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DE JUERGA EN EL ROCIO
(Junio 2001)
Fernando González-Caballos
Un
año más la romería del Rocío volvió a congregar
a miles de personas en la aldea onubense para vivir unos días inolvidables.
Son muchas las controversias que la peregrinación marismeña ha levantado
a lo largo de su historia. Unas por motivos religiosos y otras puramente folklóricos,
aunque la verdad sea dicha y parafraseando al gran torero Bombita; "Hay gente
pa to". De cualquier forma nadie niega ya el vínculo que con el paso
de los años se ha creado entre religión y flamenco, en la mayor
peregrinación cristiana del mundo.

Foto: Fernando González-Caballos
Desde
que las hermandades lanzan el primer cohete y hasta su regreso, sevillanas, tangos,
rumbas y bulerías acompañan a los peregrinos por los caminos haciéndoselos
más llevaderos.
Aunque cuando uno llega por primera vez a la aldea almonteña, lo primero
que se le viene a la cabeza es la imagen de uno de esos pueblos del Far West que
tantas veces hemos podido ver en películas. La cantidad de carretas, caballos
y arena que se concentran en cada metro cuadrado nos permiten poder establecer
un cierto paralelismo con aquel ambiente.
Era
la primera vez que se nos invitaba a una fiesta flamenca en el Rocío y
no podíamos faltar a tan importante cita, ya que se anunciaba la presencia
de Luis el Zambo, José de la Tomasa, Nano de Jerez, Manuel Mairena, Eduardo
Rebollá y Paco del Gastor. Sin embargo, el cartel cambió su composición
al no comparecer Nano y ser sustituido en el último momento por Marsellés,
un cantaor de Antequera que nos sorprendió gratamente.
Desde
el periodista Carlos Herrera, hasta José Rodríguez de la Borbolla
o Los del Río se habían acercado hasta una de las casas más
famosas de la aldea para asistir a todo un acontecimiento flamenco.
Tras
la cena los artistas se marcharon a un salón colindante para buscar un
poco de silencio. Se hizo pues el cante y comenzó el disfrute. Y la verdad
sea dicha, ver a un artista sobre un escenario, por muy bien que cante, no tiene
nada que ver con esto.
En
el flamenco, como en otras muchas manifestaciones artísticas, podemos distinguir
claramente entre "valor de uso" y "valor de cambio". "Valor
de uso" sería aquello que está relacionado con la vertiente
en la cual dicha manifestación artística se utiliza exclusivamente
para la celebración y disfrute de sus oficiantes, mientras el "valor
de cambio" se da cuando el arte es comprado como fuerza de trabajo para ser
mostrado ante un público.

Foto: Fernando González-Caballos
Pues
bien, hemos de confesar que una vez comenzada la fiesta en el Rocío, la
línea que separa el valor de uso del de cambio se diluyó de tal
manera que no sabríamos decir si los artistas cantaban por estar contratados
o simplemente por gusto.
Las
horas se iban al compás de la bulería por soleá, con Luis
el Zambo y José de la Tomasa manteniendo un auténtico duelo de titanes,
mientras Manuel Mairena se escondía una y otra vez.
La
soleá hizo acto de presencia, en la voz del hijo de Pies de Plomo y La
Tomasa, para acercarnos hasta Utrera, Alcalá y vuelta a Triana. "¡Venga
Luis, vamonós que nos vamos! ¿O te vas a quedá to la noche
en Jerez?"
"¿Y
si nos vamos al patio?" le contestaba El Zambo más colorao que un
tomate. No era para menos, la temperatura estaba en lo más alto y en la
casa ya solo quedan los cabales, así que alrededor de una gran mesa se
fueron sentando todos los presentes para oír cantar al de Jerez por soleá,
como no lo había hecho en toda la noche.
Marsellés
le dió la réplica por bulerías con una pataíta que
hizo que El Zambo se arrancase de nuevo con "La pena que yo tenía".
Salió a bailar una chiquilla de cuatro años que, ¡vaya si
bailó bien! Pero una vez más, cuando más silencio y más
gusto había en el patio apareció Manuel Mairena impertinente y fuera
de compás a interrumpir a Paco del Gastor cuando este deleitaba a los presentes
con un solo por seguiriyas de Morón de la Frontera.
La
noche tocaba a su fin, con el olor a aceite de oliva de los churros y los primeros
rayos de sol, mientras El Zambo más a gusto que nunca, seguía cantándole
a su primo Paco "¡Ole los tocaores con sello propio!", poco antes
de ir a ver a la Blanca Paloma para pedirle. "¡Virgencita mía
de Rocío, dame un zambito por Dios! Que yo ya he cumplío contigo
dándote cuatro hembras".
Fernando González-Caballos
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