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VICENTE SOTO SORDERA.
PRESENTACIÓN DE ‘ESTAR ALEGRE’
Inyección de
vida
Silvia Calado. Madrid, 11 de enero de
2005
‘eStar Alegre’. Vicente
Soto Sordera: cante. José María Molero:
guitarra. Rafael Soto: segunda guitarra. Carlos Rodríguez:
teclado. José Soto Boy, Manuel Soto: cajón.
Manteca de Jerez, Enrique García Soto, Rafaela Soto,
José Manuel Soto: palmas y coros. Sala Galileo Galilei.
Madrid, 11 de enero de 2005. 22 horas.

Vicente Soto 'Sordera' en
la sala Galileo Galilei (Foto: Daniel Muñoz)
Un cante de fragua rompió el silencio de la sala.
Vicente Soto Sordera no puede obviar “los cantes matrices”,
esté lo alegre que esté. Y caminando de puntillas
sobre la soleá, cantó una bambera ya de camino
al repertorio del nuevo disco que venía a compartir
por primera vez en directo. La cadencia y la singular melodía
de este cante, que definió La Niña de los Peines,
encajó a la perfección con el poso, el peso
y el reposo de la voz del hijo de Sordera de Jerez. No fue,
además, el único homenaje que rindió
a las grandes maestras del cante, pues ‘eStar Alegre’
es, además de un terapéutico estado de ánimo
musical, una colección de tributos -o como dice el
cantaor, de “recuerdos”- a grandes figuras del
cante de mujer que ya forman parte de la historia.
Las alegrías ‘Pa’vestir santos’,
firmadas por el fiel escudero José María Molero,
iniciaron el repaso al nuevo álbum. Una composición
que llena el cante matices, de cambios con los que Vicente
Soto se va haciendo sobre la marcha. Se puso la sonrisa...
para no quitársela. Y menos desde el momento en el
que hizo entrada en escena “la trova de Santiago”,
es decir, toda la alineación de “sotos”
y “sorderas” de la siguiente generación.
Ya sea al cajón, a las palmas, a la guitarra o a los
coros, todos ellos prestaron un buen servicio, no sólo
por cualidades musicales, sino por contribución al
clima del disco. “¡Quiero que estéis como
el disco, alegres!”. Y público y tropa, obedecieron.
Lo cierto es que lo puso fácil con esa colección
de tangos y bulerías de tan flamenco y actual cuño
que ha confeccionado.

Vicente Soto 'Sordera' en la sala
Galileo Galilei (Foto: Daniel Muñoz)
Volvió a Pastora Pavón en los tangos ‘Pañí’,
palabra que en caló significa agua. El compás
y el soniquete brotan a borbotones, mientras lavan las lavanderas.
Inyección de buen rollo, acierto en el modo de meter
los coros, con tiento, dando compaña. La siguiente
homenajeada fue Adela
la Chaqueta, en las bulerías ‘Sale la luna’,
que tan atinadamente fueron elegidas para abrir el disco.
Interpreta el cante, pide silencios con un diestro gesto de
mano. Sólo el compás y su voz henchida, de sabia
rítmica. También un territorio recibe un recuerdo:
‘A Extremadura’. Tangos... al estilo de allí,
pero “a mi manera”. El clima del concierto se
mantiene estable, tan cálido, tan extrovertido. Vicente
Soto tiene la batuta del tempo y de la expresividad. Otra
cara de los tangos, la que marcó La Repompa de Málaga,
de quien se acuerda “con mucho cariño”.
‘No te lo vendo’ arranca con arreglo de piano
y comedido estribillo, con el cante denso y poderoso. El acompañamiento
da cuerpo, la situación está bajo control, el
cantaor se divierte. Y va entonces, y se acuerda de La
Perla de Cádiz, cuyos “duendes me llaman
y siempre los llevo presentes”. Ciertamente, le acompañan.
Salida tremenda de cantaor consecuente con su estirpe. Jerez
despliega toda su idiosincrasia flamenca. Y por ello, es inevitable
el fin de fiesta. Todos en pie... y un pasillito justo para
las vueltecitas por bulerías de rigor. Oda al estar
a gusto. Vicente Soto Sordera acaba despilfarrando alegría
cantándose y bailándose al compás que
le marca su cantera. Epílogo. Los dos fandangos finales
fueron el modo de agradecer la acogida de un disco con todos
los ingredientes para llegar a ese gran público demandante
de flamenco... vivo.
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