Especial. Extracto del
libro ‘Sernita de Jerez ¡Vamos a acordarnos!’,
de José Manuel Gamboa
¡Vamos a acordarnos!
Extracto del libro ‘Sernita
de Jerez ¡Vamos a acordarnos!’, de José
Manuel Gamboa, publicado por Ediciones Carena (2007) en
edición especial acompañada de CD con siete
cantes y vídeo, con prólogo de Diego Carrasco
(páginas 60 a 66). Publicado por Flamenco-world.com
con permiso del autor y la editorial en mayo de 2008
(...)
Momentos malajes
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Chano
Lobato, valiente ahí, ha metido el dedo en
la llaga que causó muchos dolores a Sernita y a
su gente: La acusación local, más o menos
velada, de que Manuel era “mu gachó cantando”.
Es inevitable rememorar el pasaje y no para ahondar en
la herida; se trata de hacerla cicatrizar para los restos.
Sucedió en un momento dado de la historia –que
no es una historia de buenos y malos, y sí de flamencos
de bandera-, donde los gustos y las duras circunstancias
eran las que eran, las de una vida muy achuchada para
todos y para el pueblo gitano aún más; únicamente
manteniendo esa perspectiva se puede entender. No es momento
de denuncias, sino para el gozo y la gloria. La buena
gente que es la familia de Sernita habla con el corazón,
con sentimiento y sin maldad, en un sano ejercicio de
terapia grupal que deja aflorar las penas del baúl
de sus recuerdos para olvidarlas definitivamente.
Manuela (*): Yo le agradezco
a Fernando Fernández, Terremoto
hijo, que canta muy bien y yo también admiro
mucho a su padre, que canta muy bien también, que
explicó mu bien el porqué le decían
a mi padre que cantaba gachó. Decía que
en esa época los cantaores buenos que había,
pues cantaban con la voz muy ronca. Entonces Fernando
lo explicó muy bien eso de que él –Sernita-
cantaba con otro tono de voz y por eso no... Él
lo explicó mu bien.
Luisa: La gente hablaban.
La gente hablaban de eso: de su voz.
Fernando: Sí,
de que no era mu flamenca, mu gitana.
Luisa: Que no era mu
gitana. Pero ahora... ¿En la época de ahora
es gitana? Ahora todo el mundo está con él
y antes no estaban. Lo que es que había mucha envidia.
Fernando: Eso es.
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Luisa: Y como había
mucha envidia... No podían ponerse con él.
Él tenía una cosa en la garganta... (llora
Luisa con amargura)
Fernando: Un timbre
propio que, además, cuando cantaba en las fiestas,
pues los ponía a todos en su sitio. O sea, que
cuando él cantaba los demás tenían
que escuchar y decir que eso era así.
Luisa: Que digan lo
que digan y que digan lo que digan, y no es por que sea...
Curro: ... Que hacía
un cante y lo hacía grande; el que fuera. Esa es
la clave, porque en aquel tiempo había mucha envidia.
No querían que entrara en las fiestas porque descubría
a los demás cuando cantaba él. Así
que el principio de él fue mu duro, mu difícil.
Luisa: Y ahora todo
el mundo está con él...
Curro: ¿Qué
es lo que pasa? Que al cabo de treinta y cinco años
de que murió, pues ahora resulta de que canta mu
bien y de que es un monstruo.
DIJERON
Testificó José Romero Jiménez (Osuna,
Sevilla, 1936-Sevilla, 2000), pianista y compositor: “Yo
recuerdo, en mi época madrileña, que el
malogrado Sernita de Jerez –murió relativamente
joven-, gran especialista en los cantes de malagueñas
y de Levante además de los cantes genuinamente
‘gitanos’, me decía, lamentándose
de las gitanerías de Sevilla, Jerez y Cádiz,
que estas les acusara de cantar los cantes de los gachó.
Con toda razón me decía que lo importante
era cantar bien, es decir, con sentimiento y con conocimiento
de causa y que el sello de lo gitano se le podía
imprimir también a estos cantes: ¡Sensatas
declaraciones!”.
Tía
Anica, La Piriñaca (Ana Blanco Soto. Jerez,
1899-1987), le relató a José Luis Ortiz
Nuevo sus añejos recuerdos flamencos, su forma
de buscarse la vida al aguardo del señorito en
aquellas ventas jerezanas con sus compañeros habituales,
quienes la introdujeron en el sistema cuando más
necesitada estaba, y que no fueron otros que Tío
Borrico y Sernita: “El Serna tenía la voz
mu llena, mucho torrente, y cantaba bien (...), pero el
cante del Serna no dolía porque no cantaba flamenco,
ni por soleá, y lo hacía tó; por
bulerías cantaba algo mejor, se apegaba más
al cante por bulerías. Manuel Serna hacía
el cante por bulerías mejor que los otros cantes
que cantaba por seguiriya y por soleá y eso, por
bulerías era el uniquito cante que más puro
hacía...”.
Y RECTIFICARON
Tras el largo y gris espacio en que la jondura flamenca
de aquel hombre estuvo puesta en duda, hasta en su misma
tierra, se volverían las tornas. Mas en aquel momento
Sernita de Jerez, que tenía la voz limpia y clara,
practicaba un cante de exquisita afinación, modulando,
vocalizando..., en absoluto respondía al concepto
que se estilaba, y este es el quid de la cuestión.
Para muchos, ya lo han visto, Sernita no sonaba gitano,
cuando lo era en todo hasta los tuétanos. Pasado
el tiempo, insistimos, hubo cambio de parecer.
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El primero que nos habló en Jerez
abiertamente a favor de la grandeza del desaparecido cantaor
fue Tío Vicente, El Danés, padre de Diego
Carrasco. Y el propio Diego Carrasco, en 1978, le
dedicó una de las piezas de ‘Tomaketoma’,
su segundo álbum: ‘A mi tío El Cerna’.
