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Camarón, su discografía
completa
por José Manuel Gamboa
1.
'Al verte las flores lloran' |
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"Aunque
no faltaron los críticos, el disco causó
sensación, sobre todo en los ambientes profesionales.
Los aficionados no terminaban de aceptar las novedosas
propuestas del dúo, que chocaban frontalmente
con los fundamentos del mairenismo imperante, pero se
había dado el primer paso y en verdad acabábamos
de descubrir a la gran figura que Camarón estaba
llamado a ser." |
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La historia, por buscar un
principio, comienza en 1968 cuando el guitarrista ceutí
Antonio Arenas, en su mejor momento, descubre en una sala
de fiestas madrileña, donde estaba actuando la Compañía
de Miguel de los Reyes, a un gitanillo rubio que cantaba acompañándose
él mismo a la guitarra. Pasados unos días coinciden
en Tulsa, un bar muy frecuentado por los flamencos que existía
enfrente del tablao Torres Bermejas, y Arenas le propone hacer
un disco. El joven Camarón de la Isla, que por ese
nombre era conocido, un tanto sorprendido le decía:
"¿Pero qué voy a cantar si sólo
sé cuatro o cinco cosas?". Finalmente, accede
a intervenir en una grabación junto a Turronero, Chato
de la Isla, Tomás de Huelva, la bailaora, sobrina de
Faíco y casada con Juan Villar, Gitana Arnadora, y
las guitarras de Manolo Heredia y el propio director artístico
Antonio Arenas. Se realizó en los estudios Regson del
barrio de Prosperidad y José deja impresionadas un
par de bulerías, unas soleares y alegrías con
Gitana Arnadora.
El empresario aseguraba que
aquello se iba a editar sólo en Alemania para Miller
International, sin embargo DIM record publica ese año
dos números de Camarón en un volumen titulado
"Flamencos. Grupo flamenco de Antonio Arenas". Se
trataba de unas "Bulerías gitanas" y las
"Alegrías de Cádiz" con Gitana Arnadora.
Ni que decir tiene que nadie vio un duro. El avispado negociante
se justificaba con aquello de que el flamenco no se rentabiliza.
(No se fíen cuando alguien les asegure que la frase
más famosa del flamenco es "Cuando canto a gusto
me sabe la boca a sangre". La más famosa y repetida
es la cantinela que dice "La cosa está cortita").
En la bulería quedaba
patente la inexperiencia de Camarón ante la puñetera
luz roja del estudio, que destempla al más pintado,
y así repite dos veces una misma letra (Compañera
no regañes). Ahí ha quedado para los restos
la muestra de la novatada. Vienen marcadas como "Bulerías
gitanas" y se basan en los estilos utreranos con algún
recuerdo a Caracol y Pastora. Respecto a las "Alegrías
de Cádiz" destacar la curiosidad que significa
poder escuchar a un Camarón con diecisiete años
cantando para bailar.
Aprovechando después
el auge que iba tomando la figura de Camarón, en 1970
DIM publica el resto de la producción -seguramente
para amortizar los elevados costos de la inversión-
en el disco "Flamenco. Grupo folklórico de Antonio
Arenas". Buen título, si señor. Tampoco
llegó a manos de los intérpretes dinero alguno,
aunque desde entonces todo ese material se ha seguido refritando
con distintas portadas en diferentes soportes musicales. Los
cantes a los que hacemos referencia son unas gaditanas "Soleares
del Puerto", mal acompañadas por jaleos y palmas
propios de un tablao que aquí sobran, y las "Bulerías
de Cádiz" que son, en realidad, aires de El Chozas
y Jerez.
Camarón se traslada
a Caracas en el grupo de Antonio Arenas y a su vuelta participa
en el "Festival Flamenco Gitano", con el que cada
temporada haría una gira de dos o tres meses por Europa
al lado de Paco de Lucía, Lebrijano, Cepero, María
Vargas, etc. Lo organizaban Lippmann y Rau, destacados empresarios
cuya labor más reconocida mundialmente la han llevado
a cabo en el terreno del blues. La actuación en Alemania
se grabó publicándose con el título de
"I Festival Flamenco Gitano", que a España
llega en 1981 bajo la denominación "Gran Festival
Flamenco" y recoge de Camarón unos vibrantes fandangos
de Antonio, El Rubio y El Gloria con la guitarra de Paco Cepero,
a la sazón su compañero habitual. Al realizarse
las tomas en directo -con un sonido impecable- podemos escuchar
la reacción del público que ya deja constancia
de la pasión que suscita el cantaor en los auditorios.
Estamos situados en 1969. La
luna no se convertiría en medio queso de bola como
soñaba Camarón en su fandango, pero el hombre
americano alcanzó a tocarla. Ese año venía
de América Sabicas para preparar un doble álbum
que él ha concebido y dirigido -escribe Antonio Murciano-
como una antología o pequeña historia del arte
flamenco, con cuatro insuperables solos de guitarra, y el
resto, acompañando con su habitual maestría
y serenidad una rica y variadísima suerte de cantes
(...) que de treinta años a esta parte no tenía
el mercado del disco flamenco ningún "long play"
donde figurara la guitarra de Sabicas como acompañante,
a la vieja usanza, de un tan amplio cuadro de cantaores. Y
Sabicas fue quien eligió a ese grupo donde, por supuesto,
estaba Camarón que le hablaría de su lunático
empeño, en los estilos de "El Rubio que con él
grabó", rotulados desafortunadamente "Entre
Valverde y Huelva" (1). Por bulerías remata una
serie donde cantan Juan Cantero y Manuel Soto, El Sordera.
