LA ERÓTICA
DEL FLAMENCO
Galería Fotográfico
por Alberto Schommer
Nunca
hubiera pensado que introducirme en un mundo tan cerrado como el del Flamenco
podría resultarme tan difícil..., incluso agobiante. Desde hace
años tenía pensado realizar un trabajo que lo titulaba «La erótica
del flamenco» y que me apasionaba de una manera romántica. El título
gustaba y sugería, pero, una vez hecho el trabajo, me di cuenta que lo
erótico era en realidad amor. La erótica se convertía en
amor al flamenco en su comprensión real y profunda, y terminé por
llamar a esta obra sólo: Flamenco, que creo resume las esencias
de este mundo tan personal.
Mis
imágenes yo espero que lo digan todo o, por lo menos, mucho de este ritmo
profundo que se escapa por la boca en murmullos, por los dedos con sonidos mágicos
en la madera.... por los pies.
Cuando
una familia te admite en su círculo.... se toman unos finos o manzanillas
y se habla del sexo de los ángeles; surge espontáneamente la chispa
que enciende el duende que se convierte en una canción o en un baile. Y
es toda la familia la que participa.... se levanta, se adelanta y vibran sus pies,
gira su cuerpo, se sienta, y al poco rato es otro el que le sigue. Se canta con
amargura o alegría, desgarradamente, con pasión y hasta con violencia.
Porque es así el flamenco, un hecho de vida que se transforma en unas acciones
únicas.
Por
ello, este libro debe vibrar también en las secuencias del cante o del
baile. Es una mezcla de momentos, instantes que quedan convertidos en una imagen,
y otras veces, la cadencia del movimiento atrapado en décimas de segundo.
He
tenido que organizarlo de una forma muy variada, donde también hubiese
grandes imágenes de «reposo». Sería hermoso que esta forma singular
de vivir continúe; que los oasis que existen dentro del descampado de
la ciudad se conserven, y esta anarquía, este desgarro con que vemos desde
fuera el flamenco, sea un hecho de absoluta autenticidad. Me gustaría que
esta obra, elaborada con mucho amor y mucho esfuerzo, pueda ser un testimonio
auténtico de esta mágica realidad que se llama flamenco.
Alberto
Schommer