NOCHES DEL ESPAÑOL
2007. MIGUEL POVEDA, ‘SIN FRONTERA’. ESTRENO
“¡Qué borrachera!”
Silvia Calado. Madrid, 16 de mayo de 2007
Miguel Poveda, ‘Sin
frontera’. Galería de fotos
‘Sin frontera’.
Miguel Poveda, cante. Luis el Zambo, cante. Chicuelo,
guitarra. Moraíto, guitarra. Joaquín Grilo,
baile. Carlos Grilo y Luis Cantarote, palmas. Pepa Gamboa,
dirección escénica. Noches del Español
2007. Teatro Español. Madrid, 16 de mayo de 2007.
20:30 horas

Miguel Poveda en 'Sin frontera'
(Foto Daniel Muñoz)
Está casi al final de ‘Zaguán’.
‘¡Qué borrachera!’, la fiesta
por bulerías que se grabó en el tercer disco
de Miguel
Poveda, es el germen del espectáculo que el
cantaor estrenó en el Teatro Español de
Madrid, en el marco del ciclo Noches del Español
2007. ‘Sin frontera’ viene a simbolizar la
capacidad que tiene el arte para prescindir de pasaportes,
grupos sanguíneos y carnés de identidad.
Y lo hace de una manera nada original en el flamenco,
pero efectiva de cara al público... y a la ‘res’
jonda: simulando una fiesta. Con sus mesas, sus botellas
de vino y hasta su humo de tabaco... como en ‘Rito
y geografía del cante’. Una diferencia respecto
a anteriores espectáculos de este tipo es la firme
apuesta por prescindir de sobreactuaciones y por estructurar
y amoldar el montaje al espacio teatral, de modo sencillo,
pero coherente. La otra es, sin duda, el selecto elenco
artístico. Por el lado de Barcelona, Miguel Poveda
y su guitarrista de toda la vida, Chicuelo.
Por el lado de Jerez, Luis el Zambo, Moraíto, Joaquín
Grilo y el compás de Carlos Grilo y Luis Cantarote.
Luego las fronteras dejaron de existir y, como si estuvieran
en El Colmao de Carlos, les amaneció con la ‘tajá’
de cante. El reloj tenía los doce tiempos, pero
no tenía agujas.
Allí en la calle Nueva, los juncales
habían empezado por lo más crudo. Al golpe
con los nudillos contra la mesa, cantaba Luis
el Zambo. Irradiaban calor las gentes de aquellas
mesas, un algo como atemporal y necesario. Un poco más
para arriba en el mapa, casi tímidamente, Miguel
Poveda echaba a andar por mineras. Pero qué dominio
tenía el niño, qué templanza. La
cámara vuelve a enfocar al tabanco. Y se toca,
se canta y se baila por soleá. Cómo se baila.
Joaquín Grilo está embriagado por la situación,
con una verdad pasmosa. Y Miguel Poveda vuelve a tomar
la palabra, esta vez apretando aún más los
puños, retorciendo más su cante, un cante
por malagueñas rematado por fandangos cuyo eco
llega a los juncales. “¡Don Miguel!”,
aprueba El Zambo. Y las fronteras se desvanecen.

Miguel Poveda y Luis el Zambo
en 'Sin frontera'
(Foto Daniel Muñoz)
Los dos cantaores se funden en un diálogo
de fragua que sella la hermandad. Tiempo de bulerías,
de borrachera de cante. Miguel Poveda apacigua la celebración
por tientos, asomado al “pocito inmediato”.
Dice bonito, quebrando, rozando la voz, abriéndola.
Y personalizando siempre lo popular. El nivel de las ovaciones,
que no han cesado en toda la noche, crece a la par que
el ambiente del proscenio. Y entonces el inconfundible
toque de Moraíto
deja sin respiración a la sala. El Zambo ayea por
seguiriyas. Y la historia se hace presente. El silencio
lo aprovecha Joaquín Grilo para, como músico,
desbordar su creatividad. Y, ciertamente, lo que hace
en este espectáculo se sale de todo lo visto, lo
vivido y lo impuesto. Ni sus compañeros ocultan
los gestos de sorpresa. Increíble. La fiesta continúa
por alegrías. Y el bailaor sigue jugando, parodiando,
dominando lo indómito, haciendo cuerda la locura.
Sobrenatural. La fiesta es ya de alta tensión.
El público está tan ebrio de flamenco como
los artistas. Tiempo de guitarras, tiempo de los clásicos
de Moraíto. Y vuelta al cante por el lado del cuplé,
citando a La Paquera, a Lola Flores, a Sevilla y a Jerez.
En medio de la ovación, los juncales van remangándose.
La fiesta tiene fin de fiesta. Grilo se burla del ritmo.
El Zambo nada en esencia. Poveda se sienta en el filo
de la mesa y despacha letras a tutiplén. Los palmeros
se dan su vueltecita. Los guitarristas se dan su pedazo
de vueltecita. La de Chicuelo, completa y cabal. La de
Moraíto, sabijonda, memorable.
Amanece en la Plaza de Santa Ana, escenario
de antiguos colmaos, de desaparecidos cafés cantantes.
Sólo quedan los dos cantaores, los dos solitos
cantándose...
-Te voy a hacer un cantecito como
yo lo hacía antiguamente, ¿te acuerdas?
-Claro.
-Eso está bien. Lo malo es no acordarse.
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| Miguel
Poveda y Joaquín Grilo (Foto Daniel Muñoz)
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Miguel
Poveda con Luis el Zambo y Joaquín Grilo
(Foto Daniel Muñoz) |
La patá
de Moraíto
(Foto Daniel Muñoz) |
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| Miguel
Poveda y Luis el Zambo (Foto Daniel Muñoz)
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Miguel
Poveda y Joaquín Grilo (Foto Daniel Muñoz) |
Miguel
Poveda (Foto Daniel Muñoz) |
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