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ENTREVISTA
A JAVIER PUGA
Director Artístico del Festival de Mont-de-Marsan
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Javier
Puga es un granadino que vive en Sevilla desde los 17
años, cuando tuvo que trasladarse a esta ciudad
para cursar estudios universitarios. En la capital hispalense
tuvo oportunidad de conocer a otros jóvenes que
como él sentían una especial atracción
por el flamenco. Su afición por la guitarra lo
hizo entrar poco a poco en la Sevilla flamenca suburbana
de los años 60'. De esta manera fue conociendo
a muchas de las figuras de la época al frecuentar
los lugares en los que éstos se daban cita. Fruto
de la experiencia acumulada a lo largo de los años
ha sabido imprimir su personal manera de entender el
flamenco al Festival de Arte Flamenco de Mont-de-Marsan,
para que hoy tenga el reconocimiento y prestigio internacional
que tiene.
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¿Cómo
vive el flamenco?
En
realidad me siento un hombre del flamenco porque lo vivo desde
dentro. Probablemente, el hecho de que mi vida me condujese
por distintos derroteros hizo que comprendiese mucho mejor
el ambiente flamenco sevillano de los años 60'. No
entiendo otra manera de aproximarse al flamenco que la de
meterse hasta el fondo en su mundo y vivir las propias experiencias.
¿De
qué modo comienza su relación con el Festival
Flamenco en Mont-de-Marsan?
Cuando
conocí a los miembros de la organización ya
se había celebrado la primera edición, así
que mi relación con el festival comienza en otoño
de 1989. Por aquellas fechas aparece en Sevilla una señora
llamada Antonia Emmannuelli -gran aficionada al flamenco-
con la intención de encontrar a una persona con un
perfil determinado, para que hiciese de conexión entre
su equipo en Francia y el mundo del flamenco propiamente dicho.
Por aquella época, yo tenía muy buena relación
con la directora del Instituto Francés en Sevilla,
Dña. Elisabeth Burgos, así que me pone en contacto
con Antonia Emmannuelli para que cambiemos algunas impresiones.
De este modo, tras varias conversaciones nos damos cuenta
de que nuestras ideas conectan a la perfección y comenzamos
una estrecha relación de colaboración que aún
hoy perdura.
¿Cuál
fue su papel en aquellas primeras ediciones?
Bueno,
tras aquel contacto, me ofrezco a colaborar en la medida de
mis posibilidades. De este modo, se me encargó una
conferencia para la edición que se encontraban preparando.
Recuerdo que en aquella ocasión, además de dar
mi conferencia, actué como traductor del famosísimo
crítico Manuel Martín Martín en la conferencia
que también este dio. Desde aquel momento me sentí
tremendamente seducido por las posibilidades del festival
y me ofrecí a colaborar. Aquello me hizo vincularme
al festival y al equipo de organización como ayudante
técnico de producción. Durante varios años
estuve ejerciendo esa misión, hasta que con el paso
de los años la responsabilidad fue creciendo hasta
el punto de que el 100% de la programación era labor
mía.
¿Cuando
lo nombran Director Artístico del Festival?
En
1996. Dada la cantidad de misiones que un año tras
otro había ido acumulando, sugerí a las autoridades
del Conseil General des Landes que podría hacerme cargo
de la dirección artística. De hecho me estaba
encargando de realizarlas sin estar ocupando ese cargo, por
lo que aceptaron mi propuesta.
¿Cuál
es exactamente la misión del Director Artístico?
En
realidad no difiere mucho de lo que venía haciendo
hasta que me nombraron para el cargo. Es una misión
que llevo con mucho orgullo, que es muy dura pues requiere
un esfuerzo y una dedicación permanente. No sólo
se trata de saber que se debe programar en cada momento, sino
por qué. Siendo sincero he de decir que el criterio
de selección que sigo no es otro que el que me señala
mi propio gusto. Así es como he desarrollado mi misión
hasta hoy, desde Sevilla, aunque siempre manteniendo un contacto
permanente con el equipo de organización extraordinario
-formado por los funcionarios de la dirección cultural
del Conseil General des Landes-. Sé que tengo una responsabilidad
enorme, pero no me pesa porque también sé que
tengo un respaldo enorme desde el punto de vista humano y
de la infraestructura material que la ciudad y el departamento
aportan al festival cada año.
