El Torta. Presentación
de ‘Momentos’. Colegio de Médicos de
Madrid
La intensidad
S.C. Madrid, 7 de noviembre de 2007
‘Momentos’. Juan Moneo
‘El Torta’: cante. Juan Manuel
Moneo: toque. Colegio de Médicos. Madrid, 7 de
noviembre de 2007. 21 horas
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El Torta (Foto Daniel
Muñoz) |
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Si hubiera que elegir una palabra para
describir la experiencia del cante de El
Torta, esa sería intensidad. No hay
quien retuerza así el cante, quien lo embista,
lo fracture, lo enfrente y lo rodee así, como por
impulsos. Y eso implica saltarse muchas normas y formalismos.
Así que el cantaor jerezano no deja, ni mucho menos,
indiferente. Aunque primero advierte: “Yo es que
soy imprevisible”. Y así lo es no sólo
para el público, sino para su guitarrista -al que
se le presenta cada tercio como un reto- y, quizás,
hasta para sí mismo.
El histórico paraninfo del Colegio
de Médicos de Madrid fue el marco para la presentación
de ‘Momentos’.
Un disco tocado por la crudeza del directo con el que
el artista vuelve después de casi quince años
de silencio discográfico. Planteó el concierto
en dos partes, dos concentrados de tensas interpretaciones
que separó por un prolongado intermedio. La primera,
con traje de chaqueta y corbata, contuvo tientos, alegrías,
soleá por bulerías y bulerías. Y
en este recorrido, hizo de su eco un caleidoscopio de
registros, de rítmicas, de sensaciones, de gestos,
de influencias y, sobre todo, de personalismos. Se siente
único. Es único.
La segunda parte -con camisa negra dejando
el pecho al descubierto- la comenzó por seguiriyas,
profundo, insondable. “El torero siempre quiere
sacarle un pase más al toro”, explicó.
Y la siguiente faena fue un personal homenaje a Luis
de la Pica, de quien admira su genialidad y diferencia.
Con la sintaxis del cante puesta al límite, resumió
las bulerías ‘Momentos solo’. Tal fue
el derroche de energía en esta embestida, que quedó
casi sin fuerzas para las dos tandas de cantes bulerías
con las que quiso rematar. Nadie mejor que él sabe
que ha de recuperar el tiempo perdido. Y a su favor tiene
nada menos que a un público deseoso de sufrir y
gozar el cante como él mismo lo sufre y lo goza,
con una autenticidad y un poder que está casi en
extinción. Viva el tortismo... que viva.

El Torta (Foto Daniel Muñoz)