Martes
19 de Septiembre.
Javier
Barón. Baile.
Teatro de La Maestranza.
BARONÍAS,
ESCUDERÍAS

El
anciano recorre lentamente el escenario y acaba sentándose en la silla
del rincón, desde donde lo observa todo. Ha dejado unas botas blancas de
baile en el suelo, ha dejado la idea de Vicente
Escudero. Las
recoge Javier Barón: limpio, triangulado, participando de su decálogo.
Elegancia y geometría sin transtornos emocionales en ese homenaje respetuoso
y algo distante que va desde Barón a Escudero.

Vicente
Escudero.
(1888-1980), si no fue un gran bailaor sí fue el único multidisciplinar,
aparte de unas de las personalidades más interesantes de este arte, relacionado
con Picasso, Miró, Buñuel, Man Ray… Usaba zapatos blancos.

El
bronce de los cantaores brilla tras el hierro: se sitúan detrás
de figuras forjadas que sirven de asiento a cuatro jóvenes bailaores. Poco
más que añadir sobre las tablas, tres bombillas y tres sillas. Comienza
David Lagos a pecho abierto por seguiriyas. ‘¡Baile de hierro! ¡baile de bronce!’
se cierra también por seguiriyas retorcidas por Segundo Falcón.
A
los guitarristas, José Quevedo "Bolita" y Javier Patino, se le
suma Faustino Núñez en la dirección musical.
Hay
bailaores que salen sentados y se levantan. Javier Barón sale caminando,
se sienta y se mesa los cabellos decorando el interiorismo danzaor, hasta que
un joven -Pedro Córdoba- baila una zambra de Sabicas
al estilo de un precoz Vicente del Sacromonte.
Las
alegrías
no llegan a cantarse, pero Barón taconea sin música durante diez
minutos y entra en la farruca simbolizando con este bloque su formación
artística. En el zapateado flotó el recuerdo, más que a las
botas blancas, a las docenas de botas negras biográficas que colgaban en
‘¡Sólo por arte!’ estrenado por el bailaor de Alcalá de Guadaira
(¡qué gusto por titular con exclamaciones su moderación!) en la
pasada Bienal.
Los
cuatro jóvenes bailaores representan la vanguardia de la soleá,
que Barón remata en su aceleramiento. En una pantalla sus dibujos se animan
con los ruidos de motores que él bailaba… detalle con el que también
le homenajeaba recientemente Israel
Galván.
Para
el final, el legado, la seguiriya acabada, la aportación de Vicente que
cumple ahora 60 años para el baile, en la que Javier integra su estilo,
sedoso, con sus cuatro replicándole, frufrú, también de cubismo
con algodones en un espectáculo que dura 57 minutos y se despide del todo
con un making off en pantalla.
Luis
Clemente
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