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FESTIVAL DE VERANO DEL TEATRO
REAL 2003. FLAMENCO
La casa del flamenco
Silvia Calado Olivo, junio de 2003
Fotos: © Javier del Real
Mayte + Belén: Mayte Martín y Belén Maya con
Juan Ramón Caro y José Luis Montón (guitarras), Olvido Lanza
(violín), Susana Medina y Ana Cali (palmas). Tierra y Fuego: Antonio
Canales y Manuela Carrasco con Enrique el Extremeño, Antonio Zúñiga,
El Gallo y Samara Amador (cante), Joaquín Amador, Daniel Méndez
y Miguel Iglesia (guitarras), Joselito Carrasco (percusión), Bobote (palmas
y baile). Flamenco Puro: Niña Pastori con José Carlos Gómez
(guitarra), Chaboli (percusión), Martín García (contrabajo),
Cuarteto de cuerdas Andrés Segovia. Teatro Real. Madrid (España),
del 16 al 18 de junio de 2003.
"Me hubiera gustado que todos los artistas que han pasado por este ciclo,
a los cuales tanto admiro, hubieran hecho juntos este fin de fiesta, hubiera sido
interesante, pero cada uno tiene sus compromisos". Niña
Pastori afrontó en solitario el honor de cerrar, al tiempo que su concierto,
el segundo ciclo que el Teatro Real de Madrid ha dedicado al flamenco. Lo hizo,
claro, por bulerías, acompañada de los músicos que la habían
inspirado en este recital que, como ella misma avisó, acometía con
la ilusión de "cantar flamenco, que es mi vida, es con lo que empecé
y lo que canto en mi casa, pero surgen otros caminos que también me encantan
y que han impedido que lo hiciera en público".

Niña Pastori
Y lo hizo... y ante una audiencia poco habitual para la superestrella del flamenco
pop, por edad y por estilo, o sea, mayor y de más... ¿alcurnia?
A ellos les brindó un recital adaptado con gusto al marco hasta en lo lumínico,
lo sonoro y lo escenográfico (incluido el vestuario a lo V&L), cambiando
los instrumentos eléctricos por los acústicos, ejercicio que propició
un primer y atinado intercambio de la cantante/ora con el Cuarteto de cuerdas
Andrés Segovia. Niña Pastori se presentó cantando por martinetes,
a palo seco. La voz cálida, sabiamente dosificada. "Y si nos es verdad...".
Contestada a la guitarra por su compadre José Carlos Gómez, quien
la entiende a la perfección, prosiguió, ya sentada -posición
que no cambió hasta la bulería final-, por Levante, por soleares,
por malagueñas... hasta usar las alegrías 'Sobre la arena' de su
álbum 'Cañaílla' como transición hacia su repertorio
más popero. Hasta ese momento ya había demostrado largamente que
iba por derecho en sus intenciones, exhibiendo conocimiento, facultades y esos
algos abstractos que pueden llamarse pellizco o jondura o... Sin romper del todo
este hilo e igualmente romántica en el mensaje, acometió canciones
de 'María' como 'De mil colores', los tangos 'Aire de molino', 'Válgame
Dios', 'Dime quién soy yo', entre las que roció unas bulerías
bailadas por un microbailaor sevillano de seis años, Diego Cortés,
que se templaba como los viejos, el 'Y sin embargo te quiero' de Rafael de León,
el 'Rosa María' de Camarón, ovacionado apenas en el esbozo, y esos
cantecitos por fandangos que, en su concierto de gira, suele regalar. El Teatro
Real estaba rendido a los pies de la niña isleña tras cerca de dos
horas de crescendo.
Diálogo de titanes
La noche anterior no hubo tal progresión. No hizo falta. Antonio
Canales y Manuela
Carrasco acometen 'Tierra y Fuego' con tal intensidad que la cima ya está
escalada en el primer segundo. Con un programa levemente modificado respecto al
estreno en el pasado Festival de Jerez, pensado para favorecer el inusitado diálogo
de titanes, ambas figuras del baile flamenco reincidieron en hacer entender lo
valioso del encuentro. Como toros salidos de chiqueros, vinieron a encontrarse
en el centro del ruedo, a la luz de una luna llena, por romances. Él bailaba
con violencia. Y ella lo toreaba con majestuosidad, como queriéndolo amansar.
Los pulmones de El
Extremeño hacían las veces de albero. Como una mulilla encarnada
en blanca musa, recogió a cuadrilla y astado. Ella, soberbia. Ella, mandando.
