Peret
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores.


Compra en nuestra tienda



El Pescaílla
"El patriarca de la rumba"


Adrián Galia
"Paso a paso. Los palos del flamenco. Rumba"

 

 

La rumba
catalana
creció y
mutó
sin pararse
en
barras y su
destino fue el
de
convertirse
en un
chascarrillo
cansino


<< Anterior

Esplendores

 
   

Pero la rumba más convulsa e inquieta seguía agazapada en Gracia y allí podría haberse demorado eternamente de no ser por otro gitano intempestivo y genial, Pere Pubill i Calaf, su majestad Peret, en lo sucesivo monarca nunca derrocado de la rumba catalana. Peret fecundó aquel folclore de barrio con sus colosales concepciones llenas de sabor, sonidos abigarrados y préstamos de todas las músicas del Caribe. Además, Peret quebraba la cintura como Elvis y tenía las trazas de un James Brown romaní. Sus vinilos para Discophon se vendieron al menudeo en los primeros sesenta y, al socaire de su éxito, emergió toda una generación de artistas que además de conocimiento, tenían oficio, porque se habían batido el cobre en innumerables entoldados y juergas de suburbio. El Noi, Moncho, El Gitano Portugués, Teresiya, la cáfila que se comió el pastel. Durante algo más de un lustro, la rumba fue el aderezo imprescindible de las fiestas de costa y la más exportable imagen del hedonismo ibérico.

Pero muy tempranamente se pudo percibir en la obra de ésta nómina de músicos un fenómeno decisivo para entender la posterior decadencia y desprestigio. La libérrima concepción del género que tenían los rumberos, esa forma de crear tan a mano alzada, fue la que desde su mismo comienzo, con su vitalidad y descaro, actuó como motor para la evolución y triunfo de la rumba catalana. Pero a su vez fue el germen de su propia destrucción, porque al admitir todas las heteredoxias, al no tener reservas hacia las más alevosas intromisiones y los más bizarros arreglos comerciales, al carecer de un aparato de precauciones dispuesto, pasó todo por bueno y acabó encontrándose en mal lugar, desnaturalizada, violentada por acompañamientos repetitivos sin enjundia ni gracia, quemada antes de tiempo. A finales de los sesenta y principios de la década siguiente, pese a la aparición de nuevas figuras como Chango o el sobresaliente Sisquetó, o a las marcianas investigaciones sonoras de Los Amaya, la rumba catalana había perdido el favor del público y de las casas discográficas. Y, aún peor, se había extendido la opinión de su irreversible invalidez.

Y es que, mientras en el flamenco la innovación ha tenido siempre el contrapeso de una tradición vigilante y estricta, a veces acusada de inmovilista, pero que quizá gracias a su filtro ha dado como resultado una evolución muy bien asentada, muy cuidadosa y, por consiguiente, perdurable, la rumba catalana creció y mutó sin pararse en barras y su destino fue el de convertirse en un chascarrillo cansino, en la banda sonora de las ferias de atracciones y de las pachangas más crudas del país. La peor de sus encarnaciones; pero el baremo con el que, no sin malevolencia, ha sido juzgada más a menudo.

Complicidades

Pero a la rumba catalana aún le correspondió otro cometido más extraño, contradictorio y discutido. La actitud de Peret y sus seguidores, cuando sus canciones traspasaron fronteras y se impusieron como éxitos rotundos en las radios españolas, sirvió de referente y acicate para que otros rumberos meridionales diesen su particular vuelta de tuerca al flamenco. De entre todos, Miguel Vargas Bambino es quien más ha crecido en aprecio desde entonces. Aunque tomando el patrón rítmico de la rumba andaluza, Bambino inundó de negruras el formato y cantó arrebatadas coplas de enajenación y muerte. Y lo que hoy parece más importante, difuminó ciertas fronteras, dio comienzo a una sutil filtración de elementos del flamenco tradicional en la rumba y el pop.

El reverso de esta experiencia ha sido querer responsabilizar a esos rumberos, a Bambino o a Peret, de que en adelante cualquier música de corte vagamente andaluzoide se emparentase con el flamenco, que se utilizase esta etiqueta sin escrúpulos ni complejos y la confusión y perjuicio que esto acarreó. La imputación ha sido recurrente: ellos abrieron la veda y aquellos polvos trajeron estos lodos. Bambino y Peret serían los responsables últimos de que grupos como Los Chichos o Los Calis, entre muchos otros y sin entar a juzgar la calidad de su propuesta, se hayan calificado un poco indecorosamente como flamenco.


