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SAETAS:
EL REZO JONDO
por
Candela Olivo
Una
de las sensaciones más estremecedoras de la Semana Santa andaluza es oír
esa quebrada voz que, desde la soledad y el anonimato, brota de las alturas para
orar a las barrocas imágenes cantando jondura. La saeta ha sabido encontrar
en el flamenco un modo de canalizar su plegaria. El flamenco en la saeta, una
forma de acercarse a Dios. Pero este encuentro no es ni mucho menos casual a tenor
de reflexiones como la de Gabriel del Estal, para quien "el flamenco es ya
de suyo una oración".

La
saeta se remonta a un momento incierto de la historia como un cántico popular
cuya intención era incitar a la devoción y a la penitencia, con
ocasión de un Via Crucis, o como cántico de pasión. Estas
saetas sentenciosas o avisos morales fueron cantados en el siglo XVIII por los
hermanos de la Ronda del Pecado Mortal, que recorrían las calles para inclinara
a los fieles a la piedad y el arrepentimiento.
El
nacimiento de la saeta popular y la costumbre de cantarla el pueblo para expresar
su sentimiento religioso data, aproximadamente, de mediados del siglo XIX. Esta
primitiva saeta, actualmente casi desaparecida, conmovía por su entonación
grave, pausada y monótona, sencilla de estilo y ejecución. Nacieron
como fruto de las modificaciones que, sobre las saetas antiguas, realizaron intérpretes
de cada localidad andaluza. Las saetas tenían la señal de identidad
de su lugar de origen, lo que dio lugar a cantos propios y autóctonos como
la saeta vieja cordobesa, la cuartelera de Puente Genil, las saetas
marcheneras o la samaritana de Castro del Río.
En
el lecho del pueblo llano, confluyeron a principios del siglo XX ese canto de
la fe y esa otra forma de expresar los sentimientos más profundos que es
el flamenco. La expresión artística del pueblo dio forma a la saeta,
aflamencándola y adaptándola a sus estilos. Surgió una copla
de cuatro o cinco versos octosílabos cantada por martinetes o seguiriyas,
palos que por su jondura casaron bien con el tono negro de la pasión de
Cristo. Desde entonces, se interpretan al paso de las procesiones de Semana Santa
dirigidas, sin acompañamiento, a las imágenes. El tema de las coplas
es, obviamente, la pasión y muerte de Jesucristo, como ejemplifica esta
letra de Francisco Moreno Galván, grabada en 1974 por Diego Clavel:
Llevarla
poquito a poco,
Capataz, cortito el paso
Porque se ajoga de pena,
Y lleva los ojos rasos
De lágrimas como perlas.
(...)
Lo bajaron del madero
Y en sábanas lo pusieron,
Su cuerpo descolorío,
Su madre pregunta al cielo:
¿Qué delito ha cometío?
La
aparición de la saeta como cante flamenco puede provenir de bastantes años
antes de su divulgación en los años veinte, según José
Blas Vega. Aunque no se conoce a ciencia cierta referencia de su creador, algunos
teóricos citan a Enrique el Mellizo, junto a otros miembros de su familia.
Hipólito Rossy sostenía la teoría de que el creador de la
saeta flamenca fue Manuel Centeno, mientras que otros teóricos la atribuyen
a Antonio Chacón o Manuel Torre. Intérpretes reconocidos de la primera
época de esplendor de la saeta fueron La Serrana, que grabó en disco,
Medina el Viejo, La Niña de los Peines y Manuel Vallejo, junto con el que
se dice fuera su mejor artífice, El Gloria. Su personalísima interpretación
es la más seguida por los saeteros posteriores, dada su perfecta estructura
flamenca desde el ámbito musical.
