Alentado
por Edgar Neville, director de la pelicula "Duende y misterio del flamenco", Antonio
crea para dicha cinta el baile del martinete.
Otras grandes figuras del ballet son: Mariemma, José Greco, Alejandro Vega,
Rafael de Córdoba, Manolo Vargas y María Rosa.
Con el tiempo, esta fórmula se desgasta y el ballet decae; los directores
carecen de nuevas ideas y las coreografías repetitivas. Por eso, los bailarines
posteriores buscan la evolución proponiendo unos conceptos más teatrales que antes;
el espectáculo no es sólo ya baile, sino gesto, color, luz, coloquio.
Las grandes figuras de esta nueva etapa de danza-teatro son Antonio Gades
(Bodas de Sangre, Carmen), Mario Maya (Camelamos naquerar, Ay, jondo, Amargo,
El amor brujo) y José Granero (Medea, La Petenera).
Ultimamente Cristina Hoyos se independizó del grupo de Antonio Gades y con
su propio espectáculo, desnudo de trama argumental, compone un montaje admirable
aplaudido en templos de la danza como la Opera de Paris.
El nacimiento de los tablaos, en la segunda década de los 50, propuso una
nueva escuela de cante, toque, baile, en la que se irían fogueando, a lo largo
de la década siguiente, todos los aspirantes a un puesto de relieve.
Dentro de los profesionales del baile que allí se formaron, unos tomarían
el camino de incorporarse a las compañías de danza existentes o formar la suya
propia. Otros, en cambio, alternarán el tablao con los nuevos escenarios propuestos
por la flamencología imperante: los festivales. Del tablao y los concursos, que
entonces estaban muy prestigiados, se llegaba a los festivales, donde, si bien
el baile quedaba relegado a un segundo lugar después del cante, los nuevos valores
se daban a conocer al gran público.
En aquellos últimos años 60 el flamenco pasaba por una etapa neoclásica, como
bien la definiera el crítico Agustin Gómez. Se valoraba lo clásico, el arte rancio
y se huía del barroquismo y la innovación. Mandaba Antonio Mairena, quien poseía
desde 1962 la "Llave de Oro del Cante" obtenida en Córdoba. En este contexto cabe
situar el ascenso de Matilde Coral a la cúspide del baile. Su aire antiguo y candencioso;
su estilo flamenco incontaminado; su estampa a imagen y semejanza de Pastora Imperio;
sus brazos redondeados y su mantón casaban a las mil maravillas con la época.
En Córdoba ganaría dos premios (1965/1968), la Cátedra de Flamencología de Jerez
le otorga en 1970 otro premio nacional y Sevilla acabará entregándole la "Llave
de Oro del Baile". El paralelismo Antonio Mairena-Matilde Coral quedaba institucionalizado
por la flamencología. Existían por entonces figuras como las de El Mimbre -hermano
de Matilde Coral-, El Farruco, Rosa Durán, Curro Vélez, Rafael El Negro, Carmen
Mora, Loli Flores, La Tati, Manolete, La Chana, Mariquilla, Trini España, Los
Pelaos, Merche Esmeralda, Manuela Vargas, Regla Ortega, Carmen Montiel y algunos
ya mencionados, unos recién llegados, otros rematando su carrera... pero habría
de llegar un ciclón: una sevillana nacida en 1958 poseedora de un baile arrogante,
furioso, temperamental.
El empuje y poderío de Manuela Carrasco rompió con todo. Desde su espaldarazo
definitivo en 1973, el baile en los festivales andaluces se llamaba Manuela. La
importancia de su gran figura quedó plasmada en el número de seguidoras con que
contó y cuenta. La fuerza de sus pies y el brío de sus movimientos asombraron
al personal que, en su mayoría, la nombraron dueña y señora de los escenarios.
Con Manuela nos situamos en la actualidad. Una actualidad esplendorosa donde
conviven artistas de la línea más "ortodoxa", Pepa Montes, Milagros Mengibar,
El Güito, El Mistela, Angelita Vargas, La Tolea, Meme Reina, Concha Calero, La
Toná, Juan Ramirez, Inmaculada Aguilar, Ana Parrilla, Blanca del Rey, Pepito Vargas
o Ana María Bueno, bien distintos entre sí, puesto que cada uno mantiene su personalidad,
con artistas más innovadores y arriesgados entre los que destacan Antonio Canales,
Javier Barón, Carmen Cortés o Javier Latorre.
El futuro del baile está con ellos asegurado y la historia se continúa en
Juana Amaya, Joaquín Grilo, María Pagés, La Yerbabuena, Beatriz Martín, Lalo Tejada,
Joaquín Cortés, María del Mar Berlanga, Isabel Bayón. Escasean, eso sí, las compañías
de danza a la vieja usanza donde tantos y tantos maestros actuales encontraron
su camino. Falta el apoyo coherente de la administración.
Se necesita una programación que siempre dé cabida al baile. De no mejorar
las cosas el baile seguirá subiendo, pero en avión, en busca del contrato salvador
en el Japón.