|
Un nuevo tiempo flamenco
(Síntesis y consenso en la nueva sensibilidad)
Juan Vergillos. Sevilla, diciembre de 2002
1. Revolución instrumental
Nuestro tiempo flamenco, heredero del legado camaroniano y del de Paco de Lucía,
es una época básicamente manierista, barroca, en la que, en muchos
casos, se valora más el virtuosismo técnico que otros aspectos de
la expresión flamenca. Sin embargo, una serie de elementos nuevos nos hacen
pensar en una vuelta al clasicismo, motivada probablemente, y aunque parezca contradictorio,
por el forzoso diálogo que este arte debe llevar a cabo con otras formas
de cultura dominante, en especial de procedencia anglosajona como el jazz y el
pop. En este trabajo apuntaremos, a modo de tentativa profética, cuáles
serán a nuestro entender, cuáles son ya de hecho, los rasgos característicos
de esta vuelta al clasicismo que vendrá cuando el ambiente estético
flamenco se sature, como ya en parte lo está, del empacho hiperrítmico
barroco al que estamos asistiendo en las últimas décadas.

Israel Porrina, Piraña
(Foto: Daniel Muñoz)
|
|
| |
|
En primer lugar, creemos que el nuevo tiempo flamenco lo harán básicamente
los instrumentistas. El corpus estilístico del cante se encuentra definido
y no ha sufrido variaciones sustanciales desde hace cien años (en la década
de los veinte del siglo pasado se incorporó un último estilo al
flamenco, la colombiana). El instrumental es el campo que se presenta como un
camino por recorrer, partiendo de los estilos del cante, por supuesto, pues es
la base de este arte; y de los presupuestos de la guitarra de acompañamiento,
fundamento a su vez del toque solista, que es el último capítulo
de relevancia del flamenco, donde ya se muestra la enorme influencia que el jazz
va a tener, ha tenido de hecho, y el inicio de la revolución instrumental
que auguramos.
El nuevo tiempo flamenco lo están haciendo ya Gerardo Núñez
y, desde hace varios años, Rafael Riqueni. Pero van a adquirir un enorme
protagonismo otros instrumentos, considerados no hace mucho como ajenos al flamenco
y relegados hasta ahora a una función de acompañantes: el bajo eléctrico
y acústico, de la mano de Carles Benavent, Pablo Martín, Manolo
Nieto, Javier Colina...; la percusión de Tino di Geraldo, El Cepillo, El
Piraña, Luis Dulzaides...; el saxofón y la flauta de Jorge Pardo,
Perico Sambeat, Nacho Gil y otros; el violín de Bernardo Parrilla... Con
el aumento progresivo de la internacionalización de nuestro arte adquirirá
relevancia el lenguaje instrumental que es a su vez un lenguaje universal, desprovisto
de contenidos literarios y, en buena medida, de referencias locales. En este capítulo
será muy destacada la función de los teclistas: después de
la labor pionera de Arturo Pavón o José Romero hoy asistimos a la
primera cosecha artística de relevancia en este campo con Dorantes, con
su doble formación, clásica y flamenca, y Chano Domínguez
y Diego Amador, que integran en el flamenco procedimientos del jazz y del funk.
El lenguaje visual de la danza también ha alcanzado en los últimos
tiempos una enorme proyección, por su tendencia universalizadora.
| |
|
|
"El nuevo virtuosismo va a ser más íntimo, más
reposado, menos ostentoso, más contenido formalmente"
|
|
|
En esta caracterización ya está implícito otro factor
que marcará el nuevo tiempo flamenco: el dominio instrumental. El virtuosismo,
sí, pero no un virtuosismo exhibicionista de escalas interminables y rapidísimos
picados, como el de los años setenta a noventa. No un virtuosismo de sucesivos
e interminables zapateados, como aún hoy se ve a menudo en los escenarios.
El nuevo virtuosismo va a ser, ya lo es, más íntimo, más
reposado, menos ostentoso, más contenido formalmente, más volcado
hacia el interior: más hacia la experimentación armónica
y las modulaciones que hacia la melodía brillante, en los instrumentistas.
Así lo vemos en las improvisaciones colectivas y las armonías abiertas
al jazz de Gerardo Núñez, o en el Niño Josele que, incluso,
se ha atrevido a dar unos pasos más allá en esta dirección
fuera, no ya de la armonía flamenca al uso, sino de la armonía occidental
clásica, experimentando con los lenguajes del atonalismo. Un virtuosismo
que rompe el ritmo por dentro, que fragmenta el compás, que lo interioriza,
como en el caso de Vicente Amigo o Israel Galván, bailando en silencio
su ritmo interior. Un virtuosismo que no se queda sólo en el asombro del
gran público, sino que busca en otra dirección, hacia dentro del
artista.
Pero no se trata sólo de una preocupación técnica meramente
instrumental, sino que va más allá, alcanzando todos los niveles
de creación y producción artística: así la afinación,
descuidada hoy en buena parte en aras de otro factor técnico como el ritmo;
el fraseo, la dicción clara. El braceo, la expresión corporal completa,
y no sólo de pies. Y también el control del proceso de exposición
pública y de grabación. Los nuevos flamencos son, más que
en el pasado, además de grandes artistas, técnicos o ingenieros
de sonido, directores de escena. En este sentido, es el disco el campo más
recurrente de experimentación, pues muchos proyectos, por la utilización
de nuevas tecnologías, sólo se pueden llevar a cabo en este formato.

Gerardo Núñez, Israel Galván y Pablo Martín
(Foto: Daniel Muñoz)
Continúa
>>
|