De
la saeta de Centeno se desprende la versión moderna, muy recargada de ornamentación
y alargamiento de tercios, que se impuso en Sevilla a partir de los años
veinte por boca de La Niña de la Alfalfa. Carmen Linares recogió
este peculiar estilo en la antología La mujer en el cante, sobre la marcha
Amargura del compositor Manuel Font de Anta:
Ya
se acerca la esperanza
Hermosa como los cielos
Gloria de los sevillanos
Y honra de los macarenos
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Luis
Melgar Reina y Ángel Marín Rujula, en la obra "Saetas, pregones
y romances litúrgicos cordobeses", explican que "las saetas aflamencadas
nacen en el preciso instante en que el cantaor siente necesidad de dirigirse públicamente
a Dios, cantando la antigua tonada, conocida por saeta vieja, y la reviste, inconscientemente,
de perfiles flamencos. La saeta moderna se hace totalmente flamenca cuando, con
el tiempo, se fue forjando el misterio patético de la emotividad flamenca".
Musicalmente,
la saeta se ha bifurcado. Subsiste la saeta antigua, aunque recargada con profusión
de adornos y melismas. Además, los profesionales del cante flamenco han
inventado una nueva forma de saeta, procedente de la seguiriya que ha amoldado
las formas al sentido religioso de las palabras.

Toda
Andalucía mantiene viva la saeta. Son numerosos los concursos de exaltación
de la saeta que convocan cada año peñas flamencas de toda la región.
Y cantaores que han hecho de este canterezo toda una especialización, como
es el caso de Kiki de Castilblanco. Incluso hay cofradías que han creado
escuelas de saeteros, como es el caso de la Hermandad de la Sed en Sevilla donde
sábado a sábado, durante todo el año, jóvenes y mayores
aprenden, unos de otros, cómo el flamenco también puede ser una
vía directa de comunicación con Dios.
Marchena,
cuna del cantoración
Muchos
investigadores coinciden en que la localidad sevillana de Marchena es el epicentro
saetero. Se han cruzado en estas tierras de campiña factores sociales,
históricos, religiosos y musicales idóneos para aventurar la conclusión
de que fue la cuna de este cantoración. Ya en el siglo XV se instala en
Marchena el primer convento de franciscanos, orden religiosa a la que siguieron
otras diez. Este dato es relevante si los orígenes del propio nombre saeta
se atribuyen a órdenes religiosas como la Franciscana, la Dominica y la
Capuchina. Y más si se tiene en cuenta que todas estuvieron asentadas en
Marchena.
Además
de por profundas creencias religiosas, este pueblo se ha distinguido por una fuerte
sensibilidad poética y musical. Fruto de esta mixtura sacra y artística,
nacen en sus hermandades de penitencia las primitivas y antiguas saetas marcheneras.
Diez tipos diferentes se conservan en la actualidad y, quizás, alguno más
hubo que cayó en desuso y, por ende, en el olvido del tiempo. Los marcheneros
siguen cantando saetas como la Quinta y Sexta del Cristo de San Pedro, la Cuarta
de Nuestro Padre Jesús Nazareno, la Cuarta del Dulce Nombre de Jesús,
la Cuarta del Señor de la Humildad y Paciencia, las Carceleras de la Soledad
o las Marcheneras.
Con
el fin de preservar este rico legado musical, la Peña Amigos del Flamenco
de Extremadura produjo el disco Origen y Evolución de la Saeta: Saetas
Marcheneras. Este trabajo, editado en 1999 por Promúsica, recoge en la
voz de saeteros locales la tradición sacro flamenca de esta localidad sevillana.
Pero no es el primer acto conservador de la saeta marchenera. Alentada por este
mismo objetivo protector, la Hermandad de Penitencia de Nuestro Padre y Señor
de la Humildad y Paciencia y Nuestra Señora de los Dolores de Marchena
fundó hacia 1986 la escuela de saetas. Contra su creación, se alzaron
voces por lo que la enseñanza reglada podía tener de frío.
Pero venció la evidencia de que los tiempos habían cambiado y que
los antiguos métodos de aprendizaje de la saeta, la transmisión
oral en la jornada labriega o el propio seno del hogar, no volverían...
Era
la noche llegada
Las tinieblas nos cubrían
Cuando aquella prenda amada
En los brazos de María
Cadáver se lo entregaban
(Carcelera de la Soledad)
Candela
Olivo
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