¿Qué
lugar cree que ocupa el Festival de Mont-de-Marsan dentro
del mundo del flamenco?
Cada
año, la primera semana de julio, el Festival de Arte
Flamenco de Mont-de-Marsan se ha convertido en la cita obligada
de todos los aficionados de Europa -incluidos los de España,
que cada año vienen en mayor número-. Creo que
hemos conseguido, poco a poco, un prestigio y una proyección
basada en el trato exquisito y meticuloso de todos y cada
uno de los detalles que conlleva la organización de
un festival de esta dimensión.
¿Qué
criterios de valoración sigue a la hora de montar,
cada año, la programación del festival?
Antes
de nada he de reconocer que con el transcurso de los años
me he ganado la confianza de la organización y el estamento
político hasta el punto de poder programar, sin ningún
miedo, lo que mis sentimientos y mi afición me indican
en cada momento. Nunca olvido la tradición, nunca olvido
Lebrija, Utrera, Jerez, Morón, Triana, lo auténtico,
lo antiguo. Pero tampoco soy una persona cerrada, por eso
quiero que todas las tendencias -por moderna que esta pudiera
ser- estén presentes en el festival. De hecho, creo
que eso es lo que nos ha dado el marchamo que tenemos actualmente.
¿Dónde
está, según Javier Puga, el secreto de Mont-de-Marsan?
Yo
creo que el secreto está en el trato personalizado
que reciben todos y cada uno de los artistas, periodistas
y técnicos que se desplazan cada año hasta nuestro
festival. Piensa que desde que se habla con ellos, hasta que
los subes al escenario y los devuelves a su casa, el seguimiento
y el trato que reciben es totalmente individualizado cariñosa
y afectivamente. Unas veces por mi y otras por el equipo que
me asiste. De ahí que haya tantos ratos de convivencia,
en comidas, cenas, tertulias, fiestas espontáneas,
que es lo que yo he buscado utópicamente durante todos
estos años. Eso es lo que yo consideraba que debía
ser un festival y creo que por primera vez este año
he conseguido hacerlo realidad, sin ningún tipo de
fisura.
¿Qué
momentos fuera del escenario recuerda con especial cariño?
La
verdad es que han sido muchos. Te podría decir sin
miedo a equivocarme que, las mejores fiestas flamencas que
he vivido en mi vida han ocurrido en Mont-de-Marsan. Por ponerte
un ejemplo, la cena de este año con La Paquera, La
Macanita, El Güito, Chicharito, Angelita Gómez,
María del Mar Moreno, Pepa de Benito. Mira que fue
cortita, no llegaría a los 45 minutos. Sin embargo,
¿quién es capaz de reunir a un grupo de artistas
como ese en un escenario? Es imposible, por eso la fiesta
tiene la magia que tiene. Pero volviendo al tema central de
la pregunta, recuerdo un año en el que Bernarda de
Utrera se pasó toda la noche cantando a saco, o el
año en que Rafael de Utrera terminó llorando
abrazado a Antonio Moya después de pasarse la noche
entera cantando.
¿Cómo
valoraría, ahora que todo ha pasado, la XIII edición
del festival?
En
realidad llevo varios años diciendo, esta ha sido la
mejor edición. El problema no es ese, el problema llega
cuando te planteas. ¿Qué hago ahora, para mejorar
esta edición? Llevo 4 o 5 años diciendo lo mismo,
así que he llegado al extremo de tener que dejar de
decirlo porque parece que nos estemos mirando al ombligo y
no quiero dar esa impresión. Sencillamente queremos
hacer buen flamenco y no me cabe la menor duda de que podemos
sentirnos satisfechos.
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