El tiempo lo pone todo en su sitio y
la admiración por Sernita crece y se multiplica;
su figura se ha rescatado. Uno de los números de
mayor calado popular de El
Torta, las bulerías ‘Colores morenos’,
pertenecen al repertorio del, en otros tiempos, denostado
flamenco. Fernando Terremoto, hijo del inolvidable Terremoto
de Jerez, ha conseguido sus mayores logros reinterpretando
el legado de Sernita. Antes, Vicente
Soto Sordera, bebió de esa fuente y desde muy
joven se mostró como uno de los incondicionales
valedores del genio sernitero. Capullo y Aurora
Vargas adaptan por bulerías las legendarias
cabales de Manuel...
Si es una lástima que se haya
tardado tanto en resarcir al superlativo cantaor, mucho
más lo es el que la valoración, como en
tantas ocasiones, se produzca a toro pasado. Si desaprovechamos
la oportunidad de haber grabado un repertorio más
amplio del artista que perdimos demasiado pronto, le dejamos
para siempre con el avinagrado sabor de la incomprensión.
LAS ONDAS COGEN LA ONDA
Así se pronunciaba el locutor Juan Verdú
en directo en 1988, durante una entrevista que realizamos
Luis el Elegante en el programa Madrid Flamenco:
“...Una injusticia la que se ha hecho con el Serna.
Yo cuando era jovencillo y estaba ya metido en el flamenco,
‘creía que era de Albacete’. Ahora
resulta, ya, que es de Jerez. Ahora le han perdonado y
le han pasado a la lista de cantaores de Jerez. Pero ha
sido hace dos años. He estado hablando con cantaores
de Jerez, y con aficionados, y hablaban de todos menos
del Serna. Al Serna lo tenían desterrado”.
El Elegante proseguirá: “Sí, yo recuerdo
que el Serna era un hombre, naturalmente, mucho mayor
que yo. Yo era muy jovencito, muy jovencito cuando buscaba
la vida en Jerez con ellos –Borrico, Sordera, etcétera-.
Pero nosotros, todos nosotros, pues, El Borrico, El Troncho,
El Batato..., todos, todos los que habíamos le
teníamos al Serna la consideración que él
merecía por el respeto que él imponía
cuando cantaba. Porque era un cantaor majestuosamente
bueno. Era un cantaor sumamente ortodoxo. Pero no esa
ortodoxia fría, sino que él imprimía
a la vez de esa perfección a todos los cantes,
pues, un temperamento y un calor exquisito. Lo que sí
es cierto que su voz, tal vez, para algunos cantes no
era la más apropiada. Pero de ahí a... De
que él era un magnífico cantaor, ¡qué
duda cabe! Pero, bueno, era un hombre que se amoldó
con Gitanillo en El Duende; estuvo unos años ahí
cantando para bailar, y estuvo ahí en la sombra
indebidamente muchos años. Entonces, ahora, después
de muerto, es cuando al Serna se le empieza a reconocer
y a darle el sitio que él merecía en vida”.
... Era tu cante de polvito y de
arena,
de meloja y de albahaca perfumado.
Era tu campanilla y tu lengua
de cantaor litúrgico, presente, rescatado.
El verso lo escribió otro entrañable
jerezano que también se nos fue prematuramente,
Luis Pérez Palacios (Jerez de la Frontera, Cádiz,
1940-Madrid, 1997), quien así señalaba,
en el especial que el mismo espacio radiofónico
dedicó íntegramente a Sernita, las condiciones
de Manuel Fernández: “Pertenecía Sernita
a una generación anterior que tenía una
voz con todos los registros. En la época que le
tocó, sin embargo, había otra forma. Los
cantaores profundos, los cantaores grandes tenían
la voz afillá, con una condición mucho más
seca. Y el Sernita, conociendo el dramatismo de la forma
de cantar jerezana, tenía otros registros, más
emparentados con otros antiguos cantaores de Jerez como
el Niño
Gloria. ¡Tenía tantos registros! Los
adecuados para llevar los tercios a su sitio. Y lo sabía
todo. No fue reconocido porque parecía que su voz
no era lo suficientemente flamenca. ¡Un equívoco,
por supuesto! Yo creo que en eso estriba el hecho de que
El Serna no haya sido realmente entendido en su momento.
me decía el Tío Parrilla: “El Serna
era mejor que todos, que todos. Lo único, que dicen
los flamencos que no tenía la voz demasiado flamenca.
Pero no le hacía falta. ¡No le hacía
falta!”.
Ratificará de seguido las palabras
de Luis otro paisano de pro residente en los madriles
y cantaor de gusto al que llamamos Juanele de Jerez: “En
to lo que ha dicho Luis de lo que le pasaba al Serna en
Jerez, lleva mucha razón. Se decía que no
cantaba mu flamenco. Que yo no he estado de acuerdo nunca,
¿no? ¡Fíjate cómo cantaba por
seguiriyas! Eso que ha dejado por seguiriyas yo creo que
más flamenco ya no se puede hacer, ni con más
calidad. Y, después, era larguísimo. Era
una festero excepcional. Yo creo que dominaba todos los
palos. Hombre, como es natural, a algunas cosas le sacaba
más partido que a otras; como le ha pasado a todos
los cantaores siempre. ¡Tenía unos bajos
y afinaba de una manera!... Ese sí que hacía
verdadera música flamenca. Era un talento. ¡Hay
que ver lo fino que era! Era una maravilla”.
(...)
(*) Curro de Jerez, Manuela la Serna
y Fernando son hijos de Sernita, y Luisa Loreto su viuda
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