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FLAMENCO.
VICENTE AMIGO. ‘UN MOMENTO EN EL SONIDO’. TEATRO
MOVISTAR, MADRID
La guitarra amable
S.C. Madrid, 14 de noviembre de 2005
‘Un momento en el sonido’. Vicente Amigo: guitarra.
José Manuel Hierro: segunda guitarra. Blas Córdoba:
cante. Patricio Cámara: percusión y voz. Paquito
González: percusiones. José María Cortina:
teclados. Antonio Ramos ‘Maca’: bajo eléctrico.
Teatro Movistar. Madrid (España), 14 de noviembre de
2005. 21 horas
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Vicente Amigo (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Japón, Francia, México, Finlandia... y al fin
España. Vicente Amigo viene ya con el rodaje hecho
para presentar ante el público de Madrid su último
disco ‘Un momento en el sonido’, pocos días
después de que hiciera lo propio en Barcelona. El lugar
elegido en la capital española fue el Teatro Movistar,
en un descanso del musical que copa la programación
de este espacio desde hace meses. Y, a tenor del llenazo,
el concierto –promovido por la Agencia Andaluza para
el Desarrollo del Flamenco (?)- era más que esperado.
El músico hizo aparición a solas con su guitarra.
Dibujó libremente los primeros acordes. Reflexivo,
libre, dulce. Dio paso, con invisibles costuras, a la soleá
‘Mezquita’. Música en busca de belleza,
que viene de atrás... y quiere avanzar. Por el camino
se topa con el compás a las palmas del grupo, a punto
de incorporarse para los fandangos. A coro cantan “el
mensaje que traen las palomas”, dejando asomar el quejío
roto de Blas Córdoba. En este punto, ya ha dejado el
guitarrista dichas sus intenciones: “Deseo que se lleven
un cacho de mi corazón... como si se lo llevan entero”.
El tocaor va dándose, con un sonido meloso y fluido
que embauca con facilidad. Bajo eléctrico, teclado,
percusiones... confluyen en amable tono ‘new age’
para emprender el viaje hacia la bulería ‘Campo
de la verdad’. Continúa el recital por los terrenos
del flamenco rítmico con los ‘Tangos del Arco
Bajo’. Pero, respecto a la grabación, el arreglo
de la banda en directo convierte en descafeinada la pieza,
un tono que se mantendrá más de lo deseable
a lo largo del concierto.
La farruca devuelve interés a la sonanta. ‘Silia
y el tiempo’ es una composición de búsqueda
y de crecimiento, un tránsito que requiere esfuerzo
por parte del oyente... lo cual es casi más de agradecer
que el flamenco ‘predigerido’. Vuelve el guitarrista
a quedarse solo. Cambia de nuevo su sonido para recogerse,
como al empezar, y acariciar la taranta que da título
al álbum, el quinto de su carrera. Lo mínimo
y la calma. Requiere la compañía del grupo para
la melancólica bulería acancionada ‘Rocamador’...
más acancionada que bulería. Y es que se echa
algo en falta el ataque, el pellizco, la flamencura.
La rumba ‘Demipatí’ logra caldear el ambiente,
justo cuando retorna el ‘romanticismo’ con ‘Bolero
a Marcos’, un tema dedicado a los toreros Finito de
Córdoba y José Tomás, “que me han
ayudado a tirar para delante, pues me miro en el espejo de
lo que hacen aunque no tenga nada que ver”. Saca adelante
el tema a pesar del estallido de un foco y, por momentos,
la sala se quedó con el sonido de monitores. El final
del concierto se anuncia con ‘Oriente mediterráneo’.
Primero, la broma: “Ustedes se merecen... que nos vayamos
ya a tomar unas cervezas”. Después, la cariñosa
reflexión: “Yo he intentado quedarme vacío,
ya recargaremos las pilas más adelante”. La pieza
confirma su entrega. Preciosos los recorridos de la guitarra,
la tensión, la complicidad. El público se queda
más que complacido, pero aún insatisfecho. La
ovación se devuelve con un bis que pone punto y final
a la puesta en escena del nuevo repertorio de música
de uno de los artistas que ocupa el podio de honor del flamenco
actual.
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