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PACO DE LUCÍA.
PLAZA DE TOROS DE LAS VENTAS DE MADRID
Histórica faena
S.C. Madrid, 22 de septiembre de 2005
‘Cositas buenas’. Paco
de Lucía: guitarra. Duquende, Montse Cortés,
La Tana: cante. Niño Josele: segunda guitarra. Piraña:
percusión. Antonio Serrano: armónica, teclado.
Alain Pérez: bajo. Plaza de Toros de Las Ventas. Madrid,
22 de septiembre de 2005. 22 horas
Paco de Lucía (Foto:
Daniel Muñoz) |
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Hace cuatro meses que vino al mundo y ya ha estado en uno
de los mejores conciertos de su vida. Rafael, el hijo pequeño
de Diego el Cigala, fue uno de los diez mil espectadores que
abarrotaron la noche del jueves 22 de septiembre de 2005 Las
Ventas de Madrid, la primera plaza del mundo para los toreros...
y ahora también para los flamencos. Aunque lleva décadas
llenando cosos de tal magnitud, Paco de Lucía ha vuelto
a hacer historia justo treinta años después
de que tocara por primera vez en el Teatro Real de la capital
española, escenario que abrió para una música
vedada hasta entonces en el circuito ‘culto’ español
(que no mundial). Conciertos históricos.
Desde los palcos, colosal perspectiva. El ruedo cubierto
de moqueta roja y convertido en patio de butacas; los tendidos
llenándose a toda velocidad de público; las
andanadas, a rebosar desde la apertura de puertas; pregoneros
de refrescos, patatas fritas, almohadillas. De la decoración
goyesca que enmarcaba el escenario, mejor obviar los comentarios.
Y la frondosa vegetación, como siempre, de única
escenografía. Al apagarse los focos de la plaza, que
casi convierten la noche en día, ovación, salto
de vallas y ‘okupación’ de las gradas más
bajas. Si es que, como decía un aficionado, “algunos
de las primeras filas no saben ni quién toca y otros
de las filas más altas saben tocar lo que se va a oír”.
Aún así, a nadie discrimina este músico.
Se hace el silencio. Paco de Lucía y su guitarra están
solos. Rondeña. Máxima delicadeza. Oles para
el primer temple. Las pantallas gigantes dan el detalle de
su concentrado rostro, de sus divinas manos. Comienza el trance.
Ovación de escalofrío. Diez mil oles al unísono.
Alaban al maestro y dan, de paso, la bienvenida al grupo.
Rasgueo por bulerías. Furor en la grada. Lo vibrante
no se riñe con lo elegante. Soniquete, potencia...
y finura. El culmen de la historia de la guitarra. Este es
su mundo y lo comparte. El cante, más que presente.
En esta nueva banda son tres voces. Canta La
Tana, su descubrimiento. Canta Montse
Cortés, ineludible. Canta Duquende... y el público
enloquece.
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Foto: Daniel Muñoz |
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Los caminos de la bulería, en estas seis cuerdas,
son infinitos. Piraña abre la veda. Soniquetazo. Guitarra
y percusión, sin más. La sonanta vuela. Ronda
de virguerías. Arriesga. La audiencia alucina. “¡Tú
sí que eres un torero!”, le gritan desde las
alturas. Y vuelve a recibir al astado ‘a porta gayola’.
La libertad del fandango da rienda suelta a su genialidad.
Sonido imponente. Inconmensurable belleza. El éxtasis
se alimenta a continuación con aires atlánticos.
Alegrías. El grupo hace piña para multiplicar
el compás. Luz. La música crece hasta enfebrecer
a la audiencia.
El descanso es el momento propicio para que el público
se recree con sus ídolos. “¡Cigaaaala,
Cigaaaaaala!”, gritan desde la barrera. Una foto con
el móvil junto a Antonio Carmona. Viva la era digital.
Pero la fiesta dura diez minutos. Al que hace once, el grupo
entero estaba ya atacando. Tanguillos. El cante, apurando
las notas más altas. El ritmo, a toda máquina.
Sólo por un ratito. No se sabe cómo, pero la
música está de repente apenas acunando el cante
de Duquende.
No hay cantaor con tanto dramatismo. Estremece. “Suenan
campanas del alba”. Y Camarón, que siempre está
en su sitio. Vuelta a la celebración. Tangos. Resumen
de tres décadas de flamenco, que desemboca en la última
entrega: ‘Cositas buenas’. La bulería ‘Volar’,
con su frenesí vocal, con sus recortes, con su tensión.
Qué torería la del maestro. Y siempre la mirada
al repertorio de atrás. Por ahí asoma ‘La
tumbona’. ¡Mira que es poco flamenca una armónica!
El redondel de cielo tiene tres estrellas y un avión,
justo cuando el guitarrista entona ese impresionante arranque
del tema central de su último trabajo discográfico.
Da pie a una extensa pieza por tangos en la que se derrocha
energía, sentimiento, frescura, arte, arte, arte. La
sonrisa de felicidad dibuja los rostros de todos. La plaza
de toros de Las Ventas está en pie. Y Paco de Lucía
deja oír su voz para dar las gracias y para comunicar
que los dioses también sienten cosas de humanos: “Es
un gustazo, aunque estamos pasando mucho miedo”. Lo
espanta a base de ‘Ziryab’,
esa magna obra. Hueco para los solos y para echar de menos
al sexteto. La sonanta impone su voz con el motivo central
del tema... y hasta con un suspiro de ‘El amor brujo’.
El ‘coliseo’ madrileño estalla. Diez mil
gritos. Tiene que haber bis. Tiene que salir por la puerta
grande a ritmo de ‘Entre dos aguas’. Arranca como
una banda de rock, todo está sobre la mesa, nada se
deja en la despensa. Los sentidos quedan colmados; los oídos,
en paz; las almas, plenas de esas excepcionales ‘cositas
buenas’ que sólo pueden parir los genios.

Foto: Daniel Muñoz
Próximos conciertos de Paco
de Lucía
Gira ‘Cositas buenas’ 2005
30 de septiembre
Palacio de Congresos
Castellón (España)
3 de octubre
Munich (Alemania)
4 de octubre
The Barbican
Londres (Reino Unido)
5 de octubre
Usher Hall
Edimburgo (Reino Unido)
8 de octubre
Sala Bozar
Bruselas (Bélgica)
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