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Niña Pastori. Clausura
de la gira 'María'
Cantaora, pese a quien pese
Silvia Calado Olivo. Madrid, noviembre de 2002
'María'. Cante: Niña Pastori. Guitarra:
José Carlos Gómez. Guitarra: Jusep Salvador. Percusión: Chaboli.
Batería: Juan Carlos García. Bajo: Martín. Teclados: Germán.
Coros: Trini, Anabel, Toñi, Tere. Artista invitada: Pastora García.
Sala La Riviera. Madrid, 16 de noviembre de 2002. 21 horas.

Niña Pastori canta fandangos, acompañada por
José Carlos Gómez (Foto: Daniel Muñoz)
Sonaba Tomasito en La Riviera durante los minutos de descuento... El par de
miles de no-sólo-adolescentes que abarrotaban la sala estaban ya impacientes.
Pitos y gritos la reclamaban mientras muchos aún hacían cola a orillas
del Manzanares. Apenas las luces del escenario se encendieron, se olvidó
la espera. El par de miles de no-sólo-adolescentes arrancaron con 'El color
del agua' cuando Niña Pastori aún casi ni se había asomado.
Agarrada con redaños a su vestido de volantes, con genio y con entrega,
defendió el preludio, a pesar de la ligereza de la coplilla. Tampoco pudo
apenas pronunciar ese "te quise a tiempo", cuando ya le habían
adivinado 'Quién te va a querer'. Por eso dejó cantar a su parroquia.
Arropada por lo compacto de un grupo con maneras de pop-rock, inundaba con
soltura la escena. Micro en mano, sin olvidar dirigirse a nadie, se dejaba querer,
se soltaba a bailotear jaleada por el babicaído respetable. Hizo
un inciso en 'María', del que se han superado las ciento cincuenta mil
copias, para rescatar la versión del 'Yo vivo navegando' de Jeros incluida
en 'Cañaílla' (BMG, 2000). El tema abundaba en el buen rollo imperante,
aspecto que superó con el tanguillo superhit 'Cartita de amor' de
'Eres Luz' (BMG, 1998), el popular "échame una mano, prima" que
tan justamente enriquecieron los coros. Tras el enloquecimiento colectivo, la
cantaora isleña se recogió por tangos, volviendo de nuevo a su penúltimo
trabajo. La niña se recreaba en la voz, bordando melodías, dibujándolas
con punta fina. Y el grupo la respaldaba en tensiones, en subidones, en descensos
rasantes.
Tanteó el estado del personal antes de "cantar un poquito por bulerías".
Introducida a golpe de cajón por un genial Chaboli (valga la experiencia
acompañando a Joaquín Cortés), retornó a su último
disco con 'Dulce canela', una composición del bailaor sevillano Farruquito.
Dos mil personas cantando y tocando las palmas a una bulería hecha por
el más acérrimo defensor de la pureza. ¿Quién cuestiona
flamencura? La reacción del público es increíble: unos lloran,
otros bailan, todos cantan. Y es flamenco. Una vueltecita sobre las tablas. Toma
que toma.

Niña Pastori, Sara Baras y Trini Bautista (Foto: Daniel
Muñoz)
El descanso para el cambio de vestuario fue ejemplo de cómo no romper
el ritmo y el clima de un concierto: un instrumental con sentido de continuidad.
La niña reapareció volviendo la mirada hacia 'Cai', tema de Alejandro
Sanz también contenido en 'Cañaílla'. Lacrimales irritados
y ovación. Sin casi espacio para las crisis nerviosas, aceleró y
empezó 'Aire de molino'. Pasión colectiva. Un poquito más
lentita y, previa entrada musical de considerable nivel, 'Válgame dios'.
Todo el mundo sigue cantando, jaleando, aplaudiendo a su niña. Sentada
al borde del escenario, entablaba conversación con el cuarteto coral: "Nananay
naná naná". Con fuerza arrasadora, sin tacha en la interpretación,
abordó 'Dime quién soy yo'. Los vítores son ya futboleros:
¡Niña, niña! ¡Guapa, guapa! Y la niña guapa empezó
a llorar. "No me he podido aguantar. El tema que acabo de hacer es el más
especial". Un poco de balance en este cierre de gira: "He disfrutado
mucho este verano haciendo este disco, estoy acabando y me da mucha pena. Gracias
Madrid porque me dais cariño y eso es importante para quien se sube al
escenario". Los fans reatacan: ¡Tata-tata-tatá, Niña
Pastori! Y ella se toma un ratito para presentar a su gente, con la pintura corriéndole
por la cara. Abrazos, besos, cariños, agradecimientos, sinceridad.
Volvió a la carga María, ya desvestida de todo artificio escénico,
con 'Amor de San Juan', el archiconocido single. Algarabía. Teclados
y percusión -el cajón en horizontal entre el tinglado de tambores-,
para anunciar 'Tú dime'. Pastori, la madre de la niña, hace aparición
pregonando delantales y Chaboli salta alante para rapearse el estribillo. Y acaban
bailando los tres juntos. Apoteosis. Bendecida por la madre de la criatura, la
audiencia unánimemente, por supuesto, pide bis. Niña Pastori responde
sentada y flanqueada por la guitarra balsámica de su compadre, por bulerías:
'De mil colores'. La voz se clava en el aplaudido primer tercio. Muy flamenca,
muy reposada, muy justa en el tremolear. "Hoy no me voy de aquí".
Y se puso a cantar fandangos por derecho, "en esta silla improvisá
de los enanitos". Contaba ella, cantaora, que "planta de buen caballero,
aquel gitano tenía, pasó por la vera mía y se quitó
su sombrero, pa darme los buenos días". Quienes lloran con
los zimbreos adolescentes de sus discos de tangos, tanguillos, rumbas y bulerías
poperos, también respetan el cante. Y eso es de ole. Ovación para
esta privilegiada voz que tanto tendrá aún que decir. Antigua, rancia,
erizante, dulce...
El broche de gira y de concierto fue el propio de cualquier recital de flamenco:
una fiestecita por bulerías. Niña Pastori hizo de anfitriona: "Que
pasen los culpables. Y creo que está Sara Baras por ahí. Si te apetece
echarte un bailecito". Y allá que acudió la otra niña
de San Fernando. Bailó una, BAILÓ la otra... con vaqueros, sin gasas,
con ganas. Vueltecitas de unos y otros, cantecitos de unas y otras, la madre de
la niña, el novio de la niña, la niña... Y el público
se postró a sus pies. Qué mejor aprobado.
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