polos que nos permitirán situar a cada artista. Si uno está atento
a lo que se escribe, lo que se comenta sobre el flamenco hoy, podrá percibir
que dos términos parecen gozar del consenso colectivo: flamenco clásico
y flamenco contemporáneo.
Para pasar rápido sobre algo más que repetido, diremos que el flamenco
"clásico" corresponde a formas nacidas con la aparición
del género en Andalucía en el siglo XIX, esencialmente en la parte
occidental de esta región de España. Música modal y tonal
situada entre Oriente y Occidente, entre las músicas gitanas y las tradiciones
andaluzas, música dotada de una expresión a la vez dolorosa y festiva
ligada a los sentimientos contradictorios de las clases populares y marginales
andaluzas, el flamenco clásico atraviesa su edad de oro en la segunda mitad
del XIX. Esta tradición se continúa interpretando hoy con mucho
respeto y con la voluntad de conservar esta herencia de los "maestros del
pasado". Aunque parte de los aficionados -sobre todo los agrupados en torno
al cantaor sevillano Antonio Mairena- haya proclamado que su evolución
se había acabado, el flamenco clásico sigue transformándose,
siguiendo una lenta adaptación solicitada por su público. Es en
el dominio de la renovación de las coplas, es decir en el contenido poético
del cante, que los artistas del flamenco clásico llevan lo esencial de
su esfuerzo.
Motivados por dar al flamenco mayor dignidad y reconocimiento -como lo hicieron
antes Falla y Lorca- reemplazan hoy las coplas tradicionales y anónimas
por fragmentos de poemas eruditos (Lorca, Gerardo Diego, Antonio y Manuel Machado,
Juan Ramón Jiménez, Fernando Villalón, Rafael Alberti, Bécquer...).
Vicente Soto Sordera, uno de los miembros de una de las familias gitanas más
importantes de Jerez, interpreta incluso a Pessoa sobre las formas flamencas tradicionales,
mientras el joven cantaor del Levante español Curro Piñana, lo hará
con Ibn Al-Arabí, poeta místico arabo-murciano del siglo XII. Es
esta misma atracción por la cultura clásica que manifiesta el guitarrista
Manolo Sanlúcar (compositor de varios conciertos para guitarra flamenca
y orquesta) o las producciones del Ballet Nacional de España o de la Compañía
Andaluza de Danza, con coreografías flamencas adaptadas para la danza clásica.

Antonio Canales (Foto: Daniel Muñoz)
Las figuras de la renovación
Frente a este flamenco que cultiva las referencias antiguas, haciendo prueba
de conservación, de transmisión y de dignidad, otra sensibilidad
ha tomado carta de naturaleza, considerando que su razón de ser dependía
del grado de re-creación o creación, de evolución y personalización.
Dos personajes encarnan este terreno de la renovación en los treinta últimos
años: Camarón de la Isla y Paco de Lucía. Los dos han sido
sacralizados por sus admiradores y se han convertido en verdaderos ídolos
del flamenco contemporáneo. Conviene también citar a Enrique Morente,
Manolo Sanlúcar, Antonio Gades o Mario Maya como pertenecientes a una misma
generación que renueva la tradición adaptando su arte a las corrientes
artísticas contemporáneas. Su obra nutre, que duda cabe, a la generación
actual de músicos y coreógrafos que definimos como "flamenco
contemporáneo". Este gran cambio se vislumbra a partir de mediados
de los años setenta, coincidiendo con el final de la dictadura fascista
de Franco y la llegada de la democracia a España. Todo ocurre como si al
deseo de libertad política se hubiera añadido el de libertad artística...
Entre las aportaciones más significativas de esta joven generación,
la más importante parece ser el paso del dúo cantaor-tocaor al "grupo
flamenco". Esta nueva configuración favorece el contacto con otras
culturas musicales y engendra una verdadera eclosión de corrientes transversales
que combinan -o fusionan, según el término de moda- el flamenco
con otros estilos: flamenco-blues, flamenco-pop, flamenco-rock, flamenco-jazz,
flamenco-salsa, flamenco-rap, flamenco-son, flamenco-bossa, cantautores flamencos...
En este hormigueo de encuentros, mezclas, influencias e intentos, Claude Worms
establece una primera división entre grupos con dominante vocal y grupos
con dominante instrumental (con la guitarra como instrumento de referencia). Un
sello discográfico y un fenómeno sociológico acompañaron
la eclosión de esta vasta corriente musical que ha trastornado la evolución
apacible del flamenco clásico, los dos situados en Madrid: Nuevos Medios
y la "movida". Pata Negra, Ketama, La Barbería del Sur, Niña
Pastori, José Mercé, Vicente Amigo, Gerardo Nuñez, Tomatito,
Chano Domínguez, Carles Benavent, Jorge Pardo, Diego Carrasco, Tomasito,
Joaquín Cortés, Antonio Canales, Sara Baras... La lista sería
interminable y muy variada.
La evolución del flamenco ha conocido pues diferentes fases: una edad
de oro en la segunda mitad del XIX, cierta "decadencia" (conocida como
Ópera flamenca) entre los años 20 a 50 del siglo XX, un nuevo periodo
de interés por las formas tradicionales (cercano esta vez a la mentalidad
neoclásica) y ahora un auge de la creatividad innovadora y vanguardista
(acentuado por el contacto con otras culturas).
Estas etapas desembocan hoy en una dicotomía muy clara entre tradición
e innovación (sin que sepamos por otra parte si esta última beneficiará
o no al flamenco). Tradición versus innovación podríamos
decir para concluir, ya que esta dicotomía, -es decir, la clásica
disputa entre antiguos y modernos- siempre ha existido y parece formar parte de
la propia identidad del flamenco. Los artistas y los aficionados han tomado siempre
posición para privilegiar el "flamenco puro" o el "flamenco
artístico". El Planeta y El Fillo, Antonio Chacón y Manuel
Torre, Tomás Pavón y Pepe Marchena, La Niña de los Peines
y Tía Anica la Periñaca, Antonio Mairena y Manolo Caracol, Javier
Molina y Ramón Montoya, Antonio y Farruco, Canales y El Pipa, Matilde Coral
y Sara Baras... La historia del flamenco está puntuada por estas figuras
que, aunque parecen oponerse, en realidad se articulan entre ellas. Observamos
incluso una verdadera dialéctica entre las dos tendencias, sin duda una
de las pruebas evidentes de la dimensión artística del flamenco,
un arte que a modo de río no para de renovarse y adaptarse a las diferentes
épocas que atraviesa, confirmándose así como una de las ventanas
abiertas del arte andaluz y español.
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