|
<< Anterior
Esplendores
| |
 |
| |
|
Pero la rumba más convulsa e inquieta seguía agazapada en Gracia
y allí podría haberse demorado eternamente de no ser por otro gitano
intempestivo y genial, Pere Pubill i Calaf, su majestad Peret, en lo sucesivo
monarca nunca derrocado de la rumba catalana. Peret fecundó aquel folclore
de barrio con sus colosales concepciones llenas de sabor, sonidos abigarrados
y préstamos de todas las músicas del Caribe. Además, Peret
quebraba la cintura como Elvis y tenía las trazas de un James Brown romaní.
Sus vinilos para Discophon se vendieron al menudeo en los primeros sesenta y,
al socaire de su éxito, emergió toda una generación de artistas
que además de conocimiento, tenían oficio, porque se habían
batido el cobre en innumerables entoldados y juergas de suburbio. El Noi, Moncho,
El Gitano Portugués, Teresiya, la cáfila que se comió el
pastel. Durante algo más de un lustro, la rumba fue el aderezo imprescindible
de las fiestas de costa y la más exportable imagen del hedonismo ibérico.
Pero muy tempranamente se pudo percibir en la obra de ésta nómina
de músicos un fenómeno decisivo para entender la posterior decadencia
y desprestigio. La libérrima concepción del género que tenían
los rumberos, esa forma de crear tan a mano alzada, fue la que desde su mismo
comienzo, con su vitalidad y descaro, actuó como motor para la evolución
y triunfo de la rumba catalana. Pero a su vez fue el germen de su propia destrucción,
porque al admitir todas las heteredoxias, al no tener reservas hacia las más
alevosas intromisiones y los más bizarros arreglos comerciales, al carecer
de un aparato de precauciones dispuesto, pasó todo por bueno y acabó
encontrándose en mal lugar, desnaturalizada, violentada por acompañamientos
repetitivos sin enjundia ni gracia, quemada antes de tiempo. A finales de los
sesenta y principios de la década siguiente, pese a la aparición
de nuevas figuras como Chango o el sobresaliente Sisquetó, o a las marcianas
investigaciones sonoras de Los Amaya, la rumba catalana había perdido el
favor del público y de las casas discográficas. Y, aún peor,
se había extendido la opinión de su irreversible invalidez.
Y es que, mientras en el flamenco la innovación ha tenido siempre el
contrapeso de una tradición vigilante y estricta, a veces acusada de inmovilista,
pero que quizá gracias a su filtro ha dado como resultado una evolución
muy bien asentada, muy cuidadosa y, por consiguiente, perdurable, la rumba catalana
creció y mutó sin pararse en barras y su destino fue el de convertirse
en un chascarrillo cansino, en la banda sonora de las ferias de atracciones y
de las pachangas más crudas del país. La peor de sus encarnaciones;
pero el baremo con el que, no sin malevolencia, ha sido juzgada más a menudo.
Complicidades
Pero a la rumba catalana aún le correspondió otro cometido más
extraño, contradictorio y discutido. La actitud de Peret y sus seguidores,
cuando sus canciones traspasaron fronteras y se impusieron como éxitos
rotundos en las radios españolas, sirvió de referente y acicate
para que otros rumberos meridionales diesen su particular vuelta de tuerca al
flamenco. De entre todos, Miguel
Vargas Bambino es quien más ha crecido en aprecio desde entonces. Aunque
tomando el patrón rítmico de la rumba andaluza, Bambino inundó
de negruras el formato y cantó arrebatadas coplas de enajenación
y muerte. Y lo que hoy parece más importante, difuminó ciertas fronteras,
dio comienzo a una sutil filtración de elementos del flamenco tradicional
en la rumba y el pop.
El reverso de esta experiencia ha sido querer responsabilizar a esos rumberos,
a Bambino o a Peret, de que en adelante cualquier música de corte vagamente
andaluzoide se emparentase con el flamenco, que se utilizase esta etiqueta sin
escrúpulos ni complejos y la confusión y perjuicio que esto acarreó.
La imputación ha sido recurrente: ellos abrieron la veda y aquellos polvos
trajeron estos lodos. Bambino y Peret serían los responsables últimos
de que grupos como Los Chichos o Los Calis, entre muchos otros y sin entar a juzgar
la calidad de su propuesta, se hayan calificado un poco indecorosamente como flamenco.

