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El Forum de Fnac huele a realeza.
Y no es porque la pequeña sala de conciertos del hipermercado cultural
madrileño tenga alfombras rojas, ni dorados, ni lágrimas de cristal,
sino porque la trae consigo Carmen Linares... como la llevó al templo de
la ópera la noche del estreno de 'Un ramito de locura'. En esta peña
de diseño, donde los que no cabían se acoplaban por el suelo, la
cantaora jienense estaba preparada para dirigirse de tú a tú a un
público variopinto pero, sobre todo, joven... y que, por cierto, demostró
afición guardando cola alrededor del perímetro del edificio. El
repertorio escogido demostraba que sabía con qué toro lidiaba, de
ahí que brillara por asequible, inteligible y fresco: los tangos de Pepe
de Lucía, la 'Milonga del forastero' de Borges y la bulería
de Vainica Doble. Al abrigo de Gerardo Núñez trío, es decir,
el contrabajista Pablo Martín y el percusionista Cepillo, más el
guitarrista algecireño José Manuel León, la cantaora esbozó
su último disco con igual tino, calor y buen rollo que en el macroescenario
regio. Y no sin antes presentarlo, casi entre todos, con unas pocas palabras...
pocas pero justas. José Manuel Gamboa, productor del álbum, definió
el trabajo como "un disco de flamenco clásico pero con la locura de
la creación en el terreno de la armonía". Gerardo
Núñez, quien ha trabajado este aspecto musical, explicó
que aceptó la oferta de Carmen Linares porque, a diferencia de la 'Antología
de la Mujer en el Cante', en la que colaboró un nutrido elenco tocaor,
"tenía la posibilidad de investigar y de crear, podía dar mi
aportación musical de cómo entiendo la guitarra y el cante".
Tenía, además, el propósito de "acabar con el tópico
del acompañamiento y hacer que todos, cante y toque, fuéramos colaboradores".
Y también habló la cantaora: "Siempre tuve en mente hacer discos
con Gerardo porque se implica, porque cada uno aporta sus ideas y trabajamos como
una piña... han puesto su música a mi servicio, al servicio del
cante". Y a la piña le bastó un ratito para cerrarse, abrirse
y obrar de nuevo el milagro de una cordura que presume de lo contrario. Un bis
por bulerías de ello dejó constancia.
Texto:
Silvia Calado Olivo
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