FLAMENCO FESTIVAL USA 2007. ESPECIAL

Bulerías en Manhattan

Rosalía Gómez. Nueva York, febrero de 2007

Uno de los mayores placeres que proporciona asistir al Flamenco Festival USA es el de comprobar, noche tras noche, cómo algunos de los espacios escénicos más míticos de la historia del espectáculo, como el Carnegie Hall, el City Center o el Town Hall, se llenan de un público bullicioso que disfruta sin prejuicios y aplaude con fervor todo tipo de espectáculos flamencos. Y no es que este arte sea desconocido en la ciudad de Nueva York, o en otras ciudades de Estados Unidos, donde hace más de setenta años, el empresario de origen ruso Solomon Hurok ya hacía triunfar a La Argentinita o a Carmen Amaya, entre otros, ante millares de espectadores.

 

Paco de Lucía (Foto archivo Daniel Muñoz)
   

Pero aquellos tiempos pasaron y a Miguel Marín, el director de este floreciente festival, le ha costado siete años obtener frutos tan maduros como los que hemos podido observar este mes de febrero que acaba de terminar. Siete ediciones marcadas por el signo del riesgo y de una precariedad -la de no saber con qué medios y con qué apoyos contará la siguiente edición- que puede y debe dejar paso a la estabilidad económica y, con ella, a una mayor solidez.

Marín sabe que en Estados Unidos, donde trabajó durante unos años antes de iniciar esta aventura, es necesario jugar con las reglas que dictan sus afamados teatros que, como contrapartida, aportan su propia clientela. Espectadores fieles a los que, desde hace algunos años, se va añadiendo un público creciente del propio Festival, capaz de seguir con ilusión todos los eventos que éste le propone.

La presente edición del Flamenco Festival USA, la séptima como se ha dicho, ha ofrecido ocho variados espectáculos en cuatro teatros de Nueva York -los tres citados y el cómodo Skirball-, en dos de Boston y en el Lisner Auditorium de Washington DC, tres de los cuales han viajado a otros estados y a Canadá en lo que su director ha denominado Flamenco Festival On Tour.

La inauguración tuvo lugar el tres de febrero en el Town Hall con una glamourosa Estrella Morente que supo conquistar por completo a un auditorio que, al final de su recital, se le entregó sin ambages. A ésta le siguió Paco de Lucía, una baza siempre segura, como ha demostrado agotando las localidades de los diez conciertos realizados en el ámbito del Festival. En su actuación del Carnegie Hall, donde el de Algeciras dio un repaso a sus temas más conocidos hasta que el público lo obligó con sus aplausos a realizar varios bises, entre los no pudo faltar una de sus especiales versiones de la inmortal Entre dos aguas, congregó en sus dos mil ochocientas butacas a numerosos personajes de la música internacional así como a españoles tan queridos como los escritores Elvira Lindo y Antonio Muñoz Molina, quien acaba de dejar la dirección del prestigioso Instituto Cervantes de Nueva York.


Joaquín Grilo (Foto archivo Daniel Muñoz)
 
   

El día quince, junto con la nieve, llegó al City Center la Gala de la Bienal de Sevilla, junto con el director de la misma, Domingo González. Dedicada sin duda a los más jóvenes del panorama flamenco, ésta estuvo dividida en dos partes de las que la primera fue protagonizada por Manuel Liñán, Marco Flores y Olga Pericet, un trío que acostumbra a presentarse unido y que, por consiguiente, además de sus respectivos bailes en solitario -seguiriya, cantiñas y soleá- aportó una fresca y aplaudida coreografía conjunta y el mérito de contar entre sus músicos, como en otras ocasiones, con Antonia Jiménez, una de las pocas guitarristas andaluzas que están luchando por conseguir un lugar propio en una profesión hasta ahora dominada casi exclusivamente por los hombres. En la segunda parte, Marín reunió una terna de bailaores que, en su paso por la última edición de la Bienal de Sevilla, dejaron magníficos momentos de baile y que, en gran medida, representan tres grandes centros del flamenco andaluz como son Granada, Sevilla y Jerez. Curiosamente, fue la granadina Fuensanta la Moneta, la más joven, quien bailó por alegrías con bata de cola mientras la sevillana Isabel Bayón -triunfadora en la Bienal con su espectáculo La puerta abierta- se entregaba a una seguiriya sinuosa y llena de matices, envuelta en la voz potente de José Valencia, a la que había precedido un canto de trilla de la joven jerezana Carmen Grilo. El baile de Jerez, representado por Joaquín Grilo en una reposada y solemne soleá que, como era de esperar, terminó con las clásicas y trepidantes bulerías, puso fin a una larga velada que colmó, a juzgar por su respuesta, las expectativas del público asistente.

