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50º POTAJE GITANO DE UTRERA
Bodas de oro
Carlos Sánchez. Utrera (Sevilla),
1 de julio de 2006
Potaje Gitano. Primera parte: Rafael de Utrera, La Macanita
y Diego el Cigala. Segunda parte: Manuel de Angustias, Juana
Amaya y Diego Carrasco. Patio del Colegio Salesiano. Utrera
(Sevilla), 1 de julio de 2006

La Macanita (Foto: Archivo
Daniel Muñoz)
Potaje Gitano de Utrera cumplió sus bodas de oro.
Medio siglo de vida que ha dado para mucho. No en vano, es
el primer festival flamenco de España. Y por algo será.
Ni que decir tiene la infinita pléyade de artistas
que por este señero festival han desfilado a lo largo
de las cinco décadas de existencia. Por el ‘tablao’
del Potaje Gitano han pasado las figuras más grandes
que ha dado el género jondo. Como viene siendo tradicional,
este singular evento homenajea cada año a un artista.
En esta ocasión, ha querido rendir tributo a Raphael,
figura indiscutible entre los cantantes de habla hispana.
La cita comenzó pasadas las once de la noche. Todo
estaba dispuesto para dar inicio a la presente edición
del patriarca de los festivales. Unas dos mil personas copaban
el inmenso patio del Colegio Salesiano de la localidad utrerana.
A la entrada del mismo, un obsequio, una cuchara de madera
para poder degustar en el descanso el más que tradicional
potaje de frijones con muchos ajos, aceitunas, pan y vino
tinto. Y aunque el verano ya haya despertado, la noche acompañaba
para degustar un plato de estas características. De
postre, buñuelos con chocolate. Todo un manjar.
Rafael
de Utrera, artista de la tierra, fue el encargado de dar
el aldabonazo de salida. Con cantes de la fragua. Un palo
con el que nunca se había abierto ninguna de las cuarenta
y nueve ediciones anteriores. Bobote, al compás del
martillo, marcaba los tiempos del martinete, mientras Rafael
de Utrera templaba la voz en el devenir de los tercios. Una
vez asentado el metal, ofreció un tema por bulerías
con el sello de Enrique Montoya. Prólogo de la soleá
apolá, acomodada a su tesitura de voz. Prosiguió
con cantiñas, a la forma de Pinini,y cerró su
intervención por bulerías.
Tomasa Guerrero ‘La
Macanita’ tomó el testigo del cante con ese
lamento poético y sentimental. Comenzó con tientos
hilvanados por tangos. En la retaguardia, la guitarra de Diego
del Morao y el compás de la ‘Royal Filarmoney
de Santiago’. De lo más liviano a lo más
trivial. Porque “¿quién no se acuerda
de Fernanda y Bernarda por soleá?”. La cantaora
jerezana quiso dedicar este cante a las más grandes
de Utrera. Antes de “cantar y bailar un poquito por
bulerías” con el perfume y el sabor jerezano.
Tres cantes fueron más que suficientes para mostrar
y demostrar sus credenciales.

Diego Carrasco (Foto: Archivo
Daniel Muñoz)
La primera parte concluyó con el cante de Diego el
Cigala. A su forma, y con ese quejío de singularidades
propias. Por soleá. Para cambiar de tercio en los tangos,
acometer con dulzura los fandangos y cerrar su participación
por bulerías. Y es que todavía quedaba mucha
leña por cortar, mientras que el frescor de la madrugada
se apoderaba de la noche. Turno para reponer fuerzas con un
buen potaje.
Así recibieron a Manuel de Angustias, el cuarto de
la noche. A la forma de Bambino, pero descompasado. Máxime,
cuando el sonido rebotaba en la fachada interior del colegio,
emplazamiento donde se ubicó el escenario. El artista
utrerano dilató en demasía su actuación.
Circunstancia que acusaron el resto de artistas que quedaban
por intervenir.
El cante cedió protagonismo al baile de Juana
Amaya y su grupo. La bailaora sevillana “echó
por delante” a su hija Nazaret y a Jairo Barrul. Todos
al marchamo de la soleá remachada por bulerías.
Tres generaciones acometiendo el mismo palo, pero con estéticas
bien diferenciadas. Nazaret suelta de pies, expuso un braceo
poco indagatorio. Barrul soltó su habitual metralla
de pies, con gestualidad impar. Juana Amaya, por su parte,
derrochó casta y potencia, enseñando la altivez
de los brazos.
Son las cuatro de la mañana y el aforo está
cada vez más desierto. Pocos son los que aguantan más
de cinco horas de flamenco. Con esta papeleta tuvo que subir
Diego
Carrasco al escenario. Pero sin perder la sonrisa, y con
ganas de deleitar a los presentes, el ‘gurú del
compás’ principió con la ‘Oliva
y naranja’, por alegrías. Para inmiscuirse posteriormente
en el terreno de los tangos con ‘Vida y gloria del gitano’.
Y meterse en Lebrija con el ‘Alahea’. El ‘mago
del trabilitrán’ se despidió con ‘José
Monge Cruz’. Y el reloj se aproximaba a las cinco de
la mañana…
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