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FESTIVAL FLAMENCO SOLIDARIOS 2007. JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ, MARINA HEREDIA, DUQUENDE, ARCÁNGEL, ANTONIO EL PIPA...

Más que arte

S.C. Madrid, 19 y 20 de octubre de 2007

Festival Flamenco Solidarios 2007. Viernes, 19 de octubre: José Antonio Rodríguez, Marina Heredia, Duquende, Julián Estrada/ Sábado, 20 de octubre. Ramón el Portugués, Arcángel, Antonio el Pipa. Colegio Mayor San Juan Evangelista, Madrid (España). 22 horas


José Antonio Rodríguez (Foto Daniel Muñoz)

“Muchas veces estamos en nuestra burbuja y no nos damos cuenta de que hay otras causas por las que hacer música que la satisfacción personal”
José Antonio Rodríguez

“Si hoy el flamenco sirve de vehículo para llevar a cabo una acción tan buena, me siento orgullosísimo de pertenecer al flamenco”
Arcángel

Casi todo lo que había que decir, lo dijeron directamente con cante, toque y baile. Aunque José Antonio Rodríguez y Arcángel también quisieron refrendar su compromiso con unas cuantas palabras. Y hablaron por todos los artistas que, desinteresadamente, donaron su arte a los proyectos de la fundación Solidarios para el Desarrollo. Lo hicieron a lo largo de dos jornadas, en las que el cante ocupó el primer plano. Y ello a pesar de la baja de última hora de una de las estrellas del cartel, José Mercé.

El escenario del Colegio Mayor San Juan Evangelista ofreció cinco propuestas vocales diferentes. Aunque enmarcadas por guitarra y baile, abriendo y cerrando, respectivamente. La música de José Antonio Rodríguez fue la primera en sonar. El guitarrista cordobés condensó en tan sólo tres piezas, perfectamente escogidas, su personal y experta manera de entender el toque flamenco. Solo, primero dibujó libremente sobre la soleá. Con la segunda guitarra de Chico Gallardo y la percusión de Agustín Díaz, interpretó una pieza de su último disco ‘... en el tiempo’, sobre bulerías, sin que la dulzura impida el preciso ataque. Aquí, su grandeza compositiva. Y ‘Manhattan de la Frontera’, una joyita. El público vibró y brindó merecida ovación. Y entonces, el cante. Marina Heredia entra recibida por aplausos. Un tirititrán con braceo. Y por alegrías, combinando el calentamiento con los primeros arranques. Se decantó después por la soleá, un estilo en el que domina. Templó con cautela y acabó creciéndose. Con la ‘Balada del que nunca fue a Granada’, rindió homenaje a la amistad, a Alberti, a Lorca. A la guitarra de Bolita y los coros, se suma el violín. Ella de pie, con toda su belleza. Y, para rematar, sus tangos granadinos. Morunos, melosos, envolventes... y, a la postre, desgarrados.


Ramón el Portugués (Foto Daniel Muñoz)

Pasa así el testigo a Duquende, jaleado por un nutrido coro de adeptos. Un ay profundísimo los calla. Estremece su cante subterráneo. La enriquecedora guitarra de Chicuelo, arropa el jondo eco. La soleá. La piedra que pierde el centro. Por tangos, Camarón asoma... justo en este escenario donde cantó por última vez. Pero Duquende intenta despegarse, personalizando el repertorio de la fuente. Y así continúa en las bulerías, inspirado por las falsetas, jugando con los silencios, ralentizando, apretando. Para el cierre escoge unos fandangos. “Que llores por mi querer”. El broche lo puso Julián Estrada, en sustitución de José Mercé. Aquí no vale el estrellato, sino la generosidad.

 


Arcángel (Foto Daniel Muñoz)


Antonio el Pipa
(Foto Daniel Muñoz)

   

Dos opciones de cante, pero sin comparaciones, en la segunda jornada del festival. Ramón el Portugués -que reemplazó a El Pele en el cartel inicial- peleó. No está su garganta en las mejores condiciones, pero se empleó a fondo para aportar su granito de arena a la causa. Insuflándole oxígeno estuvieron sus hijos Paquete a la guitarra y Piraña al cajón. Mineras, soleá por bulerías, tangos y bulerías. El eco cavernoso, los puños prietos, las melodías marca de la casa, los versos dejándose resbalar, el pecho partiéndose... y las buenas intenciones. Del veterano maestro, al maestro joven.

Arcángel aportó al festival un recitalito redondo. Abrió boca con una tanda de martinetes. Sólo su eco, sólo el estremecimiento. A veces, su frecuencia satura el tímpano de los mortales. Letras que sentencian. Miguel Ángel Cortés sale a darle compaña... ora sonora, ora silenciosa. Y es que a veces tan sólo se escucha el pie del tocaor marcando contra el suelo. A la soleá por bulerías, le siguen los tangos. Un ‘aylerele’ y un ‘nonainoná’ acotan el cante. Por medio, mil y una virguerías vocales, más un creativo toma y daca entre cante y toque. Y los “tres puñales” que se apagan con efecto ‘fade out’ natural. La creatividad se desata en la sonanta de Cortés al principiar las alegrías. Así, el cante continúa por senderos que epatan a una audiencia que, además, quiere Huelva. Y el cantaor responde, haciendo que el público también se sienta orgulloso de que él pertenezca al flamenco. A Antonio el Pipa se le encomendó el fin de fiesta. Y, como tenía que ser, lo hizo por bulerías cien por cien jerezanas. Aunque primero se templó por soleá, vestido de rojo, a juego con Tía Juana. Ella le salía al centro del ruedo, a picarlo, a llamarlo. Y él le respondía, de cara, tras pasear con gallardía, tras visitar al respetable. Cambiaron rojo por negro para el cierre. Pitos, palmas, llamadas, remates, pataítas de pellizco. El resto lo puso el público, que con su asistencia contribuyó tanto como los artistas a colaborar con el objetivo benéfico de esta cita, ya más que consolidada en el calendario flamenco.

 
 
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