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VERANOS DE LA VILLA
DE MADRID 2005. EVA YERBABUENA
Atemporal
Silvia Calado. Madrid, 13 de julio de
2005
‘Eva’. Eva Yerbabuena: baile,
coreografía y dirección artística. Bailarines:
Mercedes de Córdoba, María Moreno, La Choni,
Luis Miguel González, Juan Manuel Zurano, Eduardo Guerrero.
Cante: Enrique Soto, Pepe de Pura, Jeromo Segura. Guitarra:
Paco Jarana, Manuel de la Luz. Percusión: Antonio Coronel.
Saxo-flauta: Ignacio Vidaechea. Música: Paco Jarana.
Vestuario: Jimena San Román. Iluminación: Raúl
Peroti. Zapatos:
Begoña Cervera. Veranos de la Villa 2005. Matadero
de Legazpi. Madrid (España), 13 de julio de 2005. 22
horas
Eva Yerbabuena (Foto: Daniel
Muñoz) |
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Ya han pasado siete años desde que Eva
Yerbabuena estrenara el espectáculo ‘Eva’
en la Bienal de Flamenco de Sevilla. Ocurrió antes
de obras conceptualmente más elaboradas como ‘5
mujeres 5’, ‘La voz del silencio’ y ‘A
cuatro voces’. Fue el preludio. Y aún hoy la
bailaora granadina recurre a este montaje atemporal para mostrar
la esencia de su baile, desprovisto de todo envoltorio.
‘Eva’ ha puesto en pie al público de Nueva
York y Tokyo, pero la batalla no era fácil en Madrid.
El escenario desmontable al aire libre, la escasa calidad
del sonido, el sofocante calor... dificultaron la comunicación
entre un lado y otro de la escena. Aún así,
la artista ofreció gozosos momentos de baile, de sensibilidad,
de profesión. Impresionante la granaína. Esta
vez la bailó vestida con una bata de cola rosa. Preciosa
la estampa. Se hizo un solo rayo de luz para alumbrar su desafío
a la gravedad. Ángulo de 45º... o menos. Silencio.
Las manos que comienzan a dibujar filigranas. Vuelo en parado.
El gesto traspuesto. La lentitud como arma. Alguien ha creído
ver a La
Argentina, con el torso casi en espiral, con la sonrisa
imbatible. El cante se turna, recolectando pellizquitos del
camino fandanguero que va del Sacromonte a Ronda. La bata
flota. La bailaora flota. ¿Por qué despertar
al sereno?
La soleá. La inició silenciando el movimiento,
dejándose empapar por el cante de Pepe de Pura. Le
da la salida con la letra: “El pasito que yo doy”.
La parsimonia ya significa tensión. Tiene que llegar,
tiene que llegar la embestida. Y ahí está, lanzando
sus brazos a derecha y a izquierda, girando contra las leyes
físicas, percutiendo con rabia al fin. Y todo ello
bailando al cante. Con el detalle de la cámara lenta
remata la faena ya rozando las bulerías. Y así,
sin estridencias, se marcha.
Ambos números van flanqueados por las coreografías
de grupo que interpretan los seis bailarines de la compañía.
Tras el prefacio libre de Eva dejándose mecer por el
sonido viejo que sale de una gramola, tras la ronda de tonás
de los tres cantaores al pie de escenario, la mitad masculina
del cuerpo de baile departe por alegrías. Solos. Tríos.
Pensada medida para un estilo que suele relegarse al fin de
fiesta. Las bailaoras entran en acción entre la granaína
y la soleá, pero no solas. Tres parejas mixtas entran
acelerando la seguiriya. De más a menos. Hasta detenerla.
La guitarra, la percusión, la flauta. La música
conduce, ambienta, alimenta. Marchamo ‘yerbabuena’
en las poses congeladas de brazos, la reiteración de
círculos, los cruces, las disociaciones, la compensación
entre la tierra y el aire. Eva los acompaña en el cierre
y los retira con un estremecedor lenguaje insonoro que anticipa
la soleá. El siguiente número coral es la guajira
de las tres bailaoras con batas de cola y abanicos. Bellos
los sones de Paco
Jarana, abstrayendo el modelo. Un refresco. Y ya por último
los tangos de todos con todos, abrochado por la parsimoniosa
vueltecita de Eva, a tempo ‘granaíno’.
Retorno al principio. ¿Ha sido un sueño? “Me
siento sola en el silencio y me traslado en el tiempo para
darme cuenta de algo que siempre me ha parecido incuestionable:
la atemporalidad del flamenco”.
revista@flamenco-world.com
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