Kiko Veneno en el documental 'El Gran Gato',
de Ventura Pons
Pero menos habitual ha sido referir que un personaje como Bambino sintonizó
con un impulso renovador que, por un camino paralelo y distinto pero coincidente,
galvanizó el mundo del flamenco en los años setenta. Bambino no
dejó de ser un apéndice y un síntoma de que ciertas barreras
estaban cediendo, y no es descabellado decir que participó de la misma
inquietud que llevó a Paco de Lucía a grabar 'Entre dos aguas' o
a Kiko Veneno y los hermanos Amador a abrir para siempre una grieta en el viejo
arte gitano andaluz. Porque, sin aspavientos, el después tan manejado concepto
de mestizaje tuvo en la rumba un antecedente seminal.
Reencarnaciones
Durante aquellos años, sin embargo, la rumba catalana vivió atrincherada
en sellos ínfimos como Galax o Seven o bajo los antiguos techos de los
cafetines de Gracia. Hasta que en 1977 acudió al Café Petxina, lugar
habitual de reunión y fiesta, un joven músico argentino, de nombre
Javier Patricio Pérez, deseoso de pegar la hebra con todo el que se terciase
y muy receptivo a todas las influencias que pudiese recoger. Y cuando descubrió
la rumba, sintió que había dado con un filón auténtico
de folclore popular y urbano barcelonés, cuyas sonoridades podían
infundir una vida y calidez muy especial a la experimentación jazz y progresiva
que estaba en boga entre sus colegas de la ciudad. Javier Patricio, Gato Pérez,
se aplicó en restaurar y dignificar la maltratada rumba. Dispuso, para
ello, de un poco corriente talento poético y de la colaboración
de los gitanos de la Plaza del Raspall. El Gato acentuó en sus rumbas el
sesgo salsero y mestizo del género y, con algunos de sus mejores discos,
a principios de los ochenta, volvió a exigir la atención para aquella
música que, con gran olfato, él percibió como una de las
más genuinas que hubiese dado Barcelona. Sin ir más lejos, muchas
de sus letras son una iluminada intuición acerca de la naturaleza, historia
y potencias de la rumba y la fusión.
| |
|
|
"Javier Patricio, Gato Pérez, se aplicó en restaurar
y dignificar la maltratada rumba"
|
|
|
Sin embargo, al Gato le faltó un poderoso vagón de enlace para
que, tras su prematura desaparición, la rumba siguiera el fértil
camino que él había columbrado. Cierto que surgieron algunos grupos
que hicieron pensar en un asentamiento tras aquel segundo envite. Pero, pese al
éxito comercial de los Gipsy Kings, gitanos catalanes afincados en Montpellier,
a la popularidad de Los Manolos, a las excelencias de Rumbeat, con colaboraciones
de Carles
Benavent o al retorno de Peret y su reconocimiento en la ceremonia de clausura
de las Olimpiadas de Barcelona, la escena careció de espesor y volvió
a diluirse. Retornó a las catacumbas de los barrios, al abrigo de sus viejas
moradas a dejarse querer por los siempre fieles gitanos y a esperar gustosa otra
reinvención.

Cartel del documental 'El Gran Gato' de Ventura Pons
|
|
| |
|
Y así ha estado, sustraida de la vista durante años, hasta que
recientemente varios signos han avisado de un posible nuevo movimiento del péndulo.
Primero ha sido la actividad de la discográfica K Industria Cultural, que
ha publicado un homenaje a Peret y la compilación 'El ventilador', con
clásicos del género en muchos casos descatalogados. Un título
que sólo ha de ser la primera referencia de la colección Rumba Classics.
Después ha venido el documental 'El Gran Gato' de Ventura Pons, en el que
participan, entre otros, Kiko Veneno, Martirio y Ojos
de Brujo, tras el cual se ha percibido un renacimiento de la curiosidad por
la rumba catalana y han aparecido voces que vindican su legado cultural y social.
Y justo ahora el programa televisivo Sputnik está emitiendo una serie de
especiales dedicados al flamenco en Cataluña. No obstante, de momento se
ha tratado más de una revisión nostálgica y crítica
que no del lanzamiento de nuevas iniciativas, combos e intérpretes. Pero
quizá esta sea una oportunidad idónea para que muchos aficionados
flamencos puedan comprender mejor las circunstancias y las cualidades de la rumba
y se acerquen a ella sin ojeriza. Si además descubren y se encandilan por
un género que en sus mejores expresiones está lleno de humor, ingenio,
locura, ritmo y tumbao, pues miel sobre hojuelas.
(1) Para quienes deseen una más extensa aproximación
a los orígenes de la rumba:
- La Música entre Cuba y España; María
Teresa Linares y Faustino Núñez, Madrid Fundación Autor,
1998
- La rumba histórica y los bailes tradicionales
de los gitanos catalanes, por Manuel Ponsa i Blanch, Revista I Tchatchipen Nº30
revista@flamenco-world.com
|