Gerardo Nuñez
Biografía, discografía, Real Audio y comentarios de los lectores.




NOCHES FLAMENCAS EN SABATINI 2004

El arte del pueblo, en palacio

Silvia Calado. Madrid, agosto de 2004
Fotos: Daniel Muñoz

Ciclo Noches Flamencas en Sabatini. Chano Lobato / Antonio Pitingo (miércoles, 4 de agosto). Enrique de Melchor / José Menese (jueves, 5 de agosto). La Tati (viernes, 6 de agosto). Pepe Habichuela y Josemi Carmona / Salomé Pavón (sábado, 7 de agosto). Niño Josele / Duquende (domingo, 8 de agosto). Gerardo Núñez Trío / Capullo de Jerez (jueves, 12 de agosto). El Güito (viernes, 13 de agosto). Jardines de Sabatini, Madrid (España), del 4 al 13 de agosto de 2004. 22 horas.

Ya la escenografía mereció un aplauso en la jornada inaugural. Tener por telón de fondo a la imponente fachada lateral del Palacio Real de Madrid bien lo merecía. No era el único atractivo. Las noches de flamenco palaciego se desenvolvieron al fresco de los pinos y la hierba regada, con el cielo estrellado (todo lo que permiten las luces de la ciudad) como techo. La fortuna hizo que la canícula estuviera moderada y el fresco de la cercana sierra aliviara a la villa. Como aliciente añadido, aparte de los barquillos de canela del chulapo, el público tenía ambigú servido en las mesas dispuestas ante el escenario. Los de las sillas de atrás, autoservicio. En total, capacidad para unas setecientas personas... y muchas noches -positivo dato, dadas las fechas- estaban todas. Sólo faltaba el flamenco.


Chano Lobato

El programa quiso, por una parte, combinar de modo equilibrado cante, baile y guitarra, haciendo especial hincapié en no dejar de lado este instrumento. Y, por otra parte, compaginó figuras consagradas y nuevos valores. Esta dualidad se mostró ya la primera noche, en la que compartían cartel un balbuciente Antonio Pitingo con un veteranísimo Chano Lobato, ambos secundados al toque por Paco Cortés. El primero aprovechó la oportunidad que le brindaban exponiendo un variado repertorio clásico, tirando de referentes como Antonio Chacón o Manolo Caracol. El segundo, que ya nada tiene que demostrar, se centró en los cantes que son sus señas de identidad -tanguillos, alegrías, tangos, soleá...-, regándolos de esos graciosos cuentecillos suyos que tienen como protagonistas a Ignacio Espeleta y a Pericón de Cádiz. Y es que, ya se sabe, gusta tanto cantando como contando. Pura vivencia. Todo arte.

Para demostrar que “vive el momento más importante de su historia” -como señaló el programador, Juan Verdú-, la guitarra flamenca tuvo ocasión de ser protagonista. La segunda velada la abrió, precisamente, Enrique de Melchor con un recital de guitarra de concierto, envuelto en una banda coja de percusión y sobrante de flauta.

Con su característica mezcla de delicadeza y clasicismo, acometió estilos como los tangos, los fandangos, la habanera, las bulerías o las rumbas, concatenando la solvencia de su toque flamenco con la musicalidad que aporta la ‘orquestación’.

El hijo de Melchor de Marchena asumió después el rol de acompañante, poniéndose al servicio del cante de José Menese. El cantaor de Puebla de Cazalla dio un recital serio, con su voz contundente e interior, marcando la diferencia en la selección de un repertorio plagado de cantes que pocos hacen: trilla, farruca, nana, caracoles...

José Menese y Enrique de Melchor

El formato ‘recitaldeguitarra+recitaldecante’ se replicó en tres jornadas más: el sábado con el concierto de Pepe Habichuela y Josemi Carmona, precedido de la actuación de la debutante Salomé Pavón; el domingo con la actuación del guitarrista almeriense Niño Josele y el cantaor catalán Duquende; y el jueves con la de Gerardo Núñez y Capullo de Jerez.

La intervención de Pepe Habichuela y Josemi Carmona, padre e hijo, resultó de lo más reseñable de este ciclo. Con la guitarra enchufada, un bajo eléctrico, dos percusiones, un teclado y una voz, el hasta ahora integrante de Ketama puso sobre la mesa una propuesta deliciosa que, sin complejos, opta por la fusión y por la universalidad... sin renunciar al flamenco. No en vano, lo mismo se rodea del grupo acancionando palos vivos como las bulerías o las rumbas, que se queda a solas por soleá desnudando su instrumento. El disco se hace ya esperar.

El maestro Pepe Habichuela tomó el relevo a solas, con la misma guitarra de su hijo. La clarividencia de su toque quedó patente en la primera nota; ebrio quedó el respetable de su sutileza, de su saber. Tocó por alegrías y por bulerías con dos percusiones; sacó la bulería por soleá del grandioso disco ‘Yerbagüena’, dándole otros colores. Con Josemi y el cantaor Pepe Luis Carmona, se marcó unas bulerías a dos guitarras. Ahora toda la banda, compuesta de ‘habichuelas’ chicos y grandes. Y, para despedirse, el tema central del álbum grabado con los indios de The Bollywood Strings, pero sin ellos. Tímida, muy tímidamente, pues a este público le cuesta caldearse, pidieron bis... y lo concedieron, con pataíta incluida de una de las mujeres del clan. Hay que señalar que antes de este conciertazo, se le dio la oportunidad a la cantaora Salomé Pavón de mostrar su repertorio de estilos livianos, arreglados con cansinos coros. Anunciar con tanto ahínco que es sobrina de la Niña de los Peines, nieta de Manolo Caracol e hija de Arturo Pavón (por cierto, que está muy enfermo) quizás jugó más en su contra que a su favor. La casta no hace artista.


Pepe Habichuela con Jose María Carmona y Salome Pavón

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