SUMA FLAMENCA 2008. PITINGO • ALICIA GIL • TONI EL PELAO & LA UCHI

Surtido de clausura

S.C. Madrid, 16 de junio de 2008

 

Toni el Pelao & La Uchi (Foto Daniel Muñoz)
   

Después de un mes espolvoreando flamenco por distintos municipios madrileños, el Festival Suma Flamenca 2008 fijó su residencia en el Círculo de Bellas Artes de la capital para clausurarse. El Salón de Columnas preparó para la ocasión un variado cartel que abarcaba del flamenco más tradicional a la fusión, pasando por la música de vanguardia. Ana Salazar le cantó a Edith Piaf, Pitingo se acercó a la música negra, Toni el Pelao invocó a sus ancestros, Cañizares hizo premoniciones guitarrísticas.

Pitingo fue un sonoro ejemplo de cómo hoy abordan los jóvenes flamencos eso de la fusión. Con el papel agotado desde hacía días, se presentó el cantaor, cantante y showman onubense en la suntuosa sala. La guitarra de Juan Carmona, los coros de las hermanas Bautista, tres cantantes de gospel venidos de Londres, bajo y percusiones arroparon al artista, que no se cortó un pelo en el escenario, un hábitat que cada día le es más propio. El momento más reseñable del concierto fue el prólogo, un mano a mano entre cantaor flamenco y cantante gospel, entre quejío y espiritualidad, en el espacio desnudo de la toná. Aún seguiría Pitingo un ratito más con el cante, aún siempre entreverándolo de giros soul. Aunque lo que removió a la audiencia e hizo temblar literalmente el suelo, fue el popurrí de ‘hits’ entre el flamenco, el soul y la ‘pitinguería’. Que si ‘Killing me softly’, que si ‘Yesterday’. Y golpe de efecto final con ‘New York’ sentado a pie de escena, con gafas de sol, baile de tirantes rojos... y furor entre el público, rendido ante tanta evidencia.


Alicia Gil (Foto Daniel Muñoz)
 
   

Mucho más comedida fue en su actuación Alicia Gil la noche del sábado. La sevillana combinó un repertorio clásico de cantes, queriéndose inspirar en referentes como La Paquera de Jerez o Juana la del Revuelo, con algunos cortes de su segundo disco ‘Cantaora de bareto’, acompañada de guitarras, teclado, palmas y cajón. Una actuación correcta pero parca en emoción. Todo lo contrario a lo que brindaron sobre el escenario la pareja formada por los veteranos bailaores Toni el Pelao y La Uchi, que supieron eclipsar el desorden reinante en el atrás, con un sentimiento abrumador. Y es que son muchos los años que ha tenido que esperar el público madrileño para poder ver en un teatro a Los Pelaos, bailaores de la historia... y de Madrid.

Tan sólo por lo sagrado que hay en el plantarse en la tabla de Toni ya merece la pena ser testigo de la estampa. Pero también están la farruca, el grito que le lanza al toro que para él es el baile, el trepidante juego de pies. Y, por supuesto, La Uchi, con una frescura y una sabiduría que saltó a chispazos de la tabla al patio de butacas, del que surgió una sentida (y en pie) ovación. La penúltima que se escucharía en la tercera edición de este festival que, ya asentado en la agenda cultural madrileña, se despidió con la mirada de Cañizares a la obra más emblemática de Isaac Albéniz, ‘Iberia’... pero flamenco.


Fin de fiesta de Pitingo (Foto Daniel Muñoz)

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