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Teatro
Lope De Vega. Sevilla.
Sábado 9 de Septiembre
Manolete
y el Güito

Manolete y El Güito
‘Sólo
flamenco’ es el título buscado para su espectáculo por Manolete
y El Güito, codo con codo, tacón con tacón
Rompe el baile
pausado de El Güito Manolete con sus correrías por el escenario. Era
la farruca, donde habían comenzado fotocopiándose, pero sería
el de Granada quien protagonizara su larga, matizada y característica farruca,
de toda la vida. Para el zapateado de cierre regresa El Güito, que haría
más tarde su soleá inveterada.
En este espectáculo
sobrio y morigerado (¿¡estreno!?), de negro, la sucesión de cuadros iba
mostrando cánones de baile ensayado, de pocas concesiones a la improvisación,
el gitanismo o las moderneces. Es el baile taciturno, es el clasicismo apesadumbrado
por las nuevas regeneraciones y por la solemnidad de sentirse en breve sexuagenario.

El Güito
Engrasando el espectáculo
de hora y media non stop, un cuerpo de cuatro y cuatro bailaores y bailaoras que
aliviaron desde la debla y seguiriya inicial, pasaron ellos por alegrías
con enfurecidos solos por bulerías, originales, los fandangos que extrañamente
firmaron juntos Paco de Lucía y Chick Corea en el disco ‘Zyryab’, y el
corto fin de fiesta. Cumplieron por sus lados tres cantaores, tres guitarristas
y una flauta.
La parte central
fue ocupada por sendos bailes con pareja femenina: Manolete con su hija Judea
Maya dejó una soleá más racial, y El Güito seguiriyas
estilizadas con Mari Paz Lucena, sin mirarse ni de soslayo; iban hacia el público
por la música, sin juego coreográfico. El respeto: Manolete se pasó
los años cincuenta bailando en las cuevas de Sacromonte y El Güito
ha sido maestro de generaciones madrileñas. Y mientras piensan que el baile
joven "no va a más", mientras piensan en su victimismo que "el
flamenco se nos va", se ven cada vez más solitarios en el escenario
oscuro.
Luis Clemente
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