|
LAS
PEÑAS FLAMENCAS: CULTO AL FLAMENCO

Es
difícil determinar en que momento concreto surgió el flamenco y
se convirtió en el género artístico-expresivo más
representativo de la cultura andaluza. En cambio, no es tan complicado analizar
cómo a través del paso de los años este arte ha sufrido una
evolución.
De
este modo, si nos centramos en la época más reciente, comprobaremos
cómo el sistema económico y social imperante en nuestros días
ha afectado de manera directa a esta manifestación artística.
Si
bien es cierto que en sus inicios el flamenco se desarrollaba en unos medios en
los cuales la espontaneidad de su lógica respondía a un marcado
valor de uso y disfrute. Con la profesionalización y mercantilización
de este, dicho valor ha quedado relegado a un segundo plano, imponiéndose
así un marcado valor de cambio. Este hecho ha provocado un efecto paralelo,
de manera que un arte claramente popular, estigmatizado y mal tratado por la intelectualidad,
ha pasado a convertirse en poco tiempo en un arte elitista en el que "Don
Dinero" tiene un papel no sólo importante, sino fundamental.
Las
peñas flamencas fueron desde su aparición, verdaderos lugares de
culto al flamenco. Allí se reunían los aficionados para hablar y
disfrutar del arte gitano-andaluz. "Eran otros tiempos, el flamenco estaba
al alcance de la mano y la opinión de los aficionados era muy respetada";
dice convencido Jerónimo Roldán, presidente de la Peña Torres
Macarena de Sevilla. "Hace años, la peña era el campo de ensayo
del artista, allí se probaba, cantando, tocando y bailando ante un público
o una reunión en la que el artista se sentía respaldado y comprendido,
al tiempo que sabía que se le estaba exigiendo más que en ningún
otro sitio. Aquello si que era un verdadero intercambio", continua Roldán.
Y
es lógico que estos grandes aficionados añoren aquellos tiempos,
ya que las grandes muestras como la Bienal de Sevilla, el Festival de la Unión
- en Murcia - o el Festival de la Guitarra de Córdoba, elevan año
tras año los cachés de los artistas, complicando la labor de las
peñas flamencas a la hora de poder montar sus programas de actividades.
"Aunque resulte paradójico, estas grandes muestras que son rentables
desde un punto de vista económico, generan muchas dificultades a las peñas,
porque los artistas quieren mantener sus honorarios al mismo nivel y eso es imposible.
Se pasa así de un evento rentable, a otro que cuesta dinero, porque comprar
arte en una peña cuesta mucho dinero", asegura Antonio Fernández
Cabrero, Presidente de la Confederación Provincial de Peñas Flamencas.

Peña Torres Macarena
En
sus inicios la Confederación la formaban seis peñas - Torres Macarena,
La Fragua, El Chozas, El Pozo de las Penas, Fuentes de Andalucía y Villanueva
del Ariscal - hoy en día son 87. No obstante hay tres tipos de peña.
En primer lugar están las peñas históricas y económicamente
poderosas, en las cuales se estudia y se analiza el flamenco. Estas peñas
suelen tener su propia biblioteca y organizan todas las actividades que sus posibilidades
les permiten. Existe un segundo tipo de peña, intermedia, con un nivel
de actividad que depende más de la Confederación Provincial que
de la propia peña. Y por último, existe un tercer tipo de peña
que es más un lugar de reunión en un bar que una peña propiamente
dicha y apenas suelen tener actividad.
"En
otro tiempo, cualquier peña negociaba con un cantaor de la talla de Antonio
Mairena o Fosforito
y con las cuotas de los socios se les podía contratar. Pero hoy en día
es imposible, o estás dimensionado como lo está Torres Macarena
y cuatro peñas más a nivel provincial o tienes verdaderos problemas
para contratar a los artistas. Y, eso si, ¡siempre mendigando!, lo cual
es aun más triste", asevera Fernández Cabrero.
Por
otra parte el sistema de organización de las peñas se ha ido quedando
obsoleto con el paso del tiempo. El flamenco tiene entre los jóvenes una
implantación que no tenía hace años, pero este hecho no ha
provocado una reacción del lado de las peñas, haciéndoles
formar parte de sus directivas para hacerse eco de sus preferencias y poder dar
un mayor atractivo de cara a este importante estrato social. "Las peñas
necesitan abrir la puerta a los jóvenes. Un pueblo que no cuida a sus mayores
y a sus jóvenes está abocado al desastre. Hacer esto significa negar
a los viejos la posibilidad de enseñar y a los jóvenes la necesidad
de aprender" sentencia Fernández Cabrero.
Lo
realmente triste de esta situación es la arrogancia y desprecio que los
nuevos empresarios flamencos, dueños de las empresas de contratación
artística, demuestran tener con las peñas y sus directivos. Ellos
son los únicos culpables de que se produzcan estas situaciones, porque
ninguno posee la capacidad de relativización que tenía J. Antonio
Pulpón. Pero lo peor de todo no es eso, sino la poca memoria histórica
que demuestran tener, cuando deberían comprender que las peñas son
el último reducto que les queda a los buenos aficionados para poder soportar
con paciencia los periodos entre grandes muestras.
Por Fernando
González-Caballos
|