En el colmo del absurdo la fiesta se anuncia en la carátula
como "Estilos variados de Manuel Soto". Sabicas,
que tenía mucha fuerza en la RCA (Radio Corporation
of América), firma en calidad de autor todos los números.
Hasta aquí el capítulo
de lo que podríamos llamar rarezas o curiosidades,
porque la verdadera revolución camaronera habría
de partir del encuentro con Paco de Lucía.
SAGITARIOS
José Monje consideraba
su primera grabación, la que hizo con Sabicas y en
algún momento manifestó su interés por
hacer algo con el Niño Ricardo, pero fue con un coetáneo
suyo, que aunaba en su guitarra el ejemplo de los dos viejos
maestros, con quien estaba llamado a innovar el flamenco:
Francisco Sánchez Gómez, Paco de Lucía.
Ambos sagitarios, artistas privilegiados, bien parecidos,
imaginativos, rompedores y gaditanos. De ellos partió
la revolución.
En 1969 Camarón ficha
con Polygram y sale al mercado su primer disco de larga duración
con la guitarra de Paco de Lucía, que ya pertenecía
a esa compañía. Aquel contaba dieciocho años,
éste veintiuno. Hay que resaltar que la editora los
presenta como pareja, apareciendo ambos en sendas fotos de
portada y contraportada y con letras igual tamaño:
"EL CAMARON DE LA ISLA con la colaboración especial
de PACO DE LUCIA". Por cierto, el autor de los retratos
artísticos es el inefable Pérez de León,
que aún nos reservará sorpresas en cuanto al
carácter kitsch de sus obras. En la imagen los vemos
al gusto del momento luciendo Paco unas discretas patillas
de hacha. Desconocemos el motivo por el cual no se ha respetado
la carátula original en las posteriores reediciones,
de las que hablaremos un poco más adelante. Vayamos
al contenido. La cara A se abría con los tangos extremeños
"Detrás del tuyo se va", que fueron precisamente
su primer éxito comercial, algo que al Camarón
de aquellas fechas no parecía quitarle el sueño
a juzgar por sus declaraciones a José María
Velázquez para el programa televisivo "Rito y
geografía del cante": Tiene éxito comercial
como han tenido muchas cosas que no valen nada... Hay muchos
discos por ahí que no valen nada y la gente se vuelve
loca con ellos. Sale un disco y les puede gustar una cosa,
porque les suena al oído, sin embargo hay otra cosa
que es muy buena, muy buena, y no la entienden, no saben catalogarla.
De los tangos comenta: Esto
lo hizo primeramente Juan Cantero y los gitanos de Badajoz
-y antes que todos Porrina-, El Portugués... Yo cogí
ese cante, lo hice a mi manera y pegó. Se vendieron
muchos discos y todo el mundo cantaba "a rin, tin, tin',
"a la bim, bom, bera', pero para mí eso no vale
nada.
Aparte de los tangos, obviando
la polémica, estamos ante un disco muy gaditano, por
sus intérpretes y estilos seleccionados (tientos, soleares,
alegrías, bulerías, seguiriyas), pero donde
se descubren las influencias de artistas que Camarón
ha conocido en Madrid, caso de los tangos, alguna bulería
con cadencias de Bambino o los fandangos de Antonio, El Rubio
(2). Yo salí de mi tierra cantando las bulerías,
los tangos, la soleá, la seguiriya... Pero viene uno
a Madrid y empieza uno a conocer más cosas y si tiene
afición y te gusta, pues tratas de aprenderlo. Velázquez,
en el papel de abogado del diablo, le replica con el infeliz
argumento provinciano: La gente dice que el Camarón
está perdiendo pureza por esto de estar en Madrid.
- No, no, no es eso. La pureza no se puede perder nunca cuando
uno la lleva dentro de verdad. La único es que veo
que la gente no comprende cómo canto. Mi manera de
sentir todavía la gente no la ha entendido. Entonces
yo no les echo cuenta. Yo voy a mi aire.
Completan el trabajo una bulería
por soleá, rematada con soleá, y los tarantos,
acompañados a ritmo como corresponde, siendo la primera
y última vez que así lo hagan. Hay que destacar
la variedad del repertorio, hasta diez cantes distintos, y
señalar por otra parte cierta precipitación
en algunos de ellos. Concretamente las alegrías y las
bulerías están muy aceleradas, debido a la juventud
y escasa experiencia de José en el mundillo de las
grabaciones.
Los textos y músicas
que figuraban como tradicionales, en futuras ediciones registrarán
algunos cambios, atribuyéndose los fandangos -uno de
los cuales muda el nombre por el que tenía en su disco
El Rubio- a Blas Vega, con o sin seudónimo, y los tangos
extremeños a F. Almagro y M. Villacañas que
los titulan «La espera». También se alterará
el orden de las caras, correspondiendo la A a la B y viceversa.
Para mayor confusión en la impresión actual
hay un error en la fecha de publicación que se adelanta
hasta 1973.
Aunque no faltaron los críticos,
el disco causó sensación, sobre todo en los
ambientes profesionales. Los aficionados no terminaban de
aceptar las novedosas propuestas del dúo, que chocaban
frontalmente con los fundamentos del mairenismo imperante,
pero se había dado el primer paso y en verdad acabábamos
de descubrir a la gran figura que Camarón estaba llamado
a ser. |