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NIÑA PASTORI. ESTRENO EN MADRID DE ‘JOYAS PRESTADAS’
Al natural
Àlex D’Averc. Madrid, 8 de
junio de 2006
‘Joyas prestadas’. Niña Pastori:
cante. Josemi Carmona: guitarra. Chaboli: percusión.
Alfonso Pérez: piano. Martín Pérez, Fernando
Favier: batería. Irene, Toñi y Juan Antonio:
coros. Sala La Riviera. Madrid, 7 de junio de 2006
Niña
Pastori sale al escenario y sus seguidores la saludan
con entusiasmo. No hay grandes despliegues coreográficos,
elaborados juegos de luces o instrumentistas con afán
de protagonismo. Si bien arropada por la sobriedad sin tacha
de Josemi
Carmona a la guitarra, el piano de Alfonso Pérez
y las percusiones de Chaboli, queda muy claro desde el principio
que el espectáculo está pensado para su lucimiento
y que será ella quien acapare la atención. De
hecho, ‘Joyas prestadas’, su último trabajo
–ya disco de platino en España-, tiene ese mismo
sesgo: versiones de las que no importa tanto la novedad o
atrevimiento musical de su adaptación, como las posibilidades
interpretativas que ofrecen a la artista de San Fernando.
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Niña Pastori en La
Riviera
(Foto: Àlex D’Averc) |
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En ese sentido, el espectáculo es de una honradez
encomiable, transparente en su concepto. Todo está
a la vista. Es un regalo para quienes disfrutan de las cualidades
vocales de la Niña, de su sencillez en la puesta en
escena y de su forma, ora desenfadada ora intimista, de abordar
los temas escogidos. No hay pretenciosidad o artificio para
dar gato por liebre y hacer pasar a la cantante por lo que
no es.
Y además, Niña Pastori tiene pellizquito. Es
una luminosidad y un ángel particular para defender
su repertorio y hacerlo sincero y creíble. El concierto
alterna los temas del nuevo disco con algunos de los ya conocidos.
Entre estos últimos, se distinguen bien dos líneas.
Hay medios tiempos, asomados a la balada romántica,
y otros que beben más directamente del flamenco, de
los compases más arrumbados y de los ritmos festeros
gaditanos. En ellos se percibe a la Niña Pastori más
vivaz y desenvuelta, con talento para hacer mover los pies
a la concurrencia y dar giros variados, coloridos y originales
a las composiciones.
Las versiones las trabaja con las mismas armas. Son, en su
mayoría, clásicos más o menos recientes
del pop en castellano. En la selección quizás
no haya primado el riesgo, y se juega con la complicidad de
un público que se los conoce al dedillo. Aunque eso
también sea una arma de doble filo. Porque hay que
tener arrojo para cantar con tanta frescura un éxito
tan escuchado como ‘Mediterráneo’ de Joan
Manuel Serrat. O para quitar peso dramático a ‘María
de la O’ y darle ese regusto vacilón que tuvo
en la velada madrileña.
Pero si hay una baza en la que confía hoy la artista,
esa es su aptitud y potencia vocal. Llega alto y a pleno pulmón
y le sobra capacidad para dibujar arabescos y hacer caracoleos.
En ocasiones, incluso cae en un cierto efectismo; una voz
brillante y poderosa que sale en torrente sin encauzar y matizar.
Pero cuando maneja esas condiciones con mesura y gusto, su
decir es de una pujanza y un encanto irresistibles. Lo prueba
la media sonrisa complacida que se nos queda tras ver su gracia
y desparpajo para robar esas joyas ajenas.
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