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CADA DIA CANTA MEJOR
9ª ENTREGA DE:
CAMARÓN, SU DISCOGRAFIA COMPLETA
por JOSE MANUEL GAMBOA RODRIGUEZ

La leyenda del tiempo

Tras un año de silencio, en 1979 regresa Camarón con una obra rompedora, ambiciosa y absolutamente grande. "La leyenda del tiempo" supuso un paso de gigante en la renovación del flamenco, tanto por venir de quien venía, que movía masas en pos suyo, como por la valentía de incluir instrumentaciones rockeras y jazzísticas. Sin embargo, aunque fue blanco de las críticas feroces de los inmovilistas, bien es cierto que en ningún momento se aparta un ápice del flamenco y su mundo. Por cierto, en la difuminada contraportada tenemos al Camarón toreando una vaquilla (nos referimos al vinilo; en el compacto se ha eliminado junto con la hoja de créditos: a mayor precio menores prestaciones).

De momento sorprendían varias cosas: el cambio de imagen del cantaor, que aparece con barba -que también se dejarán crecer sus prosélitos~; la reducción de su nombre artístico a Camarón, eliminando el "de la Isla"; la ausencia de Paco de Lucía, que suple con afortunada dignidad un joven llamado José Fernández Torres, Tomatito; el soporte literario, recogido de poetas como Federico García Lorca, Fernando Villalón u Omar Kayan; los compositores, entre los que se encuentra el proscrito Kiko Veneno, al que se hacía culpable del camino de perdición que tomaron los hermanos Raimundo y Rafael Amador (Pata Negra); y el productor, Ricardo Pachón, conocido por su actitud iconoclasta, que además es coautor de la mayoría de los temas.

"La leyenda del tiempo" es una trepidante bulería, donde se descubren melodías de la bambera y alguna antigua canción popular. Suenan palmas, se incorpora la guitarra y ¡atención!, el teclado de Marinelli y el bajo eléctrico de Manolo Rosas dan entrada a la batería de A. Rodríguez. Sobre este colchón de sonidos aparece Camarón cantando el estribillo, que va armonizado por una segunda voz femenina. Su garganta doliente nos habla en solitario del lorquiano sueño del tiempo, y tras el último estribillo el enigmático moog de M. Marinelll se pierde en la lejanía ¡Muy fuerte!. Continúa el "Romance del Amargo" sobre el compás de la bulería por soleá (8); más flamenco no se puede tocar ni cantar. Ha nacido una nueva pareja artistica: Camarón y Tomatito. Juntos interpretan también la bulería siguiente en "Homenaje a Federico", que componen Veneno y Pachón. Cuando parecen haber terminado, aflora el sonido de una batería; sin más acompañamiento, Camarón remata la bulería con dicha percusión ¡Herejía! A propósito el insurrecto le matizaba a Paco Espínola:

Hay que tenerle cariño y respeto al flamenco y por eso hay que estar muy "centraíto", porque es muy arriesgado meter, a lo mejor, una batería en una bulería. Meter un instrumento de esos es muy difícil. Yo me arriesgo mucho, pero es una responsabilidad ¡ahora, que nunca me he salido del flamenco!

Con Tomatito y el baile de Manolo Soler prosigue Camarón su recital, haciendo unas personales cantiñas de Pinini en "Mi niña se file a la mar". De música progresiva se puede hablar respecto al tratamiento musical con que se aborda "La Tarara"; lo que parece va a ser un taranto se va abriendo, abriendo hasta llegar a sonar una guitarra eléctrica en manos de Julio Roca y con él la batería de José Antonio Galicia, las percusiones de Rubén Dantas, el bajo de Rosas y el teclado de R.Marinelli... El rock gitano de Pata Negra encuentra aquí su precedente. Hay que señalar que la banda que electrifica el álbum es Alameda, aunque sus componentes sean anunciados individualmente. La cara B se inicia con una declaración de principios compuesta por un catalán muy fino, que responde por Kiko Veneno y que sabe decir muy bien las cosas en andaluz. Hablamos de ese "Volando voy" que resume toda una manera de entender la vida:

Volando voy,
volando vengo.

Por el camino
yo me entretengo.

Enamorao de la vida
aunque a veces duela...

Señoras y señores
sepan ustedes,
que la flor de la noche
es pa' quien la merece.

Porque a mi me va mucho
la marcha tropical,
y los cariños en la frontera,
me van.

Rumba sabrosona, condimentada por expertos como Pepe Ebano o Tito Duarte y la guitarra y bajo de Raimundo Amador, la flauta de Jorge Pardo, el bajo de M. Rosas y la guitarra eléctrica de J. Roca.

"Bahía de Cádiz" son unas alegrías que siguen punto por punto la estructura del baile, respetando el silencio y la escobilla. Tal vez por eso se han cantado tantas veces para bailar. Es, además, la primera ocasión en que se canta el silencio (donde el tono cambia de mayor a menor y el ritmo se detiene). El zapateado lo simula la batería. Bajo eléctrico, moog y, en primer plano, la guitarra de Tomatito, están igualmente presentes. En "Viejo mundo" Camarón vuelve a la bulería, con Tomatito y Raimundo a las guitarras y el bajo de Manolo Rosas. Los "Tangos de la sultana" entran al son de los pitos, sobre los que Tomatito interpreta una falseta basada en el estilo que cantará a renglón seguido José: los tangos de la Pirula que popularizó la Repompa de Málaga, que rematará con otros extremeños. Concluye esta "leyenda", que ya lo es, con la emocionante "Nana del caballo grande" que protagoniza casi en solitario el quejío de Camarón, apenas matizado por el sitar de Gualberto y el teclado de M. Marinelli, que ahora acunará su propio sueño.

Desde nuestro punto de vista, la significación de esta "Leyenda del tiempo" en la historia del flamenco es comparable a la del "Sgt. Pepper's lonely hearts club band" de los Beatles en la del rock.

 
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