El día dieciséis llegó el espectáculo de Rafaela Carrasco, Una mirada del flamenco, una muestra de su flamenco altamente estilizado que no sólo fue admirada y aplaudida por el público adulto de la noche sino que, gracias a un ejemplar programa del Ayuntamiento de la ciudad de Nueva York en colaboración con el Festival, se presentó ante más de dos mil atentos escolares en una sesión matinal y algo reducida del espectáculo, tras recibir éstos en sus propios colegios la visita de seis pedagogas que los iniciaron en los misterios y los ritmos del arte flamenco.

 

Sara Baras (Foto archivo Daniel Muñoz)
   

Sara Baras con su último trabajo, Sabores, protagonista días antes de la gala privada que Turismo Andaluz suele organizar para los más importantes operadores turísticos de la zona, agotó también las localidades del City Center durante dos noches consecutivas, protagonizando en la segunda una de esas escenas inolvidables de colaboración entre artistas cuando el músico de rock Tim Rice subió al escenario e improvisó un excepcional dúo con la artista gaditana.

Los tres últimos espectáculos tuvieron lugar en el Teatro Skirball, un espacio agradable y con muy buena acústica situado en la conocida Washington Square, algo más pequeño que los anteriores, que recibió con el mismo cariño al guitarrista Gerardo Núñez y su quinteto (con unas estupendas pinceladas de baile de Carmen Cortés) y, a la noche siguiente, a El Pele (con la colaboración en el baile de Edu Lozano), que levantó auténticas pasiones en un concierto memorable que el cordobés hubo de terminar, tras varios bises, con su éxito de siempre Vengo del moro.

Finalmente, el día veinticuatro de febrero se ponía el broche de oro al Festival con el espectáculo Biznagas, ideado e interpretado por José Luis Ortiz Nuevo con la participación de casi una treintena de artistas, todos ellos malagueños y entre los que se encontraba la panda de verdiales de Santo Pita, a la que el teatro entero saludó con palmas a compás cuando, al final de la velada, ésta atravesó el patio de butacas con su música de violín y sus sombreros de colores.

Gustos personales aparte, y a juzgar por la respuesta masiva del público, no cabe duda de que el Flamenco Festival USA, que dio paso al también exitoso Flamenco Festival de Londres, no sólo ha constituido un éxito en sí mismo sino que abre nuevos caminos al desarrollo americano del arte flamenco. Nuevas vías que su director piensa ir explorando año tras año y que ya ha iniciado, por un lado, con una especie de festival off dentro del que se ha presentado este año, en el teatro Joyce de Nueva York, la compañía Metros que dirige Ramón Oller y su pieza Carmen, una pequeña obra maestra de la danza contemporánea que ha contado con el bailarín Cristian Lozano (que fuera miembro del Ballet Nacional de España) en el papel de Escamillo y, por otro, con una serie de actividades (conferencias, clases prácticas...) realizadas en colaboración con instituciones como el Instituto Cervantes de Nueva York o el Centro Juan Carlos I y entre las que se incluyó la presentación de la Bienal Málaga en Flamenco 2007 por parte de su director, José Luis Ortiz Nuevo.

 
 
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