El coso queda libre para los discípulos aventajados de uno y otra. Vienen
por tangos Juan de Juan y Rafael de Carmen vestidos de corto, bailando en hombre,
con plenitud de facultades, sabrosos y frescos. Les cantan en clave extremeña
y en clave lebrijana. Otro paréntesis, esta vez cantaor, antes del próximo
encuentro, por malagueñas y cantes de serranías, despertando al
sereno. El taranto obró de nuevo el milagro. Sendas luces cenitales, sendas
sombras cruzadas. Allí estaban. Manuela vestida de turquesa y naranja alzando
los brazos en el aire detenido. Antonio buscándola con pies y manos. Ambos
componiendo la estampa de conquista, romance y ruptura... pero sin ñoñería
por mor de las personalidades en juego. El baile deriva a tangos. Cierre. Fundido
a blanco. Reaparecen Juan de Juan y Rafael de Carmen a retarse por alegrías,
un número para el lucimiento de ambos que resulta, en exceso prolongado
y un pelín tomado de acrobacia, si bien intensamente aplaudido. Para cuando
Samara Amador entra -siempre aturdiendo al público menos ducho por el fiel
parecido físico con su madre- esbozando la seguiriya a Antonio Canales,
recordando a Rafael Romero, la audiencia casi ha tenido bastante. Casi. El bailaor
trianero dictando sentencia es digno de contemplar, arrollador en escena, rotundo,
aún virtuoso, guste más o guste menos su personal manera de entender
la pata corporal del arte jondo. Haz y... envés. La bailaora, que repite
en el festival, también trae su seña de identidad: la soleá.
Poderosa en pose, en pies, en prestancia. Ordena al tiempo que se detenga: va
a alzar los brazos. La llama prende. El suelo la busca. Y ella se mece victoriosa.
Pase de pecho... Cuando la soleá tiende a aligerarse, Antonio Canales reaparece
para compartir la bulería final donde, por supuesto, había hueco
para la pataíta de Bobote. No hay bis. Los sentidos están colmados,
diríase que a rebosar.
Antonio Canales y Manuela Carrasco
Neoclasicismo
Si 'Tierra y Fuego' fue lo dionisiaco del ciclo, podría decirse que
'Mayte + Belén' fue lo apolíneo. Lejos de la exuberancia de aquel,
el montaje de la cantaora Mayte Martín y la bailaora Belén Maya
juega con la baza de la sencillez y el logro de maximizar lo mínimo. Esta
estrategia, también aplicada a 'Flamenco de cámara', montaje recientemente
estrenado en el Festival de Jerez, consiste, en la práctica, en huir de
todo barroquismo para presentar buen cante y buen baile, al natural. Respaldadas
por las guitarras de Juan Ramón Caro y José Luis Montón,
el violín de Olvido Lanza y dos palmas, todo ello acometido con justeza
y tiento, Mayte repasa el grueso del variado repertorio que conforma 'Querencia'.
Ello conlleva tirar de Antonio Chacón, de El Pena, de La Niña de
los Peines... Cante neoclásico, pues, con picos en la vidalita, la malagueña
y el martinete. Y Belén aprovecha tal lienzo para, entre neoclásica
y contemporánea, pintar con todo el cuerpo, con toda la inteligencia y
con toda la sensibilidad, un cuadro de belleza extrema. Si en la petenera, tan
límpida, tan íntima, atrapa en lo más profundo; si en la
tarara llama a lo epidérmico, tan postural, tan hermosa; en las cantiñas
-sin duda, el epicentro del espectáculo- alude a lo visceral, al disfrute
sensitivo que no entiende de límites, que llega a ser descarado y coqueto
y travieso y sensual y de una flamencura tan de antaño como de mañana,
por aquello de lo intemporal. Y el público lo sabe valorar... El Teatro
Real, que aquella primera noche no logró ni mucho menos llenar, se tomó
sus minutos para ovacionarla. Como respuesta, obtuvo bálsamo en forma de
cante del más primigenio y de una seguiriya con talante decreciente que
apaga el espectáculo con una de las pocas revers creativas jamás
oídas. Neoclasicismo contemporáneo.

Mayte Martín
Del flamenco al pop y vuelta. Diálogo de titanes. Neoclasicismo contemporáneo.
Un segundo ciclo se cierra. Un tercero podría empezar a abrirse... ¿quizás
también con hueco para alguna guitarra concertista? El flamenco, a la altura
de toda circunstancia, ha vuelto a mostrar sus mil y una caras con naturalidad,
con altura y sin complejos en el Teatro Real, el palacio de la ópera...
la casa del flamenco.
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