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Rito y geografía del cante. Volumen 2. Especial flamenco
Los orígenes
Martín Guijarro, octubre de 2005
Lo primero, los orígenes. Una vez entrados
en vereda con la primera entrega de ‘Rito
y geografía del cante’, un sumario de la
colección, el segundo volumen se centra en los estilos
más antiguos y en la teoría de la derivación
del romance. Subtitulado ‘Cantos primitivos sin guitarra.
Tonás. Saetas’, este audiovisual en blanco y
negro muestra insólitas grabaciones a cantaores no
profesionales que atesoraban auténticos ‘legajos’
del cante. Además, recoge un duelo por tonás
entre Borrico y Agujetas, los cantes de los entonces jóvenes
Lebrijano y José Menese, de Anica la Piriñaca
y de Antonio Mairena. La guitarra, eso sí, está
vetada en este audiovisual.
El cante en estado puro, tal como era posible apreciarlo
en los años setenta, se muestra en ‘Rito y geografía
del cante. Cantos primitivos sin guitarra. Tonás. Saetas’
(volumen 2). Aún vivían entonces tesoreros de
ancianos cantes como los cantaores gitanos no profesionales
localizados en Sanlúcar de Barrameda. Jeroma la del
Planchero, Alonso el del Cepillo, José de los Reyes
‘El Negro’ y Ramón Medrano cantan, sin
acompañamiento, romances que hunden sus raíces
en la historia. Y en ellos se entrevén no sólo
las estructuras rítmicas básicas como la seguiriya,
la soleá o el tango, sino también otros estilos
como la petenera.
De los cantaores no profesionales, el documental vira hacia
los profesionales en activo entonces. Intercala entre cada
actuación declaraciones de teóricos que van
desgranando episodios históricos que engendraron el
flamenco, así como imágenes de sitios y situaciones
de Andalucía, la tierra natal de este arte. El primer
maestro en aparecer es El Lebrijano, que canta la toná
grande. Aunque el episodio realmente sobrecogedor es el cante
por martinetes de Juan
Talega, grabado en su casa tres meses antes de su muerte
en 1971. Antonio Mairena no sólo canta, sino que también
es entrevistado acerca de sus pareceres sobre los cantes de
fragua. Otro momento clave de la cinta es el “diálogo
espontáneo” por tonás entre Borrico y
Agujetas, ante un público elegido en el que destacan
figuras como Manuel Morao. Aunque confiesa que “el martinete
nunca me ha gustado cantarlo”, Tía
Anica la Piriñaca ofrece un cante magistral, precedente
de otros dos cantes a palo seco interpretados por Agujetas
y José Menese.
El capítulo de las saetas es casi un documental aparte.
La intención ‘científica’ de la
serie, lleva a la cámara a bucear en manifestaciones
saeteras como las cuarteleras de Puente Genil, los preparativos
artesanales que conllevan las procesiones andaluzas, los ensayos
de jóvenes cornetas y tambores... dibujando un completo
cuadro popular, musical y artístico de la Semana Santa
andaluza. Sin embargo, el interés para el aficionado
flamenco se desplaza al emotivo momento en el que La Paquera
de Jerez canta al Cristo de Expiración de Jerez. También
canta La Sallago a la Virgen de la Esperanza de Sanlúcar
de Barrameda. El capítulo se cierra con una ‘clase
magistral’ de Pepe Marchena sobre la tipología
saetera.
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