‘POETA EN NUEVA YORK’.
LORCA EN GRANADA 2007
ANDRÉS MARÍN & ENCARNITA ANILLO
El observador
Silvia Calado. Granada, 4 de agosto de 2007
‘Poeta en Nueva York’.
Blanca Li: baile, coreografía, dirección.
Andrés Marín: baile flamenco.
Encarna Anillo: cante. Rob Li: voz. Rafael
Águila: saxo y flauta. Pablo Báez: bajo.
Gherardo Catanzaro: teclado. Salvador Gutiérrez:
guitarra. Tao Gutiérrez: percusión. Nicasio
Moreno: chelo. David Tabares: guitarra. Javier Viana:
percusión. Vanesa Aibar, Salim Begayoko, Javier
Cobo, Aurora María Colmenero, Juan Pedro Delgado,
Jean-Geráld Dorseuil, María Fernández
Gator, Steve Guimaraes, Ahmed Karetti, Stéphane
Lavallée, Ana Maciá, José Maldonado,
Yana Maltseva Le Gac, Sergio Moya, Pascale Peladan, Pedro
Ramírez, Ozy Shyne Tony, Deborah Torres: bailarines.
Tao Gutiérrez: música original, dirección
musical. Pierre Attrait: escenografía. Jacques
Chatelet: iluminación. Lorca y Granada 2007. Teatro
del Generalife. Granada (España), 19 de julio a
31 de agosto de 2007. 22 horas
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Andrés Marín
en 'Poeta en Nueva York' (Foto Daniel Muñoz) |
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Sin flamenco, no hay Lorca. Al menos,
eso viene sucediendo cuando los escenarios quieren inspirarse
por los versos del granadino. Y la tendencia va más
allá del género jondo. La bailarina y coreógrafa
contemporánea Blanca Li no ha querido prescindir
de quejíos, desplantes y taconeos en el espectáculo
‘Poeta en Nueva York’, que este año
ofrece el programa Granada y Lorca 2007 en el Teatro del
Generalife. Precisamente, Lorca está encarnado
sobre la tabla por un bailaor flamenco, Andrés
Marín. Aunque el poeta es sólo un observador
en esta ecléctica representación del viaje
que en 1929 realizó a la gran urbe norteamericana.
El papel del bailaor en la obra va de
presencia y de mirada, más que de acción.
Él es el sujeto pasivo alrededor del cual todo
sucede. Aunque eso no quiere decir quietud. Andrés
Marín tiene momentos para expresarse en la gigantesca
escena. Y lo hace con su baile fragmentario, anguloso,
casi de pinceladas, más que de continuo. Así
es cuando el poeta se presenta en soledad, ante el reflejo
metálico que le devuelve un ovoide planeta surreal,
pero asido a la madre tierra, que es el cante que le brindan
o Encarnita
Anillo o Carmen Linares, que se alternan en el cartel.
Y esta noche es la voz de la joven gaditana la que deja
volar su eco (en plena progresión) en el alucinante
marco de los Jardines del Generalife, junto a la Alhambra.
Tanto los lances del bailaor como los
de la cantaora están rodeados por las tres dimensiones,
de una variada amalgama de danzas, músicas, luces,
atrezzo, proyecciones, lluvias... La medida de esta producción
es superlativa. Si hay treinta personas en escena, otras
tantas hay tras las bambalinas. Y el público no
sale de uno, cuando ya está boquiabierto con el
siguiente efecto. Tan espectacular marco da forma al fondo.
Bailarines versátiles que trazan movimientos al
son de músicas que van desde lo tribal al hip hop,
pasando por la rítmica flamenca y un jazz light.
Dibujos coreográficos. El acento en lo coral. Dinámica
perpetua. Mestizaje de fondo y de forma. Pero todo fácil
y masticable, sin fisuras. Mil personas han de llenar
cada noche un espacio con tan inigualable telón
de fondo, que hasta desprende olores a hierbas y flores,
a sones de abanicos de 1922, a noche granadina. Y el flamenco
está convidado... a observar, a soltarse, a aprender,
a crecerse.

Andrés Marín
en 'Poeta en Nueva York', de Blanca Li
(Foto Daniel Muñoz)