Kiko Veneno en el documental 'El Gran Gato',
de Ventura Pons

Pero menos habitual ha sido referir que un personaje como Bambino sintonizó con un impulso renovador que, por un camino paralelo y distinto pero coincidente, galvanizó el mundo del flamenco en los años setenta. Bambino no dejó de ser un apéndice y un síntoma de que ciertas barreras estaban cediendo, y no es descabellado decir que participó de la misma inquietud que llevó a Paco de Lucía a grabar 'Entre dos aguas' o a Kiko Veneno y los hermanos Amador a abrir para siempre una grieta en el viejo arte gitano andaluz. Porque, sin aspavientos, el después tan manejado concepto de mestizaje tuvo en la rumba un antecedente seminal.

Reencarnaciones

Durante aquellos años, sin embargo, la rumba catalana vivió atrincherada en sellos ínfimos como Galax o Seven o bajo los antiguos techos de los cafetines de Gracia. Hasta que en 1977 acudió al Café Petxina, lugar habitual de reunión y fiesta, un joven músico argentino, de nombre Javier Patricio Pérez, deseoso de pegar la hebra con todo el que se terciase y muy receptivo a todas las influencias que pudiese recoger. Y cuando descubrió la rumba, sintió que había dado con un filón auténtico de folclore popular y urbano barcelonés, cuyas sonoridades podían infundir una vida y calidez muy especial a la experimentación jazz y progresiva que estaba en boga entre sus colegas de la ciudad. Javier Patricio, Gato Pérez, se aplicó en restaurar y dignificar la maltratada rumba. Dispuso, para ello, de un poco corriente talento poético y de la colaboración de los gitanos de la Plaza del Raspall. El Gato acentuó en sus rumbas el sesgo salsero y mestizo del género y, con algunos de sus mejores discos, a principios de los ochenta, volvió a exigir la atención para aquella música que, con gran olfato, él percibió como una de las más genuinas que hubiese dado Barcelona. Sin ir más lejos, muchas de sus letras son una iluminada intuición acerca de la naturaleza, historia y potencias de la rumba y la fusión.

 
"Javier Patricio, Gato Pérez, se aplicó en restaurar y dignificar la maltratada rumba"

Sin embargo, al Gato le faltó un poderoso vagón de enlace para que, tras su prematura desaparición, la rumba siguiera el fértil camino que él había columbrado. Cierto que surgieron algunos grupos que hicieron pensar en un asentamiento tras aquel segundo envite. Pero, pese al éxito comercial de los Gipsy Kings, gitanos catalanes afincados en Montpellier, a la popularidad de Los Manolos, a las excelencias de Rumbeat, con colaboraciones de Carles Benavent o al retorno de Peret y su reconocimiento en la ceremonia de clausura de las Olimpiadas de Barcelona, la escena careció de espesor y volvió a diluirse. Retornó a las catacumbas de los barrios, al abrigo de sus viejas moradas a dejarse querer por los siempre fieles gitanos y a esperar gustosa otra reinvención.


Cartel del documental 'El Gran Gato' de Ventura Pons
 
   

Y así ha estado, sustraida de la vista durante años, hasta que recientemente varios signos han avisado de un posible nuevo movimiento del péndulo. Primero ha sido la actividad de la discográfica K Industria Cultural, que ha publicado un homenaje a Peret y la compilación 'El ventilador', con clásicos del género en muchos casos descatalogados. Un título que sólo ha de ser la primera referencia de la colección Rumba Classics. Después ha venido el documental 'El Gran Gato' de Ventura Pons, en el que participan, entre otros, Kiko Veneno, Martirio y Ojos de Brujo, tras el cual se ha percibido un renacimiento de la curiosidad por la rumba catalana y han aparecido voces que vindican su legado cultural y social. Y justo ahora el programa televisivo Sputnik está emitiendo una serie de especiales dedicados al flamenco en Cataluña. No obstante, de momento se ha tratado más de una revisión nostálgica y crítica que no del lanzamiento de nuevas iniciativas, combos e intérpretes. Pero quizá esta sea una oportunidad idónea para que muchos aficionados flamencos puedan comprender mejor las circunstancias y las cualidades de la rumba y se acerquen a ella sin ojeriza. Si además descubren y se encandilan por un género que en sus mejores expresiones está lleno de humor, ingenio, locura, ritmo y tumbao, pues miel sobre hojuelas.

(1) Para quienes deseen una más extensa aproximación a los orígenes de la rumba:

- La Música entre Cuba y España; María Teresa Linares y Faustino Núñez, Madrid Fundación Autor, 1998

- La rumba histórica y los bailes tradicionales de los gitanos catalanes, por Manuel Ponsa i Blanch, Revista I Tchatchipen Nº30

revista@flamenco-world.com
 

Más información:

Miguel Vargas 'Bambino' (1940-1999): Cuando enloqueció la armonía

Entrevista a Ojos de Brujo (noviembre, 2002)

 

 
Para pertenecer a nuestra cyberpeña flamenca mándanos
tu e-mail y te informaremos de todas la novedades:

 Home | Contacto | Publicidad